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Nuestro aprendizaje y desarrollo depende del conjunto de experiencias vitales que viviremos y que nos van a configurar como personas. A lo largo de las mismas, adquiriremos conocimientos, creencias, valores o sentimientos que serán articulados mediante un proceso eminentemente social: la educación. Como ya sabemos, la educación va mucho más allá del entorno escolar. A lo largo del Siglo XX, la UNESCO puso en evidencia la importancia de la Educación no formal en la mejora de la calidad de vida. Siguiendo su conceptualización, la Educación no formal es “toda actividad organizada, sistemática, educativa, realizada fuera del marco del sistema oficial, para facilitar determinadas clases de aprendizajes a subgrupos particulares de la población, tanto adultos como niños” (Coombs y Ahmed, 1974). Sin duda alguna, en la infancia y adolescencia, el principal ámbito de referencia de la Educación no formal son las actividades de ocio y tiempo libre llevadas a cabo en instituciones comunitarias o asociaciones. Pueden abarcar áreas tan diversas como el deporte, el excursionismo, las visitas culturales, la expresión artística, los juegos, etc. Pero, sea cual sea la actividad, algo que debe primar en su selección por parte de las familias es asegurarse que facilite el desarrollo integral de la persona a través de la educación en valores, actitudes y conductas. Es decir, han de comprobar que trabajan desde la Pedagogía del Tiempo libre en aspectos tales como:

  • El desarrollo moral, favoreciendo la coherencia entre lo que se hace y se piensa.
  • El autoconocimiento como base de mejora personal.
  • La confianza en sí mismo y en los demás.
  • La escucha activa, el autocontrol emocional y el reconocimiento de emociones.
  • La adquisición de hábitos sanos de salud en áreas como el deporte, la alimentación o la higiene personal.
  • El desarrollo de la creatividad a partir de pensamientos constructivos y abiertos.
  • El desarrollo del análisis de la realidad, la toma de decisiones, la puesta en práctica de soluciones y la disposición para asumir riesgos.
  • La comprensión y aceptación del grupo.
  • La superación de prejuicios y valoración de perspectivas diferentes.
  • Las habilidades de resolución de conflictos.

A continuación mostramos un video educativo utilizado para sensibilizar a los y las jóvenes en la necesidad de disfrutar de un ocio sano y libre de consumo de drogas: [embed]https://www.youtube.com/watch?v=-yRuUtLkERE[/embed]   Referencias Coombs, P. (1993). La crisis mundial de la educación. Barcelona: Península. Lamata Cotanda, R. y Domínguez Aranda, R. (2003). La construcción de procesos formativos en educación no formal. Madrid: Nancea y Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid. Mendia, R. (2012). El Aprendizaje-Servicio como una estrategia inclusiva para superar las barreras al aprendizaje y la participación. Revista Educación Inclusiva, 5(1), 71-82.   Lourdes Navarrete Sánchez Psicóloga y Educadora Social Tutora de prácticas de los Másteres Universitarios en Prevención e Intervención Psicológica ante problemas de conducta en la escuela, Terapias Psicológicas de Tercera Generación, y Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas.