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El bullying o acoso escolar es la intimidación o acoso entre escolares de forma repetitiva y mantenida en el tiempo. Casi siempre tiene lugar lejos de la presencia de personas adultas, profesores o padres, y su intención es humillar y someter abusivamente a un escolar indefenso por parte de un acosador y, más frecuentemente, un grupo. El acoso puede tener lugar en el ámbito físico, verbal o social, aunque a menudo se da una mezcla de los tres.

Las consecuencias para  la integridad personal, equilibrio psicológico y rendimiento académico de la víctima pueden llegar a ser muy negativas, por lo que es necesario su identificación con el fin de poder intervenir lo antes posible con las medidas educativas y de protección previstas para estos casos.

Principales indicadores de bullying

Las características de este tipo de violencia hacen difícil su identificación, puesto que suelen tener lugar a espaldas del profesorado y la familia: en el patio, en el comedor, fuera del colegio, a través del móvil, en la redes sociales, etc. No obstante, existen una serie de indicadores, unos referidos a los acosadores y otros a la víctima, que deben considerare como alertas de posibles casos de acoso escolar.

En la víctima

Los principales indicadores o síntomas en el alumno que sufre el acoso son los siguientes:

  • Faltas de asistencia a clase, ya sean alternativas o en forma de absentismo grave.
  • Descenso del rendimiento escolar.
  • Dificultad de concentración.
  • Sentimientos de culpa.
  • Apatía.
  • Síntomas depresivos o de ansiedad: irritabilidad, insomnio, pesadillas, falta de apetito, problemas gastrointestinales, ahogos, mareos, dolor de cabeza, inquietud, nerviosismo, pesimismo, etc.
  • Agresividad, problemas de autocontrol.
  • Conductas de huida y evitación
  • Miedo y síntomas de pánico.
  • Miedo a estar solo.
  • Ideas autolíticas.
  • Aislamiento.
  • Indefensión.
  • Negación de los hechos e incongruencias.
  • Respuestas emocionales extremas, como por ejemplo llanto incontrolado.

upset boy

En los acosadores

En el otro extremo de la balanza nos encontramos con los escolares que realizan activamente el acoso o participan de algún modo en el mismo. También muestran unos patrones de comportamiento identificables;

  • Agresividad verbal y/o física.
  • Insultos.
  • Acoso psicológico.
  • Conducta violenta.
  • Agresiones contra la propiedad.
  • Miradas y gestos violentos o de rechazo.
  • Coacciones.
  • Amenazas.
  • Impulsividad,
  • Abuso de poder.
  • Abuso sexual.
  • Grabación de las agresiones.
  • Acoso por telefónico y/o las redes sociales de Internet.
  • Aprobación y refuerzo de las conductas de acoso realizadas por otros.
  • Ignoran o aíslan colectivamente a la víctima.

Actitud del profesorado

La actitud del profesorado debe ser de extrema vigilancia, especialmente en todo lo que pueda suceder fuera del aula: en los lavabos, el recreo o los alrededores del colegio. Al mismo tiempo, debe mantener una actitud empática con la víctima o posible víctima y dialogante con los acosadores y los alumnos y alumnas que, de una forma u otra, permiten, animan y colaboran en estas acciones de violencia y acoso contra un compañero o compañera.

Otro aspecto importante es que siempre se ha de prestar atención a lo que dice el alumnado que asegura ser víctima de acoso escolar, ponerse en su lugar y dar credibilidad a su versión de los hechos, aunque aún no se hayan podido contrastar o verificar.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia