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La primera imagen que nos viene a la mente cuando pensamos en un astrónomo es, seguramente, la de un señor mirando por un ocular. Hergé, sin ir más lejos, replicó en su álbum de Tintín “Objetivo: la luna” una foto de Edwin Hubble (con pipa incluida) de esta guisa en el telescopio de Monte Palomar. Sin embargo, un pequeño grupo de irreductibles dentro de la astronomía renunciamos al telescopio óptico y preferimos captar con antenas gigantescas las ondas de radio que nos llegan del cosmos. Por eso, los radioastrónomos, que así nos gusta denominarnos, solemos empezar nuestras presentaciones de divulgación con la misma pregunta. ¿Habéis visto Contact? Pues yo soy Jodie Foster. Esta película de Robert Zemeckis nos regaló la imagen más icónica de la Radioastronomía: la doctora Arroway (alter ego de Foster) escrutando el cosmos mediante la detenida escucha con unos auriculares de las ondas de radio que el Very Large Array(1) capta del cielo. Una imagen preciosa… y falsa.

No, los radioastrónomos no trabajamos con auriculares. De hecho, en nuestro gremio se suele comentar que Carl Sagan, autor de la novela en la que se inspira la película, se tiró de los pelos al ver que pretendían filmar eso, pero tuvo que ceder por mor de la comercialidad. Como casi todos los astrónomos, nuestra investigación se desarrolla ante la pantalla de un ordenador. Y ¿qué procesamos en ese ordenador? Datos procedentes, en efecto, de gigantescas antenas parabólicas que pueden llegar a los 100 metros de diámetro. Las ondas de radio resultan especialmente interesantes por muchas razones. Las hay de tipo técnico: la atmósfera terrestre las deja pasar con mucha facilidad, cosa que no ocurre con otras radiaciones (pensemos por ejemplo en lo bien que el ozono bloquea la radiación ultravioleta, para nuestra fortuna). A su vez, los propios objetos celestes son a veces transparentes a la radiación de radio, mientras bloquean otro tipo de emisión. Y el uso de la técnica estrella de la Radioastronomía, la interferometría, nos proporciona la mayor capacidad de resolución de las técnicas observacionales: si con el mejor de los telescopios ópticos podríamos ver desde Zaragoza la hora que marca el reloj del Micalet (el campanario de la catedral de València), con la radiointerferometría podríamos distinguir la hora que marca el reloj de pulsera del campanero. Vale, pero todo esto ¿para qué sirve? Pero, además, las ondas de radio nos brindan información solo desvelada por ellas. El hidrógeno atómico (un protón más un electrón), el más sencillo y por lo tanto más abundante de los elementos químicos del universo, emite en ondas de radio. También lo hacen un enorme número de moléculas, que nos permiten trazar las abundancias de los elementos en el cosmos y saber que hay alcohol etílico cerca del centro de nuestra galaxia(2), algo muy tranquilizador de cara a la colonización interestelar. 

 

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Imagen: la joven estrella HL Tauri (en el centro de la imagen) y su disco de polvo, observados con ALMA en longitudes de onda milimétricas. Los huecos que se aprecian en el disco son el resultado de la formación de planetas a partir del polvo, que a su vez van limpiando su órbita. [Créditos: ALMA (ESO/NAOJ/NRAO][/caption]Por ello, no es extraño que la Radioastronomía sea objeto de grandes empeños. Varios de los proyectos técnicos más apasionantes de la primera mitad del siglo XXI, de hecho, se van a desarrollar en este campo (para nosotros, sin duda, son los más excitantes, pero tampoco queremos reñir con los astrónomos ópticos y su ELT). El tremendo Atacama Large Millimeter Array (ALMA(3)) está regalándonos información e imágenes alucinantes del Universo, y en un futuro inmediato se vislumbra ya el Square Kilometer Array (SKA(4)), un conjunto de antenas con un área colectora total de un kilómetro cuadrado, el instrumento científico de mayor tamaño que jamás haya construido la humanidad.

Por eso, aunque no usemos auriculares para hacer nuestra ciencia ni tengamos el pelazo de Jodie Foster, no dejéis de preguntar cada vez que tengáis ocasión a vuestro radioastrónomo más cercano. Porque el futuro, y cada vez más el presente, de la Astronomía pasa por sus manos.          

 

https://youtu.be/w_q6kB2nCdw

(1) [https://public.nrao.edu/telescopes/vla/ ¡Sí, el conjunto de antenas dispuestas en formación de Y que aparece en la película es un instrumento real! Tremendamente productivo, además. Y sí, casi todos los astrónomos que lo visitan se ponen sus mejores auriculares y se hacen una foto delante de él

(2) Véase por ejemplo https://www.aanda.org/articles/aa/abs/2006/33/aa5190-06/aa5190-06.html

(3) http://www.almaobservatory.org

(4) https://www.skatelescope.org   Vicent Martínez-Badenes Director del Máster en Astronomía y Astrofísica de la Universidad Internacional de Valencia