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A menudo, escuchamos:Se aprende de la experiencia”. Pero, ¿qué nos intenta decir esta afirmación? ¿Acaso no podemos aprender reteniendo conocimientos, sin más? Aprendizaje y memoria son conceptos ensamblados: el aprendizaje constituye la adquisición de conocimientos, y sólo podemos determinar que existe si con el paso del tiempo dichos conocimientos se conservan en la memoria. Pero esto no confirma el hecho de que aprendamos a base de retener pues, si el tiempo juega un papel determinante en el proceso, todavía queda por preguntarnos: ¿durante cuánto tiempo hemos de memorizar los conocimientos para poder decir que los hemos aprendido? Existen dos tipos de memoria: La memoria explícita, que recuerda, por ejemplo, la fecha de un examen tipo test. Y la memoria implícita, que recuerda cómo se hace un examen de este estilo. Ambos conceptos los hemos adquirido en un momento determinado de nuestras vidas pero sólo mantendremos en la memoria el segundo, pues una vez superado el examen la fecha dejará de interesarnos. Con esto no pretendo decir que para aprender sea necesaria únicamente la memoria implícita. Recordemos que la memoria implícita centra su atención en habilidades, asociaciones y respuestas emocionales, y la memoria explícita, por su parte, hace que retengamos los conceptos y los hechos… ¡casi nada! Sin embargo, la memoria explícita supone un aprendizaje mucho más frágil, que se puede perder o distorsionar con el paso del tiempo. Einstein señalaba que la “educación es lo que permanece en la memoria, una vez se ha olvidado lo aprendido en la escuela”. Quizás se refiriese a la enseñanza de hábitos, habilidades, emociones y estímulos (a lo implícito). O quizás se refiriese a la enseñanza de los conocimientos fundamentales para poder desempeñar con éxito esas habilidades, comprender dichas emociones y razonar nuestras respuestas ante determinados estímulos. En cualquiera de los casos, de su cita se concluye que la función del docente no debe suponer una mera emisión de conocimientos, sino que tiene que asumir como objetivo que el alumno retenga únicamente aquellas piezas imprescindibles para que en un futuro establezca con ellas sus propias composiciones. Debe servir de guía útil y, por tanto, es necesario que exista un nexo que comunique a profesor y a alumno. El problema de esta teoría llega cuando ese nexo se obstaculiza, impidiendo que los conocimientos impartidos sean simplemente los fundamentales, sometiendo al estudiante a un cliffhanger informativo. (Ver figura 1). Figura (1)¿Cómo debe ser, entonces, la comunicación? El proceso comunicativo es la esencia del aprendizaje, y distinguir sus elementos principales (mensaje, código, canal) forma parte de la estrategia educativa que trata de unir a emisor y receptor - profesor y alumno - dentro de un mismo argumento. El mensaje es la idea que se quiere transmitir. En el entorno escolar nos encontramos varios tipos de mensaje: El mensaje de convivencia, que subyace en el aula. El mensaje que el profesor pretende transferir a los estudiantes, que es el contenido primordial de la materia. Y, por supuesto, el ruido que evita que dicho contenido llegue a oídos del alumno por medio del mensaje en voz baja o runrún. La meta del docente es evitar que el runrún entorpezca su labor, por eso cada vez es más habitual encontrar cursos especializados que desarrollan la capacidad comunicativa en el ámbito escolar. Ya sea por medio de fonemas, señas, o gestos, el profesor debe:

  • Considerar aspectos individuales del alumno (tales como la memoria, la comprensión y la cognición).
  • Asumir un contexto determinado (los recursos del centro, las necesidades sociales y las expectativas particulares).
  • Procurar unos códigos estimulantes que potencien su relación con el grupo y favorezcan la adquisición satisfactoria de conocimientos.

Los easter eggs están sembrados. Cuando el alumno muestra barreras en alguno de los aspectos antes mencionados, el canal deja de ser útil. Por este motivo es necesario atender a su adecuación valorando las posibilidades metodológicas que nos ofrece la enseñanza. El canal, por tanto, debe ser versátil y servir a todas las habilidades: visuales, auditivas, cognitivas, fonatorias y/o de movilidad, debe dar respuesta a todos los tipos de aprendizaje, debe servir de refuerzo para el trabajo psicomotor que apuesta por el juego y la experimentación en clase, y debe ofrecer un apoyo para la lógica. ¿Cómo es, entonces, el proceso de aprendizaje? No tan a menudo, escuchamos:educación es lo que permanece en la memoria, una vez se ha olvidado lo aprendido en la escuela”. Es el cómo y no el qué, pues el qué puede variar y sus variantes las podemos consultar en el futuro. Son las competencias y no lo contenidos intrascendentes, pues el exceso de contenidos en la memoria produce confusión y olvido. Aprender, por tanto, es experiencia, cuando la experiencia no se confunde con información. (Ver figura 2). Figura (2)     Lucía Alonso Virgós Colaborador Docente en el Máster Universitario en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas