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La conducta agresiva en el aula y los centros escolares ha dejado de ser contemplada y asumida como un fenómeno circunstancial y pasajero relacionado con la inmadurez de las relaciones en niños y adolescentes y su inexperiencia en el manejo de conflictos, para convertirse en una de las cuestiones más preocupantes de la convivencia escolar en la actualidad.  La violencia constituye un fenómeno complejo y  diverso, en el que entran en juego multitud de factores y muchas líneas de influencia. La forma más común de este tipo de violencia se da entre compañeros, pero cada vez son más lo casos de agresiones de adolescentes y jóvenes contra sus profesores.

Ante estas situaciones, surgen una serie de inevitables preguntas: ¿cuál es el nivel de responsabilidad de los centros educativos? ¿de qué forma deben intervenir los profesores en particular y la comunidad educativa en general? ¿se puede prevenir la violencia? ¿cómo deben reaccionar los docentes ante alumnos conflictivos y violentos?

La violencia escolar como origen del bullying

El bullying o acoso escolar es un fenómeno distinto y más grave que los episodios aislados de violencia. En el bullying se produce un hostigamiento o acoso sistemático por parte de uno o más agresores contra una única víctima en inferioridad de condiciones. Por lo tanto, podemos considerar al bullying como una degeneración, multiplicación o dilatación en el tiempo de los episodios aislados de violencia escolar.

El origen del bullying se encuentra en los episodios de violencia escolar, por lo que la forma más efectiva de evitar que una situación de acoso se convierta en bullying continuado son las medidas preventivas contra la violencia en los centros educativos

violencia aula profesores

La prevención de la violencia

Para que sea verdaderamente efectiva, la violencia escolar se debe prevenir desde dos ámbitos distintos: el social y el personal. Los trabajos de prevención a un nivel social o familiar se conocen como prevención primaria y se basan en la activación de programas que persiguen conocer y, en la medida de lo posible, mejorar el entorno socio económico, siendo para ello necesaria la colaboración de los trabajadores y servicios sociales. Otra línea de trabajo tiene que ver con la potenciación de la comunicación con las familias, estando muy atentos a sus necesidades y tratando de solucionar la indiferencia, recelo o desconfianza de algunos padres frente al entorno educativo.

A nivel personal o de intervención directa con los alumnos implicados (agresores, víctimas y observadores pasivos o alentadores) la mejor forma de evitar la violencia es la mediación entendida en un sentido amplio. No se trata únicamente de una técnica de gestión de conflictos, sino de todo un proceso educativo encaminado a la mejora y el cambio positivo en las personas que intervienen en él.

La idea es crear un proyecto de convivencia donde los alumnos son protagonistas de su proceso educativo y que persigue los siguientes objetivos: promover la gestión positiva de los conflictos. facilitar acuerdos, reducir tensiones, crear un clima escolar pacífico y constructivo  donde se puedan desarrollar valores como la autoestima, la confianza mutua, el diálogo, el consenso, las actitudes positivas y los valores democráticos.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia