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La conducta prosocial es un tipo de comportamiento que se caracteriza por una interacción con otras personas que les resulta beneficiosa. Es decir, que quienes interactúan con una persona prosocial se sienten bien y experimentan emociones placenteras como la alegría o la motivación.

Por lo tanto, las personas con conducta prosocial se distinguen por:

1. Provocar estados de ánimo placenteros en las personas con las que interactúan.

2. Ser conscientes de dicho efecto y aplicar la interacción beneficiosa con voluntariedad.

3. Sentirse bien ellas mismas cuando logran que otras personas experimenten estados de ánimo placenteros.

Sabiendo esto, está claro que si un educador cuenta en su aula con alumnos que muestren una conducta prosocial, podrá ayudarles a desarrollarla al mismo tiempo que el resto de sus compañeros obtienen también beneficios de ella.

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Veamos un poco más de cerca por qué se origina este tipo de conductas y cómo emplearlas en el aula de forma beneficiosa para todas las personas que se encuentran en ella.

Conducta prosocial: ¿cuál es su sentido?

En general, podemos encontrar un motivo evolutivo en todas las manifestaciones del funcionamiento de nuestro cuerpo y, por lo tanto, también de nuestro cerebro. En concreto, la conducta prosocial tiene un fundamento evolutivo que podremos comprender mejor si conocemos la diferencia entre inteligencia intrapersonal e inteligencia interpersonal:

1. La inteligencia intrapersonal es la capacidad de un individuo de gestionar de forma eficaz sus emociones para contrarrestar los efectos de las dolorosas y aprovechar los de las placenteras.

2. La inteligencia interpersonal es la capacidad de un individuo de gestionar las relaciones con los demás de manera productiva y sana.

Como vemos, la conducta prosocial tiene su base en la inteligencia interpersonal. Sin embargo, existen individuos que, a pesar de manifestar conducta prosocial, disponen de un bajo nivel de inteligencia intrapersonal que les provoca sufrimiento: falta de autoestima, de autoconfianza, de automotivación... Es por ello esencial que el educador y el equipo psicológico de cualquier centro vigile que los alumnos que muestren conducta prosocial no sea a costa de su propio sufrimiento.

En cambio, también existen personas con elevados niveles tanto de inteligencia intrapersonal como de inteligencia interpersonal. Este es, por supuesto, el escenario idóneo.

En cuanto a los motivos evolutivos de la conducta prosocial, los encontramos en lo siguiente:

1. La especie que es capaz de generar emociones placenteras entre sus semejantes podrá recurrir al trabajo en equipo y a la creación de comunidades que contribuirán a garantizar su supervivencia.

2. Las neuronas espejo, que también tienen un papel importante en la selección natural, son un tipo especial de neuronas que forman los pilares de la empatía. El contagio de emociones como la tristeza o la alegría tiene su base en ellas. Por lo tanto, no es de extrañar que los individuos que muestran conducta prosocial se sientan mejor consigo mismos cuando logran que otras personas experimentan estados emocionales placenteros.

Conducta prosocial en el aula

Ahora que ya hemos comprendido las bases evolutivas de la conducta prosocial, veamos cómo aplicarla en el aula:

1. Las personas con conducta prosocial suelen reunir otras cualidades relevantes para el liderazgo, por lo que pueden cumplir bien el papel de delegados o representantes de sus compañeros.

2. Si un aula cuenta con más de una persona con conducta prosocial, es buena idea distribuir los grupos de trabajo de manera que haya al menos una persona prosocial en cada uno de ellos, si es posible.

3. Dedicar un tiempo lectivo a la expresión emocional es importante, y los alumnos con conducta prosocial pueden ayudar a que sus compañeros manifiesten determinados estados emocionales que pueden estar interfiriendo con su desarrollo académico.

4. Gracias a su elevado nivel empático, las personas prosociales pueden ser claves en la detección de casos de bullying en el aula o de problemas similares.

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Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia