
Salud mental en RRSS: los peligros del autodiagnóstico y el mal uso de los términos clínicos
- La salud mental se ha convertida en una temática muy presente en las redes sociales, un fenómeno que presenta aspectos positivos, pero también diversos riesgos, como advierte la experta de VIU, Dra. Camila Parra Ortiz.
- Autodiagnósticos y un uso equivocado de términos clínicos, son dos de las principales problemáticas que generan informaciones poco rigurosas o falsas y divulgadores que buscan clicks y vender productos antes que ‘psicoeducar’.
- La Dra. Parra Ortiz detalla algunas de las claves para identificar una información de calidad y hacer un uso responsable de las redes sociales en temas de salud mental.
Aunque la importancia de la salud mental y todos los aspectos relacionados a ella está bien establecido desde hace décadas, su consolidación como un tema fundamental en el discurso público es más bien reciente, alcanzando cuotas de protagonismo sin precedentes a partir de la pandemia provocada por el Coronavirus.
Aunque esta popularización de la información y temas relacionados con la salud mental tiene muchísimos aspectos positivos, como, entre otros; la disminución (o casi desaparición) de estigmas en tornos a los trastornos mentales, una mayor comprensión de las distintas condiciones neuro divergentes o una mayor valoración de la importancia que tiene el trabajo de los profesionales de la salud de este ámbito; también tiene un reverso negativo: la proliferación de información de dudosa calidad o directamente falsa y la popularización de figuras, que sin tener los conocimientos ni las acreditaciones necesarias, se erigen como fuentes de conocimiento absoluto y ofrecen soluciones irreales para problemas muy reales.
El peligro del autodiagnóstico
Frente a este panorama, la experta de VIU, Dra. Camila Parra Ortiz, investigadora y docente en el Grado en Psicología y en el Máster en Psicología General Sanitaria de la Universidad, explica que uno de los problemas más habituales que produce este tipo de contenidos es el autodiagnóstico a partir de una información muy superficial, incompleta o incluso falsa. “El proceso que se sigue para llegar a un diagnóstico es complejo, toma tiempo y requiere del uso de diferentes herramientas (cuestionarios validados, recabar información, verificar síntomas, descartar otras posibles explicaciones) y, con toda esa información, se establece un diagnóstico. Pero no siempre es sencillo, a veces toma varias sesiones el poder llegar a uno”, señala.

La Dra. Camila Parra Ortiz
Además, indica que muchos trastornos comparten síntomas. “Por ejemplo, presentar desanimo no significa única y exclusivamente una depresión” y que a esto se suma que “los trastornos requieren de una serie de “requisitos” que tienen en cuenta, además de los síntomas, cosas como la duración, frecuencia e intensidad”, por lo que “presentar un síntoma de un diagnóstico no implica tener un trastorno, puede tratarse de algo subclínico”.
Por esas razones, expone, “autodiagnosticarse puede generar culpa, miedo, ansiedad, nostalgia, tristeza… incluso podría generar una auto-discriminación” y recuerda que el diagnóstico tiene como finalidad “saber lo que pasa y entender cómo actuar al respecto” y por ello “un diagnóstico sin una evaluación completa por profesionales no es un diagnóstico válido, y un diagnóstico sin un plan de tratamiento/intervención posterior, tampoco tiene mucho sentido”. Por lo tanto, resulta evidente que el diagnóstico es una tarea en que el criterio y experiencia profesional, aplicado a las particularidades de cada persona, es indispensable.
El mal uso de términos clínicos, el peso de las palabras y la importancia de su uso correcto
Otra de las problemáticas que surgen a partir de la proliferación sin control de información de mala calidad es el uso incorrecto o de forma coloquial de términos clínicos como autismo, ansiedad, bipolaridad o depresión, entre muchos otros. Al respecto, la Dra. Parra Ortiz señala que “En varias ocasiones, la terminología clínica se usa en el lenguaje cotidiano para hacer referencia a cosas distintas. Palabras como “crisis”, “demencia” o “hiperactivo” se usan en el día a día con un sentido complemente diferente al que tiene en el campo psicológico. Sin embargo, las personas no solemos tener clara esta diferencia”.
Por ello, enfatiza, no se debe desestimar “El impacto emocional, social y psicológico que puede tener el mal uso de los términos clínicos” ya que “puede generar problemas en la vida de la persona que los usa – sobre todo si se identifica con ellos. Usar con ligereza terminología clínica nos puede llevar a confundirnos, a sentirnos mal, a autodiagnosticarnos, a tomar decisiones desinformadas”.
Precisamente para evitar caer en estas conductas y prácticas perjudiciales, es importante saber identificar correctamente las fuentes fiables y cuando una información no es de calidad o directamente es falsa.

¿Cómo saber si la información es rigurosa y la fuente fiable?
A la hora de buscar y valorar información sobre salud mental en redes, la Dra. Parra Ortiz recomienda “en general, tomar la información con un poco de precaución. No se trata de una realidad absoluta y, seguramente, hay diferentes opiniones al respecto. Es información, nada más. Solo información disponible” también, señala, es buena idea “revisar las credenciales y trayectoria de la persona que divulga: qué estudios tiene, de dónde saca la información, se mantiene actualizado/a (y cómo). Hoy en día, con una búsqueda rápida en internet podemos conseguir esas respuestas”.
En este sentido, recalca la importancia de “revisar si la información tiene algún tipo de referencia científica- un artículo, un grupo de investigadores, un libro. A veces escuchamos o vemos posts que dicen “los psicólogos afirman que…” y a mí siempre me queda la duda: ¿qué psicólogos y dónde lo han comentado?”. Finalmente, sobre este tema, indica que “También recomendaría tener en consideración si suenan como verdades absolutas o soluciones rápidas a dificultades. En la psicología hay muchos matices, muchos “depende”, porque las personas, todas, somo únicas y completas- eso hace que nuestra mente sea también compleja”.
El papel de las redes en la divulgación de temas de salud mental
Sin embargo, no todo es negativo, señala la experta de VIU, quien destaca que “La salud mental es importante y hoy en día hay grandes divulgadores y divulgadoras profesionales al respecto”. Pero también advierte de que “lo que es importante recordar es que se trata únicamente de información, una información que necesita ser contextualizada, adaptada e individualizada a cada ser humano”.
Por ello, enfatiza que “Creo que el punto clave está en si se trata de compartir información (lo que nosotros llamamos psicoeducar: educar en psicología) o si se pretende vender, dar respuestas fáciles o aconsejar sin tener un contexto de información”.





