Selecciona tu país

El consumo de tabaco, alcohol y otras drogas constituye un problema prioritario en salud pública en los países desarrollados. Pero en los últimos años el consumo de cannabis en población adolescente y juvenil es un tema que preocupa especialmente a familias, educadores y responsables de distintas entidades y organismos que abordan la problemática de su consumo y sus consecuencias.

Entre las drogas ilegales, el cannabis es la substancia más ampliamente consumida en España y en la mayoría de los países europeos. Los últimos datos de prevalencia de consumo durante los últimos 12 meses entre estudiantes de Secundaria de 14 a 18 años que proporciona la encuesta ESTUDES se sitúan en un 28% en chicos y un 23% en chicas (PNSD, 2016). Habida cuenta de las evidencias científicas que avalan un posible aumento del riesgo de psicosis entre los consumidores habituales de cannabis, los riesgos del desarrollo de dependencia también perjudican a su rendimiento escolar y posiblemente incremente el riesgo de depresión (Hall, 2006). La tentación para padres y educadores es pensar que todos los jóvenes están en riesgo de desarrollar cualquiera de estas problemáticas a consecuencia del consumo de cannabis, ya que es difícil predecir quienes son más vulnerables, y en consecuencia actuar de manera alarmista y exagerada. Sin embargo, esta estrategia es de dudosa eficacia y puede reducir la credibilidad del mensaje al ser evidente la exageración del riesgo (Hall y Fischer, 2010). La educación sobre los riesgos del consumo de cannabis deben explicar los riesgos para la salud mental de la intoxicación habitual de alcohol y cannabis, definiendo los grupos de alto riesgo, es decir, aquellos con antecedentes familiares de psicosis y aquellos que han tenido malas experiencias con el cannabis (Hall y Fischer, 2010).

A continuación os facilitamos un enlace para el visionado de una ponencia de Nora Volkow, Directora del National Institute on Drug Abuse, respecto a los riesgos y daño que puede ocasionar en el cerebro de una persona el uso de marihuana.

[embed]https://www.youtube.com/watch?v=F1HlSKAPu3w[/embed]

En las últimas décadas hemos ido generando evidencia científica respecto de la eficacia y buenas prácticas en prevención y reducción del riesgo en el consumo de drogas. Si atendemos a las principales conclusiones obtenidas a través de diversas revisiones meta-analíticas sobre eficacia en prevención escolar del consumo de drogas (Büler y Kröger, 2006; Canning, Millward, Raj, y Warm, 2004; Hawsks, Scott y McBride, 2002; McGrath, Summall, McVeigh y Bellis, 2006; Rooney y Murray, 1996; Tobler y Stratton, 1997; White y Pitts, 1998), concretamente para el consumo de alcohol, tabaco y cannabis, podemos concretar que las características de las intervenciones más efectivas son:

  1. Se aplican en las fases de desarrollo apropiadas, especialmente cuando es más probable generar un impacto en el comportamiento, entre los 11 y 14 años.
  2. Se basan en un modelo teórico de cambio conductual.
  3. Se centran en una sola sustancia, ya que parecen ser más efectivos que los que abordan múltiples sustancias.
  4. Abordan la influencia social al consumo, desarrollando especialmente los componentes de presión de grupo y norma social
  5. Utilizan una metodología participativa entre los beneficiarios.
  6. En aquellos programas que se centran en el cannabis, deben dar información sobre el efecto de las sustancias y el daño asociado a su consumo, sugerir estrategias alternativas al consumo para conseguir la aprobación de los iguales, y reforzar las actitudes de abstinencia.
  7. Se presta atención a la calidad de la implementación.
  8. Incorporan sesiones de refuerzo una vez acabado el programa (por ejemplo, un año después).
  9. El éxito de las intervenciones aumenta si se ven reforzadas por acciones complementarias en la comunidad que refuercen los objetivos de la intervención.

En definitiva, las intervenciones más efectivas para la prevención del consumo de cannabis en adolescentes son aquellas que abordan la influencia social del consumo, utilizan metodologías participativas y reciben sesiones de refuerzo. En todo caso, es importante la calidad de la implementación y sesiones de refuerzo, así como la realización de una evaluación para poder valorar el impacto real de las intervenciones.

Por su parte, la primera medida de reducción del riesgo de dependencia al cannabis es informar a los usuarios de que el riesgo aumenta con el uso regular y es mayor cuando se consume a diario durante semanas o meses, al igual que sucede con el alcohol y el tabaco. La detección precoz y el consejo breve pueden adoptarse como intervención en centros de atención primaria, por ejemplo entre adultos jóvenes con problemas respiratorios o síntomas de ansiedad y depresión (Degenhardt, Hall y Lynskey, 2001); en los centros educativos, por ejemplo con jóvenes adolescentes que muestran déficit de atención, problemas de memoria, dificultades académicas y absentismo. Del mismo modo, las intervenciones breves pueden orientarse hacia los grupos de alto riesgo de consumo de cannabis, por ejemplo a través de los servicios de salud mental juvenil, los centros de medidas judiciales para jóvenes, y entre los estudiantes universitarios (Hall, Degenhardt y Patton, 2008).

En definitiva, entre los retos futuros está el ampliar nuestros conocimientos y el nivel de evidencia científica sobre lo que funciona y lo que no funciona en prevención para el consumo de cannabis. Sin embargo, otro de los retos es ir incorporando en el ámbito aplicado de la prevención lo que ya se ha demostrado que facilita la eficacia de las intervenciones, aunque en algunos casos requiera realizar ajustes ante las características y necesidades específicas de la población beneficiaria. Retos de futuro que se construyen en el presente.

 

Referencias:

Bühler A., Schröder E., y Silbereisen, R.K (2008). The role of life skills promotion in substance abuse prevention: a mediation analysis. Health Education Research, 23 (4), 621-632.

Canning, U., Millward, L., Raj, T. y Warm, D. (2004). Drug use prevention among young people: a review of reviews. London: Health Development Agency.

Degenhardt, L., Hall, W. D. and Lynskey, M. T. (2001), ‘The relationship between cannabis use, depression and anxiety among Australian adults: findings from the National Survey of Mental Health and Well-being’, Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology 36, pp. 219–27.

Hall, W. D. (2006), ‘The mental health risks of adolescent cannabis use’, PLoS Medicine 3, pp. 159–62.

Hall, W. D., Degenhardt, L. and Patton, G. C. (2008), ‘Cannabis abuse and dependence’, in Essau, C. A. (ed.), Adolescent addiction: epidemiology, treatment and assessment, Academic Press, London, pp. 117–48.

Hall, W., Fischer, B. (2010), Harm reduction policies for cannabis. On EMCDDA. Monographs. Harm reduction: evidence, impacts and challenges. European Monitoring Centre for Drug Adicction.

Hawks, D., Scott, K. y McBride, N. (2002). Prevention of Psychoactive Substance Use. A Selected Review of What Works in the Area of Prevention. Perth, Western Australia: National Drug Research Institute.

McGrath, Y., Sumnall, H., Edmonds, K., McVeigh, J. y Bellis, M. (2006). Review of grey literature on drug prevention among young people. London: National Institute for Health and Clinical Excellence.

Plan Nacional Sobre Drogas (2016). Encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias en España (ESTUDES). Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Perkins HW, Meilman PW, Leichliter JS, Cashin JR, Presley CA. (1999) Misperceptions of the norms for the frequency of alcohol and other drug use on college campuses. J Am Coll Health; 47: 243-246.

Rooney BL, Murray DM. (1996) A meta-analysis of smoking prevention programs after adjustement for errors in the unit of analysis. Health Education Quarterly; 23: 48-64.

Tobler NS, Stratton HH. (1997) Effectiveness of school-based drug prevention programas: a meta-analysis of the research. The Journal of primary prevention; 18: 71-128.

White D, Pitts M. (1998) Educating young people about drugs: a systematic review. Addiction; 93: 1475-1487.

 

Víctor J. Villanueva Blasco
Coordinador del Máster Universitario en Psicología General Sanitaria