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Expertos VIU

Adultos mayores: ¿Cuándo y cómo adaptar los hogares?

 

Un hogar vivido termina entretejido con sus habitantes. Los recuerdos y vivencias que construyen nuestras historias, se confunden con las paredes que forman la estructura material de la casa, edificando un espacio que trasciende de lo físico para erigirse en un refugio - simbólico y literal - en que encontramos seguridad, independencia y libertad.

Por eso la noción de que nuestro hogar pueda sernos hostil nos afecta tanto, porque no ataca solo un lugar, sino que afecta a una parte más profunda de lo que somos y dónde somos.

En el caso de las personas mayores esta preocupación se entremezcla con un justificado miedo a la perdida de independencia, control y agencia sobre la propia vida que la vuelve especialmente dolorosa. Por ello, resulta indispensable entender qué medidas tomar y cómo tomarlas, para adaptar los hogares y evitar que estos alberguen peligros o riesgos para la vida diaria de los adultos mayores que los habitan.

Para entender cómo conseguir este objetivo, nos pusimos en contacto con el Dr. Joaquín Mateu Mollá, doctor en Psicología Clínica, director del Máster Oficial en Gerontología y ACP de VIU e Investigador Principal del Grupo de Investigación y Divulgación en Emociones, Adaptación y Salud (IDEAS) de VIU.

P ¿Cuáles son los riesgos más comunes dentro del hogar para esta población?

R: Pese a que nuestro hogar es un lugar en el que solemos sentirnos seguros, no debemos olvidar que alberga ciertos riesgos que deberemos tener siempre en consideración, muy en especial en estancias como el baño o la cocina. Si nos centramos particularmente en el caso de la persona mayor, las caídas conforman el accidente más habitual y peligroso, pues pueden tener implicaciones que afecten a su movilidad o que incluso comprometan su vida. Es por este motivo que el entorno debe alinearse con las condiciones del adulto mayor si padece una condición que precise adaptaciones extraordinarias. En tal sentido, lo elemental es minimizar la presencia de elementos inseguros; como alfombras sueltas o ubicadas en espacios donde dificulten el acceso o el tránsito, cables que crucen zonas de paso, iluminación escasa, suelos resbaladizos, escalones pobremente señalizados o instalaciones inadecuadas (bañeras en lugar de platos de ducha, por ejemplo).

Hay que tener en cuenta que no todas las personas mayores van a necesitar de manera sistemática las mismas medidas para adaptar su hogar, sino que estas tendrán que ser sensibles a las necesidades de cada una de ellas, facilitando que sus interacciones con el entorno se produzcan sin incidentes. Además de las ya referidas caídas; otros riesgos son las quemaduras (sobre todo en las cocinas), los problemas para utilizar dispositivos básicos (como cerraduras, grifos, interruptores, etc.) y los obstáculos físicos distribuidos innecesariamente en las habitaciones o pasillos. En el caso de limitaciones de movilidad o cognición, debemos ser especialmente cautos y minimizar el riesgo de desorientación (manteniendo los espacios ordenados y limpios).

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El Dr. Joaquín Mateu-Mollá en su despacho

El Dr. Joaquín Mateu

P: ¿Qué adaptaciones básicas pueden mejorar la seguridad y la calidad de vida en casa?

R: Existen algunas adaptaciones sencillas que pueden hacerse en casa, siempre y cuando se ajusten a necesidades reales de la persona mayor que la habita, minimizando de esta manera ceder al estereotipo de que todas requerirán de las mismas medidas en idéntico grado. Algunas solo precisarán discretos ajustes (por lo que la adaptación será rápida y económica), pero en otros casos deberemos recurrir a instalaciones de más complejidad (o incluso a obras).

Deben priorizarse en la medida de lo posible los cambios simples, poco invasivos y que impacten de una forma positiva sobre la calidad de vida. Los más importantes serían los siguientes: mejorar la iluminación (sobre todo en los pasillos, las escaleras, el baño o la entrada), reducir los obstáculos innecesarios (con énfasis en las zonas de paso), retirar las alfombras emplazadas en espacios sensibles (en especial si no están fijadas al suelo o si son resbaladizas), colocar barras de apoyo en el baño (que faciliten las transiciones, los cambios de posición y la entrada o salida), sustituir bañeras por duchas cuando haya opción, instalar suelos antideslizantes, ajustar la altura de los distintos elementos de uso habitual (lavabos, camas, sillas e interruptores) y señalar los bordes de los escalones o de cualquier otro desnivel.

P: ¿Qué señales indican que es momento de adaptar una vivienda?

R: Esta pregunta es esencial, pues muchas familias esperan durante demasiado tiempo y las adaptaciones acaban demorándose largamente, lo que hace que la persona mayor viva muchos años en un entorno incómodo y potencialmente peligroso. En definitiva: no debemos esperar a que suceda un accidente para pensar en este tipo de medidas, sino que hemos de considerarlas soluciones preventivas y aplicarlas cuando advirtamos que nuestro familiar se ve obligado a cambiar sus rutinas ante su situación física o mental.

Las señales que indican la necesidad de adaptar la vivienda pueden ser muy sutiles en algunas ocasiones, pero siempre aparecen con anterioridad a un accidente y deberemos permanecer atentos. Las más comunes son la dificultad para subir o bajar por escaleras, los pequeños tropiezos o la sensación de inseguridad durante los desplazamientos o las transiciones (pasar de la cama a una silla, por ejemplo), la necesidad de apoyarse sobre los muebles u otros elementos para deambular, los problemas para bañarse y/o vestirse, los olvidos potencialmente peligrosos (no recordar dónde están las llaves, dejar el fuego encendido en la cocina, no tomar la medicación a las horas prescritas por el facultativo, etc.), el miedo a caerse, la preferencia por no acceder a determinadas estancias por sus características físicas y el cansancio excesivo al concluir las tareas que forman parte de la vida cotidiana.

Si se introducen adaptaciones en el hogar con el tiempo suficiente es posible evitar que ocurran accidentes que impliquen lesiones graves o la aparición de miedos que limitarán la autonomía de la persona mayor. Asimismo, deben introducirse progresivamente, con sensibilidad a las necesidades emergentes, garantizando con ello que el espacio en que vive el adulto mayor siempre responda con acierto a su situación cambiante.

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Hombre en chaqueta azul de pie en el balcón - @mihaly_koles en Unsplas

P: ¿Qué errores cometen las familias al hacer estos cambios?

R: De entre todos los errores que las familias pueden cometer en este tipo de situaciones, el más destacable es el de interpretar las adaptaciones como una imposición, de manera que se ejecuten sin dialogar previamente con la persona mayor que habrá de utilizarlas. Se trata de una respuesta precipitada por una preocupación genuina por el bienestar de nuestro familiar, pero no debemos olvidar que en estos casos el consenso es elemental. De hecho, si se realizan cambios importantes sin comunicación previa; la persona mayor puede experimentar pérdida de control, rechazo a la adaptación y tristeza. Recordemos que, con total independencia de las circunstancias, debe seguir siendo protagonista de su propia vida.

Más allá de este error, que es de naturaleza transversal, existen otros que habremos de evitar en la medida de nuestras posibilidades. Los más destacables son la instauración demasiado abrupta de los cambios (en momentos en los que algunos de ellos no serían todavía necesarios), la promoción de ajustes que conviertan la casa en un espacio frío y medicalizado (eliminando por completo la calidez y la familiaridad propia de un hogar), la eliminación de objetos valiosos de manera irreflexiva (por tener un sustrato emocional y no representar una amenaza), la priorización de la comodidad de los cuidadores sobre el bienestar de la persona mayor, la sobrevaloración del papel de la tecnología para los cuidados (en especial cuando la persona mayor tiene dificultad para utilizarla de manera completa y eficiente) y la demora de las adaptaciones hasta el punto en que la situación sea grave o urgente.

P: ¿Qué papel juegan la tecnología y domótica en el cuidado de adultos mayores?

R: La tecnología puede ser una aliada fundamental en el hogar, pero siempre debe actuar al servicio de la persona mayor, y no al revés. Puede aportar seguridad de maneras muy sencillas mediante recursos domóticos como las luces automatizadas, los sensores de movimiento, las alarmas, los detectores de humo/gas, los recordatorios, el control de la temperatura o los sistemas de llamada en caso de emergencia; pero debemos asegurar que la persona los comprenda perfectamente y los pueda usar sin problema (puesto que en caso contrario tiende a ser una paradójica fuente de ansiedad e inquietud). Además, su uso no habrá de sustituir a la atención directa y humana (la cual es irremplazable), ni tampoco convertirse en un sistema de vigilancia que socave la libertad e intimidad de la persona mayor.