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Las acciones prosociales son aquellas que no tienen un beneficio directo para la persona que las realiza y que pueden suponerle un grado de riesgo. Normalmente, este tipo de actos parecen implicar siempre una mezcla entre hacer un pequeño sacrificio por el otro y obtener con ello una forma de recompensa personal por haberlo llevado a cabo. Este sacrificio es igualmente válido tanto si es para ayudar a una persona mayor a cruzar la calle como salvarle la vida a una persona que se está ahogando.

Muchas veces tendemos a pensar que un acto así está motivado por el ideal de conservar el bienestar de los demás, lo que vendría a llamarse conducta altruista. Sin embargo, cuando nos decidimos a ayudar, muchos pueden reconocer la típica frase “lo hago porque ese/a podría ser yo” a modo de justificar ese riesgo que podamos estar tomando en ese momento, por ello puede ser que realmente no exista ninguna conducta puramente altruista.

A la hora de comprometerse con una conducta prosocial en una situación de emergencia, el reparto de la responsabilidad también juega un papel importante. Esta reflexión devino del caso de una mujer asesinada en plena calle en Nueva York, el “caso Kitty”, el cual llamó mucho la atención ya que, a pesar de sus gritos de auxilio, ninguno de los testigos que allí miraban desde sus casas fue a socorrerla. Teóricos como John Darley y Bibb Latané de la Universidad de Nueva York estudiaron  este fenómeno al que llamaron “el efecto del espectador”, es decir, a medida que el número de espectadores aumentaba, la probabilidad de ayudar disminuía.

También se entiende que la idea de ayudar a otros o no depende mucho del instinto habitual a la conservación, así, si no ayudas, evitas muchos problemas potenciales para ti mismo.

Autores como Thompson, Higgins y Shaw entre otros, hablan de factores adicionales que repercuten en la probabilidad de que un testigo ayude o no. El primer factor habla de la atracción que se sienta hacia la persona socorrida, es decir, se tiende a ayudar más a aquellos que quieres o te interesan de algún modo. Esto explicaría porque nadie fue a socorrer en el “caso Kitty”, y sin embargo, cualquier padre o madre daría su vida por sus hijos, como en el caso del reciente atentado en Barcelona, donde un padre falleció al evitar que su hijo fuera arrollado por la furgoneta.

Otro de los factores que plantean, son las atribuciones de responsabilidad de las víctimas. Si suponemos que la víctima es responsable de su situación, tendemos a ayudar en menor medida. Como en el caso de dos hombres tendidos en la calle, aparentemente inconscientes, uno bien vestido y otro con la ropa sucia y rota, es más probable que ayudemos al primero que al segundo, ya que consideraremos que el primero sufrió un accidente y el segundo posiblemente vaya ebrio o drogado por decisión propia. Esto es así, si se asume que la mayoría de los accidentes son controlables, por lo tanto la víctima es responsable de su desgracia.

Siguiendo la línea del factor anterior, también se tiende a ayudar a aquel que guarda cierta similitud con nosotros, por ello en los casos de abusos sexuales de hombres a mujeres, es más probable que la mujer atribuya la culpa al hombre cuando considera parecerse a la víctima, y que los hombres traten de justificar al agresor, por el mismo hecho de ser un hombre.

El hecho de tener referentes positivos cercanos, también motiva a ayudar a los demás. Como por ejemplo, si ves a otras personas comprando comida para donarla a la salida del supermercado a una asociación de personas sin recursos, es más fácil que tú también decidas comprar para donar la comida a la salida.

En líneas generales, puede concluirse que aquellas personas que están motivadas por la integridad moral y tienen un ideal de justicia muy elevado, suelen estar dispuestos a sacrificar algo de interés propio con el fin de hacer lo correcto y ayudar a los demás. Y sin embargo, algunas personas que se definen a sí mismas como morales y éticas, a veces no actúan tan moralmente. Esto sucede porque están más preocupadas por las apariencias externas que por sus verdaderos intereses, lo que viene a llamarse doble moral o hipocresía.

En este apartado solo hemos detallado algunos factores de la ayuda prosocial que tienen que ver con la importancia de la situación, de las atribuciones acerca de la responsabilidad de la víctima y de la motivación. En futuros apartados hablaremos de otros factores influyentes, como la personalidad y el estado emocional, que también pueden impulsar a llevar a cabo conductas de ayuda.

 

Cadena de favores infinita:

https://youtu.be/8Gosg1ybxTU

 

BIBLIOGRAFIA

Baron, R. & Byrne, D. (2005).Conducta prosocial: Ayudar a otros. Psicología Social (397-444) Madrid: Pearson

Higgins, N.C., & Shaw, J.K. (1999). Attributional style moderates the impact of causal controlability information on helping behavior. Social Behavior and Personality, 27, 3, pp 221–236.

Shroeder,D.A.,Penner,L.A.,Dovidio,J.F.& Piliavin,J.A.(1995).The social psychology of helping and altruism:Problems and puzzles. New York:McGraw-Hill

Thompson, W. C., Cowan, C. L., & Rosenhan, D. L. (1980). Focus of attention mediates the impact of negative affect on altruism. Journal of Personality and Social Psychology, 38, 1,  pp 291–300.

 

Susana Avivar Cáceres