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La diferencia entre conciliación y mediación adquiere una gran importancia para los profesionales que desarrollan su trabajo en el aula, porque es un aspecto que puede llevarnos a la resolución de conflictos de una forma mucho más rápida y práctica. No tenerlo claro, por otra parte, puede provocar que no se resuelvan de fondo, o peor aún, existe la posibilidad que dichos conflictos, al contrario de mitigarse, comiencen a agravarse y desembocar en otro tipo de problemáticas que generen situaciones de mayor dificultad para una sana convivencia en el entorno escolar.

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Un ejemplo de esto, es que un manejo arbitrario, debido al desconocimiento de cada rol, puede llevarnos a creer que una solución mal planteada por el mediador, no sea tenida en cuenta de forma sincera y honesta por los participantes de este proceso. Otro ejemplo es que no tener clara esta diferencia de roles puede llevar a que conflictos que aparentemente tenían una resolución sencilla puedan llegar a extremos hasta de agresión física. Y estos casos son las últimas consecuencias que queremos manejar en un aula de clase.

¿Cuál es la diferencia entre conciliación y mediación?

Para muchas personas y hasta profesionales de los trabajos con equipos la diferencia entre conciliación y mediación no existe. Este es un gran error. Lo que debe quedar muy claro es que dependiendo del país esta diferencia puede ser mayor o menor. Por ejemplo, en Latinoamérica es común que se trace una línea divisoria mucho más radical. En la mayoría de países europeos esta diferencia puede ser menor, estos roles pueden tener mayor injerencia en los resultados de los acuerdos a los que se llegue.

Por un lado está la mediación, que es el tema que más nos interesa tener en cuenta en esta serie de artículos. Aquí, el personaje seleccionado para asumir esta posición, prácticamente es un facilitador de la comunicación, podrá intervenir hasta cierto punto, ayudará a darle un orden y ritmo al proceso, tomará nota de las posturas y argumentos, podrá opinar acerca de ellos sin tomar un partido, pero nunca deberá proponer las soluciones. En este caso la resolución del conflicto siempre tiene que ser propuesta por los involucrados en este.

Por otra parte, en la conciliación, la persona determinada como conciliador, además de intervenir de la forma que ya vimos, podrá tener una injerencia mayor en el proceso, al asumir un rol más activo, en el que estará en capacidad de proponer las opciones de resolución. Al realizar esta función los participantes de esta reunión decidirán si aceptan o no las opciones de pactos que les ofrece el conciliador.

Es probable que el proceso de conciliación no sea tan satisfactorio, ya que en este caso, al ser un tercero el encargado de aportar las condiciones y, en últimas, las opciones del pacto para la resolución del conflicto, es probable que se estén omitiendo algunos factores emocionales y personales que pueden ser cruciales para que estos acuerdos sean más efectivos. Además se corre el riesgo de interpretar estas opciones como soluciones parcializadas o que estén encaminadas a beneficiar o perjudicar a una de las partes presentes en el conflicto.

A esta forma de llegar a un acuerdo se le llama autocompositiva, es decir, que la solución debe recaer en última instancia sobre las mismas partes. También existe la heterocompositiva, en esta es un tercero el encargado de determinar en su totalidad las opciones de acuerdos; aquí contamos con la figura del arbitraje. Si quieres profundizar en este tema puedes ampliar la información aquí

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Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia