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Los enfermos de Alzheimer suman más de 47 millones a nivel mundial, cada día se escriben cientos de artículos sobre esta enfermedad y aún hay puntos básicos en relación a la atención de los enfermos de Alzheimer que ignoramos.

La enfermedad no tiene cura, pero sí existen tratamientos en el mercado, tanto farmacológicos como no farmacológicos, que ayudan en el manejo de los síntomas. El alzhéimer causa demencia, pero no es una demencia en sí misma.

Informaciones básicas que todos debemos conocer y de las cuales te hablamos en nuestro artículo.

 

¿Qué es el Alzheimer?

El Alzheimer es una enfermedad neurológica que causa demencia. La enfermedad se caracteriza por la acumulación tóxica de proteínas en el interior de las neuronas y también en el espacio intercelular.

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Esas acumulaciones tóxicas llevan al deterioro y muerte de las neuronas y a la destrucción de sinapsis. A nivel sintomatológico se manifiesta en alteraciones de memoria, lenguaje, atención; en fin, en una afectación progresiva y generalizada de todos los procesos cognitivos.

 

Puntos que no debemos ignorar en la atención de los enfermos de Alzheimer

En la atención de un enfermo de Alzheimer es importante:

Incluir las terapias no farmacológicas

En la actualidad los tratamientos farmacológicos del alzhéimer tienen un alcance modesto, de ahí que complementar con enfoques no farmacológicos, más que una recomendación, es una necesidad.

Estas terapias, que se desarrollan desde disciplinas como la psicología, la terapia ocupacional o la fisioterapia, permiten enlentecer el ritmo de deterioro de los enfermos de Alzheimer, a la par que aumentan la calidad de vida del paciente.

Evitar el uso de antipsicóticos porque elevan el riesgo de mortalidad

Entre los síntomas que pueden llegar a ser comunes entre las personas con Alzheimer está la agresividad y manifestaciones psicóticas como alucinaciones y delirios.

Para el tratamiento de estos síntomas habitualmente se administran los llamados fármacos antipsicóticos, que no están recomendados para la población mayor, especialmente para las personas con demencia, ya que elevan el riesgo de muerte.

En su lugar se aconseja adoptar medidas no farmacológicas que permitan el manejo de las conductas indeseadas.

Evitar la confrontación

Entre las estrategias que más nos van a ayudar a manejar las conductas de las que hablamos anteriormente está evitar la confrontación. En nada ayuda que intentemos convencer a los enfermos de Alzheimer de que su idea carece de sentido, esa posición solo generará ansiedad y agitación.

En su lugar es mejor intentar desviar la atención del paciente hacia otros estímulos, por ejemplo, hacia temas del pasado que aún recuerda y que le resultan agradables.

Establecer rutinas en el cuidado diario

Crear una rutina aporta estabilidad, control y ayuda al enfermo a mantener el conocimiento del entorno el mayor tiempo posible.

Profesionales y familiares pueden establecer de antemano una rutina efectiva y rica que no solo responda al bienestar del enfermo, sino que además tenga en cuenta las necesidades del cuidador.

Ofrecer solo los niveles de ayuda necesarios

Ni hacerlo todo en lugar de los enfermos de Alzheimer, ni pretender que ellos lo hagan igual que antes. Hay que ir justo un paso detrás, para impulsarlo cuando lo necesite.

A medida que las fases de la enfermedad vayan avanzando, los niveles de ayuda serán mayores, hasta que llega el punto en que el enfermo depende absolutamente de sus cuidadores para sobrevivir.

Pero antes de llegar a esa dependencia total, hay que dejar que los enfermos de Alzheimer realicen por sí mismos todo cuanto aún pueden hacer. Esto ayudará a conservar por más tiempo sus habilidades, pero también contribuirá a mantener su autoestima.

 

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia