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La clave de la calidad de un material educativo NO es lograr el aprendizaje del alumno. Quizá esta afirmación te sorprenda pero en la práctica es así. Cualquier material, como este artículo, debe ir más allá. A estas alturas la finalidad no es aprender. No son los contenidos.

Para comenzar, ¿estás leyendo desde el ordenador? ¿De la Tablet PC o de tu teléfono móvil? No es cuestión de convencerte sobre la importancia que tienen los materiales educativos tecnológicos en la educación, sobre todo si eres estudiante de la VIU. Las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) forman parte de nuestras vidas, del contexto sociocultural actual. De hecho, los niños crecen en un mundo digital rodeado de cámaras, teclados electrónicos, tabletas, televisión, etc. Y desde las edades más tempranas, se familiarizan con Internet, las historias o los juegos on-line (el sonido, el movimiento y los colores).

Por tanto, ¿qué debemos evaluar?

Generalmente centramos la atención en la calidad del producto final observando las características a nivel de diseño pedagógico e instruccional: el entorno audiovisual, la estructura modular de la información y la disposición en pantallas, la tipografía, los colores o sus elementos multimedia. Y no solo el aspecto técnico y estético, sino también la accesibilidad, interoperabilidad y reusabilidad. Es decir, aspectos funcionales que facilitan el acceso al material, su uso e, incluso, poder modificarlo adaptándolo a nuestras necesidades.

Sin embargo, una buena evaluación analiza tanto los aspectos técnicos y de diseño y presentación de los materiales, como la capacidad para formar parte de un programa educativo. Debemos valorar en qué parte del diseño curricular encaja y cómo se asocia a unos contenidos y resultados de aprendizaje. Y es más, dentro de las etapas de infantil y primaria, qué valores, creencias y formas de expresión se trabajan. Por tanto, materiales que deben incluir hechos de la vida diaria del alumnado.

Un buen material educativo debe asegurar un proceso de enseñanza y aprendizaje que promueva la reflexión, la creación de conocimiento a partir de experiencias y conocimientos previos. Lo que importa no es qué se aprende, sino cómo se aprende y para qué. La finalidad educativa no es en qué unidad didáctica utilizo el material para motivar en el aula y, así, trabajar de forma diferente e "innovadora" los contenidos de siempre. La finalidad es la acción, que apliquen en otros contextos similares y reales los recursos aprendidos: saber hacer. Así lo vivo a diario como educador, y así lo transmito como profesor de Diseño, creación y evaluación de materiales didácticos en el Grado de Educación Infantil de la VIU cuando explico las rúbricas como herramientas de evaluación.

Eneko Martínez Goikolea @EnekoMtz
Profesor y consultor del Grado de Educación Infantil de la VIU