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Son muchas las concepciones que se pueden establecer sobre el término educación según la finalidad y los propósitos que queramos otorgar a la misma. Entre estas posibilidades, cabe destacar la opción de ver a la misma como un proceso que dote de herramientas y mecanismos a las personas para que puedan enfrentar las diferentes problemáticas que les acontezcan en su realidad.

Como profesionales de la educación, somos los encargados de guiar en el camino del conocimiento a un sinfín de discentes que conformarán las sociedades del futuro. Ante este reto, cabe preguntarnos de manera continua sobre las posibles estrategias, metodologías, programas o propuestas que nos permitan alcanzar el éxito en esta aventura.

Y es en ese momento de reflexión, de autoanálisis, de razonamiento sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje, donde podemos comenzar a sentirnos huérfanos ante el nuevo paradigma educativo que se nos presenta en la etapa de secundaria y bachillerato: la pérdida de protagonismo de las humanidades.

En esta ocasión, nuestra atención se centrará en la disminución del tiempo escolar dedicado a realizarnos preguntas y a pensar de manera crítica. Platón dijo que "la libertad está en ser dueños de la propia vida". Sin embargo, la educación española nos resta horas de filosofía, la disciplina donde el ser humano se pregunta sobre el sentido de su vida, la materia de la reflexión por excelencia. De algún modo, vamos perdiendo el instrumento y/o medio para buscar esas respuestas que siguen esperando ser encontradas desde los albores de nuestra existencia.

Los que diseñan la educación dan prioridad a otros campos del conocimiento alejados de contenidos como los valores, las emociones, el pensamiento crítico o las habilidades sociales. No conseguimos que el modelo de escuela de la revolución industrial, cuando el fin del proceso educativo era casi exclusivamente la producción del trabajadores, pase a mejor vida. Por el contrario, quitamos tiempo a materias que nos hacen conectar más con el vínculo entre la realidad y nuestro ser. Según las nuevas propuestas curriculares, podemos reducir tiempo para debatir, intercambiar ideas, analizar, interpretar y razonar, pero de Descartes aprendí algo diferente: "pienso, luego existo". Nuestra capacidad de razonar y sentir es lo que nos diferencia principalmente del resto de especies y, de momento (a tenor de los avances científicos), también de las máquinas.

Ese espacio para las emociones y los sentimientos sigue sin formar parte del contenido explícito de nuestra educación. Queremos alumnos que evolucionen y alcancen un desarrollo integral que les permita una visión holística y no fragmentada del contexto global, pero no introducimos programas que les enseñen a controlar y gestionar sus emociones (pese a ser una finalidad educativa) dentro de un clima y cultura escolar positiva. El filósofo Spinoza nos enseñó que cada uno de nosotros "puede controlar sus pasiones y emociones si puede entender su naturaleza". La revolución de la educación del siglo XXI tiene que pasar por dar mayor protagonismo a las humanidades, siendo la filosofía una de las materias que nos permita poder compartir, intercambiar y aprender el significado y naturaleza del componente emocional del ser humano. Como sostuvo Aristóteles, "educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto".

Desde las leyes educativas, a los docentes nos proponen fortalecer los conocimientos de nuestros alumnos en campos instrumentales como son las matemáticas, el lenguaje o las ciencias (curiosamente, las disciplinas que son evaluadas en PISA), pero de Sócrates aprendí que "no puedo enseñar nada a nadie, solo puedo hacerles pensar". Como profesores no debemos darles las respuestas a preguntas que no se han cuestionado. Los contenidos que trabajamos en las distintas disciplinas nacieron porque un día, un ser humano se planteó una pregunta y no se detuvo hasta obtener una respuesta. Si no favorecemos en nuestros alumnos la curiosidad por el saber, solo les transmitiremos conocimientos que almacenarán a corto plazo. Y fue el propio Voltaire el que nos animó a "juzgar a un hombre por sus preguntas en lugar de por sus respuestas". Como docentes, debemos despertar en ellos la llama de la curiosidad y seguir avivándola, favoreciendo que los aprendizajes sean significativos porque los relacionan con la realidad y sus intereses. Hacerles pensar críticamente por sí mismos se convierte en el mayor éxito del proceso educativo.

Educar para ser libres conlleva enseñar a nuestros alumnos a pensar por si mismos, a tomar sus propias decisiones y a responsabilizarse de las consecuencias de las mismas. La razón debe ser el eje vertebral sobre el que construyamos nuestras respuestas (conformadas por nuestras experiencias y por los valores que definen nuestra identidad) ante la realidad y los problemas o circunstancia que se nos presenten. Jean Paul Sartre afirmó que "el hombre está condenado a ser libre" y para ello debemos tomar decisiones de manera personal, siendo preciso analizar, valorar y optar por aquellas elecciones que nos beneficien tanto a nivel individual como social. Un juicio crítico y una escala de valores que precisamos construir y desarrollar de manera integral, donde la filosofía nos permite acercarnos a las principales corrientes de pensamientos, a la ética y la moral, y a temas existenciales como son el sentido de la vida, la importancia del amor o la llegada de la muerte.

https://www.youtube.com/watch?v=SDmsVs-YzxA

En el vídeo, Adela Cortina nos dice que "la filosofía es una necesidad para cualquier sociedad que quiera ser medianamente culta y que quiera construir su vida de una manera razonable". Si educar es el arte de enseñar a vivir, al quitarnos la filosofía perdemos el espacio para preguntarnos qué es vivir, siendo autómatas de un sistema que no aboga porque pensemos por nosotros mismos.

Nos envían de nuevo a la caverna para que sigamos viendo las sombras proyectadas por el fuego y hacernos creer que esa es la realidad, mientras permanecemos encadenados. No obstante, ante nuestra libertad de cátedra como profesionales de la educación y como seres humanos libres que somos, os animo a defender nuestros derechos. Os invito a que nos quedemos fuera de la caverna para intercambiar ideas, reflexiones, debates y opiniones que hagan crecer nuestra perspectiva de la realidad y nos ayuden a entender qué es la vida. Luchemos por la filosofía.

 

Dr. Ernesto Colomo Magaña
Coordinador del Grado de Educación Infantil VIU. Profesor colaborar en el Máster Universitario en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas.