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Educación | Psicologia

Las diversas formas de bullying: físico, psicológico, verbal, sexual, social y ciberbullying

Dra. Mónica Muiños Durán

El acoso escolar o bullying es un problema complejo, delicado y no siempre fácil de detectar y atajar con la suficiente rapidez como para que no acabe provocando consecuencias negativas, a veces perdurables en el tiempo, en forma de daños psicológicos, problemas de aprendizaje o rendimiento y hasta abandono o fracaso escolar.

Afortunadamente, al tratarse de un fenómeno muy conocido y estudiado por los expertos, la experiencia adquirida ha permitido la elaboración de una serie de recomendaciones y guías de actuación para profesores que, siempre que se cuente con el compromiso e implicación de toda la comunidad educativa, se han mostrado eficientes para prevenir, detectar y resolver este tipo de conductas.

En esta ocasión te vamos a hablar del origen y formas de bullying o acoso escolar que existen y en qué consiste cada una de ellas: bullying físico, psicológico, verbal, sexual, social y ciberbullying. También repasaremos las consecuencias del acoso para víctima y perpetrador, así como la forma de prevenir, reconocer y resolver un problema de este tipo.

Y no es para menos, pues actualmente la lengua de Molière cuenta con 212 millones de hablantes y se esperan muchos más millones a lo largo de este siglo en el que nos encontramos.

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Origen del bullying

El maltrato psicológico o físico reiterado, deliberado y constante recibido por un escolar por parte de uno o varios agresores muchas veces tiene su origen en una gestión inadecuada de algo tan natural como son los conflictos, los cuales pueden derivar en episodios esporádicos de violencia que al perpetuarse y sistematizarse acaban convirtiéndose en acoso escolar o bullying.

Los motivos que empujan a un agresor o a un grupo de agresores a actuar así están relacionados con una personalidad agresiva y un bajo autocontrol, acompañado de un entorno familiar y social inadecuado, con antecedentes de violencia doméstica o justificación de la misma. Un grupo de compañeros que, por miedo a ser ellos mismos las próximas víctimas, se convierten en observadores pasivos e incluso instigadores y la ausencia de una verdadera toma de conciencia del problema por parte de la sociedad acaban creando el caldo de cultivo ideal para que se den, con demasiada frecuencia, situaciones de bullying en mayor o menor grado.

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Tipos de bullying

El acoso escolar o bullying es un problema que se da con frecuencia en las aulas de todo el mundo. En ocasiones es difícil de detectar, no solo porque tenga lugar lejos de la presencia física y la visibilidad de los adultos, sino porque tiende a diversificarse y, en el caso del ciberbullying, aprovecha las nuevas tecnologías para amplificar los actos de humillación a la víctima. Preservando, además, el anonimato de los acosadores.

Hasta el momento se han tipificado seis tipos de bullying, dándose frecuentemente situaciones de varios tipos de acoso contra la misma víctima durante mucho tiempo: meses, todo un curso escolar, e incluso varios años.

Bullying físico

Es el tipo de acoso más común, especialmente entre chicos. Implica un contacto físico entre los agresores y la víctima, y suele manifestarse en forma de golpes, empujones e incluso palizas de uno o varios agresores contra una sola víctima. En ocasiones se produce también el robo o daño intencionado de las pertenencias de la víctima.

Se considera una de las conductas de acoso escolar más graves ya que, además del daño psicológico, quien lo padece también sufre daños a nivel físico que pueden llegar a ser muy graves.

Bullying psicológico

En este caso existen persecución, intimidación, tiranía, chantaje, manipulación y amenazas al otro. Son acciones que dañan la autoestima de la víctima y fomentan su sensación de temor, con el problema añadido de que son las más difíciles de detectar por parte de profesores o padres porque son formas de acoso o exclusión que se llevan a cabo a espaldas de cualquier persona que pueda advertir la situación.

Frecuentemente, los agresores utilizan esta forma de acoso con el fin de subrayar, reforzar o resaltar acciones llevadas a cabo con anterioridad, manteniendo así latente la amenaza.

Estas conductas incrementan la fuerza del maltrato, pues el acosador exhibe un poder mayor al mostrar que es capaz de amenazar aunque esté presente una figura de autoridad.

En el agredido aumenta el sentimiento de indefensión y vulnerabilidad, pues percibe este atrevimiento como una amenaza que tarde o temprano se materializará de manera más contundente. Por su parte, la amenaza puede ser más o menos evidente. Consistir, por ejemplo, en una mirada, una señal obscena, una cara desagradable o un gesto.

En estos casos el daño se produce directamente sobre la autoestima de la víctima, que suele desarrollar conductas como el temor a ir a clase o problemas para relacionarse con los demás.

Bullying verbal

Otra de las formas de bullying más común es el verbal. Son acciones no corporales que se llevan a cabo con la finalidad de causar un daño psicológico. Las conductas pueden consistir en discriminar, difundir chismes o rumores, realizar acciones de exclusión o bromas insultantes y repetidas del tipo poner apodos, insultar, amenazar, burlarse, reírse de los otros, generar rumores de carácter racista o sexual, etc.

Es más utilizado por algunas chicas a medida que se van acercando a la adolescencia.

Bullying sexual

Se presenta en forma de asedio que incluye comentarios o actos de naturaleza sexual. Por ejemplo, referencias malintencionadas a partes íntimas del cuerpo de la víctima, propagación de rumores de índole sexual, o subir a la red fotos de la víctima desnuda o como protagonista de un contenido sexual.

Incluye el bullying homófobo, que es cuando el maltrato hace referencia a la orientación sexual de la víctima por motivos de homosexualidad real o imaginaria.

En los casos más graves puede llegar a dar lugar a conductas de abuso sexual sobre la víctima.

Bullying social

Pretende aislar al niño o joven del resto del grupo, ignorándolo, aislándolo y excluyéndolo. Puede ser directo: excluir, no dejar participar a la víctima en actividades, sacarlo del grupo de WhatsApp de clase. Pero también indirecto: ignorar, tratar como un objeto, como si no existiera o hacer ver que no está ahí.

Ciberbullying o bullying cibernético

Con el acceso masivo a las nuevas tecnologías, cada vez son más frecuentes este tipo de actos.

Es un tipo de acoso muy grave y preocupante por la gran visibilidad y alcance que se logra de los actos de humillación contra la víctima y el anonimato en que pueden permanecer los acosadores.

Los canales son muy variados: mensajes de texto en móviles, tablets y ordenadores, páginas web y blogs, juegos online, correos electrónicos, chats, encuestas online de mal gusto, redes sociales, suplantación de identidad para poner mensajes, etc.

El contenido del acoso va desde los típicos insultos a montajes fotográficos o de vídeo para reírse de la víctima, imágenes inadecuadas tomadas sin su permiso, críticas respecto al origen, religión, el nivel socioeconómico de la víctima o de sus familiares y amigos, etc. Todo vale con el fin de humillarla.

Con frecuencia, este tipo de acoso cibernético complementa a alguno o algunos de los vistos con anterioridad, agravando todavía más la situación de la víctima, que no se ve libre de los acosadores ni al terminar las clases.

Con independencia del tipo de bullying, el perfil del acosador suele ser el de una persona físicamente fuerte, impulsiva, dominante, con conductas antisociales y con una ausencia total de empatía con sus víctimas.

Consecuencias del acoso escolar para la víctima

A pesar de la extendida creencia que el bullying se da con más frecuencia en centros escolares situados en las zonas y barrios más desfavorecidas desde un punto de vista socio económico, lo cierto es que el acoso escolar no hace distinciones sociales, ni de sexo. Centrándonos en las consecuencias, la más evidente es la disminución del rendimiento escolar, debido a un cambio en el comportamiento habitual de los chicos. Este efecto negativo afecta tanto a la víctima como al acosador, y a veces también a los escolares que favorecen estos actos jaleando y animando las acciones o con una actitud totalmente pasiva.

Por desgracia, quien se lleva la peor parte en las situaciones de acoso escolar son, lógicamente, la persona más débil o en condición de inferioridad: nos referimos a las víctimas.

Principales efectos negativos del bullying en los niños y niñas que lo sufren

  • Baja autoestima.
  • Actitudes pasivas.
  • Trastornos emocionales.
  • Problemas psicosomáticos.
  • Depresión, ansiedad y pensamientos suicidas.
  • Pérdida de interés por los estudios, lo que puede desencadenar en un menor rendimiento y fracaso escolar.
  • Aparición de trastornos fóbicos.
  • Sentimientos de culpabilidad.
  • Alteraciones de la conducta: intromisión, introversión, timidez. aislamiento social y soledad.
  • Problemas en las relaciones sociales y familiares.
  • Baja satisfacción familiar.
  • Baja responsabilidad, actividad y eficacia.
  • Síndrome de estrés postraumático.
  • Rechazo a la escuela.
  • Manifestaciones neuróticas y de ira.
  • Faltas de asistencia a la escuela e incluso abandono de los estudios.

En casos extremos, el acoso escolar ha conducido al suicido a algunas víctimas y sus perniciosos efectos para la salud física, mental y emocional del individuo pueden llegar a cronificarse, acompañando a la víctima durante toda su vida.

Efectos del acoso escolar en el agresor

Pese a que no les provoca un sufrimiento directo, como ocurre con las víctimas, algunos estudios indican que los acosadores pueden encontrarse en la antesala de las conductas delictivas. Aunque resulte paradójico, con su execrable actitud los acosadores consiguen frecuentemente la aprobación y hasta la admiración de algunos de sus compañeros, lo cual les hacen reforzar sus actitudes intimidatorias al lograr, al menos momentáneamente, el éxito con las mismas.

Este patrón de comportamiento tiene las siguientes consecuencias:

  • Falta de control.
  • Actitud violenta irritable, impulsiva e intolerante.
  • Muestras de autoridad exagerada.
  • Imposición de sus puntos de vista y consecución de sus objetivos mediante la fuerza y la amenaza.
  • Relaciones sociales y familiares problemáticas.
  • Pérdida de interés por los estudios y fracaso escolar.

Las consecuencias para la masa silenciosa, los chicos y chicas que mantienen una actitud condescendiente con el acoso y pasiva ante el sufrimiento ajeno, no son tan evidentes. Sin embargo, pueden provocar en los sujetos pasivos la sensación o convencimiento de que no se puede o que es mejor no hacer nada frente a la injusticia, dando como resultado al afianzamiento de una personalidad temerosa, donde valores como el esfuerzo, la tolerancia o el afán de superación brillen por su ausencia.

Guía de actuación del profesorado en las distintas fases del bullying

La prevención del bullying

La prevención es sin duda la fase más importante para neutralizar el bullying porque, de realizarse eficazmente, reduciría muchísimo el porcentaje de casos, haciendo mucho más sencilla la detección y resolución de las pocas situaciones de acoso escolar que, pese a todo, llegaran a producirse.

Tal como señala la profesora e investigadora de la VIU, Isabel Iborra, para prevenir el bullying es fundamental «trabajar con los niños la temática que envuelve los derechos humanos, de cara a que se vayan impregnando de este ideario en su desarrollo posterior». Junto a estos valores fundamentales, desde la escuela se deben promover también las ideas democráticas, el consenso y el diálogo como forma de resolución de conflictos.

Por otro lado, muchos escolares, en especial los que adoptan el rol de observadores pasivos sin defender ni denunciar la situación pese a ser testigos del acoso diario contra algún compañero, no son conscientes de las terribles consecuencias de este comportamiento. Por lo tanto, se les debe instruir desde pequeños, como se hace desde hace varios años en las escuelas finlandesas, sobre qué es el bullying, tipología, consecuencias y deber de comunicarles a padres y profesores.

Una tercera área de actuación en la prevención del bullying es la comunicación y el feedback constante con las familias, intentando que estas participen y se integren lo más posible en la comunidad educativa.

La detección del bullying

Por definición el bullying se produce de espaldas a la visión directa de los adultos, profesores y padres. Por lo tanto, el primer error de un maestro es esperar a tener una prueba clara e irrefutable de acoso escolar para empezar a tomar medidas, puesto que lo normal es que la agresión nunca se produzca delante de los profesores, siendo los escenarios más habituales: pasillos, lavabos, el comedor o los alrededores del centro escolar.

En cualquier caso, existen una serie de indicadores o señales de alarma que pueden poner al profesor, siempre que esté alerta y con una actitud proactiva, en la pista correcta de posibles casos de bullying:

  • En la víctima: faltas de asistencia a clase injustificables, descenso abrupto e inexplicable de su rendimiento escolar, sentimientos de culpabilidad, síntoma de depresión (ansiedad, llanto, nerviosismo, dificultades de concentración...) o verbalización de relaciones inadecuadas con sus compañeros, aunque no se cite explícitamente un acoso verbal o físico.
  • En los acosadores: conductas agresivas, faltas de respeto en clase hacia los compañeros o profesores, bajo autocontrol, lenguaje corporal inadecuado con gestos o miradas desafiantes hacia profesores y otros alumnos.

La resolución de un problema de bullying

Tras la confirmación o la sospecha fundada de un caso de acoso escolar, es crucial que el profesor tome una serie de medidas lo más pronto posible (una dilatación temporal normalmente no va hacer más que empeorar la situación). Lo ideal es que los pasos a tomar estén tipificados en las normas o protocolo del propio centro y, en el caso de no existir, acudir a la normativa de la comunidad autónoma correspondiente.

Siempre actuando de forma proporcional a la gravedad de los hechos, pero con firmeza y seguridad y confianza en la idoneidad de las medidas, las principales acciones a realizar son, por este orden:

  • Comunicar los hechos a la dirección del colegio (en casos muy graves puede ser necesario comunicarlo a la fiscalía de menores o a la policía).
  • Hablar con la víctima, el acosado o acosadores y los testigos con el fin de tener una visión lo más exhaustiva y detallada posible de lo ocurrido.
  • Comunicar la situación a los padres de los alumnos implicados, tanto víctimas como agresores.
  • Tomar las medidas cautelares oportunas: protección de la víctima, expulsión temporal de los agresores o cambiarlos de institutos de forma permanente, etc.

Un aspecto fundamental cuando se está tratando un caso de bullying es respetar escrupulosamente la confidencialidad de los implicados, evitando hacer comentarios con otros padres, escuchar todas las versiones y permitir la discrepancia, siempre que se mantengan las normas de convivencia establecidas por el centro escolar.

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Mónica Muiños
Dra. Mónica Muiños Durán

Doctora en Psicología. Especialista en Psicología Experimental y Neurociencias. Atención y percepción en el ámbito educativo

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