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La terapia conductual es una de las que más sólidamente ha resistido el paso del tiempo en el campo psicológico. Se ha reinventado, y por eso, llega hasta nuestros días con una espléndida salud.

La terapia conductual hace énfasis en el empleo de técnicas objetivas y validadas científicamente para estudiar e intervenir en los trastornos psicológicos.  Desde este enfoque se ve la conducta como resultado del aprendizaje, pero también de constructos cognitivos que la están determinando.

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¿Qué tipos de terapia conductual existen?

Se considera que, desde sus inicios, la terapia de conductual ha pasado por tres olas o generaciones. Estas son:

  • Primera ola de terapia conductual

La originaria, que llevó al surgimiento del movimiento conductista en la psicología en 1913. Se erigió en oposición a los métodos introspectivos que venían dominando la investigación psicológica hasta ese momento.

John B. Watson, que se considera padre del conductismo, planteaba que para hacer la psicología una verdadera ciencia, había que buscar un objeto de estudio que pudiera verse y medirse, igual que en las ciencias experimentales. Su objeto de estudio fue la conducta observable.

Watson también dio mucha importancia al ambiente como generador y mantenedor de las conductas, pero lo que pasaba en medio, entre un estímulo externo y una conducta observable—ese procesamiento interno—no se podía medir, por lo tanto, no era posible tomarlo en cuenta.

De esta primera ola surgieron terapias que aún se mantienen hasta nuestros días, como las terapias de exposición y la desensibilización sistemática.

  • Segunda ola de terapia conductual

Entre estímulo y conducta había algo más, había un ser humano consciente, con sus creencias, valores y formas de ver el mundo. La segunda ola, que surgió en la década del 60, llega hasta nuestros días como una de las corrientes más populares en psicología.

Conocida como Terapia Cognitivo Conductual, pone énfasis en que la conducta está causada por pensamientos que generan malestar e impiden la adaptación del individuo. De lo anterior se desprende que la intervención ya no esté orientada tanto a la conducta o el ambiente, sino a modificar esos pensamientos desadaptativos.

  • Tercera ola de terapia conductual

La tercera ola, más reciente y que convive con la segunda, corresponde a las llamadas terapias de tercera generación. Surgen como un intento de superar algunas de las limitaciones de la terapia cognitivo conductual, como la insuficiente justificación del éxito o fracaso de sus tratamientos.

La tercera ola hace más énfasis en el contexto y en el desarrollo integral del sujeto. Más allá de la solución de un problema concreto, los terapeutas de tercera generación buscan desarrollar en el individuo un cambio más permanente, que le permita un mejor ajuste social y psicológico.

Innovando con nuevas tecnologías en la terapia conductual

Los terapeutas conductuales siempre han sido muy abiertos a la experimentación y la inclusión de técnicas de otros campos, de ahí que la innovación con nuevas tecnologías no haya tardado en llegar. Entre los ejemplos más conocidos:

  • Uso de la realidad virtual: en especial para el tratamiento de trastornos de ansiedad como las fobias específicas. La realidad virtual se ha empleado para construir escenarios que permitan la aplicación de intervenciones basadas en exposición, una terapia clásica dentro del conductismo.
  • Terapias digitales online: ya hay terapias cognitivo conductuales para trastornos específicos que están automatizadas en la mayor parte del proceso. Puede parecer contraproducente en una ciencia tan humanista como la psicología, pero los adelantos actuales permiten la creación de softwares muy potentes con características como la monitorización en tiempo real de parámetros de actividad, la posibilidad de incluir elementos multimedia y la gamificación del proceso, que facilita la entrega de recompensas.
  • Digitalización de los autorregistros conductuales: este instrumento usado para profundizar en el conocimiento de la conducta, tradicionalmente realizado en lápiz y papel, ha pasado a poder hacerse a través de aplicaciones diseñadas con ese fin. Esta tecnología ha sido especialmente útil para la evaluación ecológica momentánea (EMA), que permite al evaluador solicitar un registro conductual en tiempo real.
  • Aplicaciones que permiten una conexión más directa y constante con el terapeuta: hay trastornos, como la adicción, en que la accesibilidad al terapeuta es clave en momentos de crisis. Se han creado aplicaciones, como pala-linq, que monitorizan varios parámetros de actividad de la persona y también facilitan la conexión con el terapeuta y con otros miembros de la red de apoyo del paciente.

Son solo algunos ejemplos de un campo con un amplio potencial de crecimiento, que seguramente veremos avanzar de forma sostenida en los próximos años.

 

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia