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El siglo XX se podría considerar como el siglo de la infancia, siendo un buen testimonio del carácter reciente de los mecanismos de protección el repetidamente citado caso de Mary Ellen en 1874: una trabajadora de la caridad alertada por los vecinos tuvo conocimiento del caso de una niña nacida en 1866 (Mary Ellen), que sufría malos tratos por parte de sus padres que la tenían encadenada, golpeada y desnutrida. La policía se negó a intervenir ya que no había ninguna ley que considerara delito el maltrato infantil. Finalmente, gracias a la intervención de Henry Berg, el asunto fue llevado a juicio: la niña fue enviada a un orfanato y la madre pasó un año en prisión. Henry Berg había fundado unos años antes la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales.

Hubo que esperar casi un siglo para que en los años 60 se comenzara a desarrollar investigaciones sobre el maltrato infantil, sus consecuencias, su etiología, su prevención, etc. y se tratara el maltrato infantil como un problema social.

La mayoría de los niños que padecen malos tratos los sufren en su propia familia de origen, siendo por tanto desconocida la incidencia real del maltrato que sufren los menores por su difícil detección. En España, los estudios realizados indican una incidencia de maltrato infantil en torno al 2%; el maltrato infantil detectado está entre un 10% y un 20% de los casos existentes, señalando que el tipo más frecuente de maltrato infantil en España es la negligencia, siguiendo por orden de importancia el maltrato emocional y el maltrato físico.

El maltrato infantil no es un fenómeno simple, sino un problema muy complejo, que necesita que se interrelacionen factores individuales, familiares y socio-culturales para que suceda. Podría decirse que el fenómeno del maltrato sería la expresión de una disfunción en el sistema padres-niños-ambiente.

Hay factores de riesgo que puede vivir una  familia (falta de habilidades de crianza, haber sido objeto de abuso o negligencia en su infancia, déficit de estrategias para resolver los problemas, desempleo, poca tolerancia al estrés, etc.) que aumentan la probabilidad de que ocurran episodios de maltrato, pero la existencia de dichos factores no implica que automáticamente se vaya a producir, ya que sus efectos son diferentes en cada familia según los factores compensadores de que dispongan (recursos y factores amortiguadores como apoyos sociales, habilidades interpersonales adecuadas, normas culturales opuestas al uso de la violencia,…).

El sistema de protección de menores interviene cuando se produce una situación de riesgo (existe un perjuicio para el menor que no alcanza la gravedad suficiente para justificar su separación del núcleo familiar) o desamparo (la gravedad de los hechos aconseja la salida del niño/a de su familia). La valoración del nivel de gravedad y probabilidad de que la situación de maltrato se repita es la que hace que se valore de una forma o de otra.

En el siguiente cuadro podemos ver qué medidas se deben tomar y quién asume la guarda del menor en estas situaciones.

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Para que el sistema de protección del menor sea eficaz es básico que exista una buena coordinación entre las áreas que están en contacto con los menores y las familias: el área de servicios sociales, el área de educación, el área sanitaria y el área de justicia (policía). Si se realiza un trabajo de detección, notificación, investigación e intervención coordinado, tenemos muchas posibilidades de realizar un reconocimiento temprano de las dificultades, lo que puede ayudar considerablemente a las familias, y sobre todo a los niños, evitándose así la aparición de problemas secundarios y más graves.

No hay que olvidar que las relaciones familiares van a determinar la posterior orientación social de sus miembros. Si esa orientación es negativa, si se produce un rechazo hacia la sociedad o se dan sentimientos de marginación, la persona va ser más vulnerable y por tanto va a sufrir un pobre ajuste psicosocial. Si por el contrario, se da una orientación social positiva, con una mayor implicación en el contexto social, se promoverá un acceso adecuado a los recursos sociales, disminuyendo su vulnerabilidad y favoreciendo el bienestar bio-psicosocial.

El siguiente video ilustra gráficamente cómo los padres actúan como modelos de sus hijos de forma consciente o inconsciente: “Los niños ven, los niños hacen”

https://www.youtube.com/watch?v=SoC8wM9p-3k

 

María Teresa Mitjans Lafont

Profesora colaboradora del Máster Universitario en Prevención e Intervención Psicológica en Problemas de Conducta en la Escuela.

Técnico Medio en Menores. Conselleria de igualdad y Políticas Inclusivas. Generalitat Valenciana.