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La frustración es una experiencia emocional que sobreviene cuando nuestros proyectos, expectativas o metas no se cumplen, o nuestros deseos y necesidades no se llegan a satisfacer. La frustración es una mezcla de emociones como el enfado, la tristeza y la ansiedad ante ese objeto de deseo no consumado. En la base de una baja tolerancia a la frustración se encuentra la creencia irracional de que el mundo debe girar en torno a nuestras necesidades y deseos; que sólo el hecho de desear algo (objeto, meta o persona) nos otorga el poder y nos hace merecedores de pleno derecho a obtenerlo. Aparece una especie de pensamiento mágico que marca que la vida ha de ser fácil y placentera, pues de lo contrario estaremos abocados al fracaso y a la infelicidad. Algo que choca radicalmente con la realidad, lo que provoca que las personas con baja tolerancia a la frustración experimenten un gran malestar emocional ante la no satisfacción de sus deseos.

¿Cómo son las personas con baja tolerancia a la frustración?

Se caracterizan por los siguientes aspectos personales:

  • Son impulsivas e impacientes.
  • Les cuesta distinguir entre una necesidad y un deseo.
  • No saben esperar o postergar la satisfacción de sus necesidades o deseos. Lo quieren todo “ya”.
  • Ante sus peticiones o demandas, no aceptan un NO por respuesta. Sus deseos deben ser órdenes para los demás.
  • Culpan a los demás o a las situaciones de su propio malestar.
  • Son exigentes consigo mismos y con los demás.
  • No aceptan la posibilidad de cometer errores por miedo al fracaso.
  • Ante la frustración de sus deseos reaccionan con ira, llegando incluso a agredir verbal o físicamente a la persona que creen responsable de dicha frustración.

La tolerancia a la frustración es una habilidad que se adquiere con la práctica. Su interiorización comienza en la infancia y es parte del desarrollo emocional de las personas. Así, los niños pequeños van evolucionando desde un estado egocéntrico en el que sólo piensan en ellos mismos y en la satisfacción de sus propias necesidades (las cuales han de ver resueltas de inmediato) hacia un estado más social y empático en el que aprenden a reconocer la existencia del otro y a respetar sus necesidades y deseos. Con el tiempo, los niños van adquiriendo estrategias para afrontar el malestar que  sienten cuando no consiguen lo que quieren.

No obstante, no siempre se llega a adquirir adecuadamente esta habilidad, pudiéndose manifestar baja tolerancia a la frustración en la edad adulta, principalmente ante las situaciones de estrés o las adversidades de la vida. En casos graves, la baja tolerancia a la frustración puede dar lugar a la aparición de problemas psicológicos en la adolescencia y la edad adulta, tales como el juego patológico, la adicción a las drogas, la tricotilomanía (impulso a arrancarse el pelo) y otros problemas de control de impulsos (Muñoz, 2005).

¿Cómo enseñar a los niños a tolerar la frustración?

La vida no es un camino de rosas y no siempre podemos ver satisfechos nuestros sueños y proyectos, nuestros deseos y necesidades. Por esta razón,  aprender a tolerar la frustración desde la niñez es requisito fundamental para afrontar de forma positiva los diferentes “noes” de la vida (obstáculos, limitaciones, metas incumplidas, problemas, pérdidas, etc.). Tolerar la frustración significa saber resolver los problemas, afrontar las adversidades y superar los obstáculos que la vida nos va poniendo en el camino. En otras palabras, significa sencillamente aprender a aceptar el NO. A continuación se muestran algunas pautas para enseñar a tolerar la frustración ya en los más pequeños:

  • Enseñarles a reconocer la frustración y los sentimientos asociados como la tristeza, la ira o la ansiedad cuando aparecen.
  • Enseñarles alternativas para manejar las situaciones de frustración, tales como técnicas de relajación del cuerpo o de respiración.
  • Reforzar positivamente las respuestas adecuadas ante la frustración.
  • Enseñarles a distinguir un deseo de una necesidad.
  • Establecer metas y objetivos alcanzables, adecuados a su edad, que permitan desarrollar su autonomía y responsabilidad y fomentar su autoestima.
  • Hacerles responsables de sus actos, enseñarles a no culpar a los demás del propio malestar que experimentan ante la frustración.
  • Educarles en la cultura del esfuerzo. Transmitirles que las cosas tienen un valor y que frecuentemente se consiguen con esfuerzo y perseverancia.
  • Establecer límites y normas claras conforme a su edad. Enseñarles que un deseo no se convierte automáticamente en un derecho.

 

Te invito a ver este breve vídeo que nos invita a reflexionar sobre la tolerancia a la frustración:

https://youtu.be/eIZdaM2_xgI

 

 

Referencias bibliográficas:

López Molina, E (2015). “Como gestionar la frustración con menores en centros residenciales básicos”. Universidad de Granada. Facultad de Ciencias de la Educación. Grado en Educación Social

Muñoz, A. (2005). Baja tolerancia a la frustración

 

Dra. Segunda Sánchez Lorente

Directora de TFMs en las áreas de Psicobiología de la Felicidad y Coaching en el Máster de Psicología General Sanitaria de la Universidad Internacional de Valencia (VIU)