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Ya sabemos que conocer dos lenguas no nos capacita para traducir con calidad. La labor del traductor exige que este tenga una serie de capacidades, conocimientos, destrezas o habilidades que se han agrupado bajo el concepto de competencia traductora. Varias investigaciones se están desarrollando para establecer en qué consiste la competencia traductora y cómo se puede enseñar. Se han identificado varias subcompetencias, como la subcompetencia temática, cultural, interpersonal, documental, etc.

Una de las principales cualidades de un buen traductor es su capacidad para escribir de manera correcta y eficiente textos en la diversidad de su tipología. De hecho, no son pocos los traductores que son también autores de artículos, de manuales técnicos e, incluso, de obras literarias. Algunos de los escritores- traductores más conocidos son Julio Cortázar, Borges, Samuel Beckett, Espido Freire, Javier Marías o Ana María Matute. Sin tener que referirnos a los escritores más relevantes, muchos traductores se ven a ellos mismos como el segundo autor de un texto, y es que la tarea del traductor no deja de ser escribir los textos de otra persona en su propia lengua. Por lo tanto, escribir correctamente es una de las competencias principales de un buen traductor.

Sin embargo, su importancia no empieza ni termina en esta labor. Una buena habilidad para escribir bien es esencial para el desarrollo profesional en cualquier área. En la sociedad de la información, gracias a las nuevas tecnologías, se ha incrementado el volumen y la importancia de la comunicación escrita.

Por suerte para nosotros, esta habilidad no es innata, sino que constituye un aprendizaje.  Al igual que para poder escribir tenemos que pasar por un período de formación en escritura, para convertirnos en expertos escritores tenemos que aprender ciertos mecanismos lingüísticos, hacer una serie de reflexiones sobre el propio lenguaje y, sobre todo, necesitamos mucha práctica. La afición por la lectura de la buena literatura, y también de los textos en los que nos queramos especializar, sigue siendo el mejor consejo para escribir bien. Sin embargo, son también buenos aliados los recursos que tenemos para pulir nuestros textos: gramáticas, diccionarios, manuales de estilo y otros compendios de dudas y dificultades del español. La consulta de las obras de la Asociación de Academias de la Lengua Española es en este sentido imprescindible, principalmente las obras escritas para todos los públicos, como la Nueva gramática básica de la lengua española y Ortografía básica de la lengua española, fruto de un esfuerzo pedagógico para divulgar la teoría lingüística. No podemos olvidarnos de las secciones de consulta de la Fundéu (Fundación del Español Urgente) ni de sus recomendaciones, que de manera rigurosa, didáctica y novedosa nos orientan sobre las dificultades más actuales.

https://youtu.be/gMT-Jzb92eg?list=PLZtK71olr8HIU0xGjAexhqgp3Tfcuo2Jb

 

Esperanza Valero Doménech

Grado en Traducción e Interpretación