Retrato del escritor y docente de VIU Eduardo Jordá, sobre un fondo blanco con formas geométricas naranjas
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Eduardo Jordá: “No se puede entender nada de lo que ocurre en cualquier ámbito de la cultura sin tener en cuenta la presencia universal de Dylan”

 

Narrador, poeta, traductor, ensayista, periodista, crítico cultural y docente, Eduardo Jordá ha construido su vida en torno a las letras. Ha publicado la novela Pregúntale a la noche (2007); los libros de relatos Playa de los Alemanes (2006) y Yo vi a Nick Drake (2014); ha traducido del inglés El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, El aprendiz de emigrante de Robert Louis Stevenson y Volar, de H.D. Thoreau, entre otros; y es columnista de opinión y colaborador en diversos medios escritos como ABC, Diario de Sevilla, Diario de Mallorca o Clarín. En la Universidad Internacional de Valencia es director del Experto Universitario en Escritura, Estilo y Creatividad y docente del Máster en Creación Literaria.

Su más reciente aventura editorial, Número cero. Bob Dylan: retrato de un hombre invisible (Libros del Asteroide), es una biografía forjada con el personal sello de Jordá, centrada en el misterio que atraviesa la figura monumental del músico e icono cultural estadounidense. Para conocer más sobre qué es lo que lo motivó a dedicarle un libro a la figura de Dylan y el proceso de escritura de la obra, nos pusimos en contacto con Eduardo Jordá.

P: Lo primero ¿Por qué Bob Dylan? ¿Qué es lo que te resulta tan fascinante sobre su figura como para dedicarle un libro?

R: Fui a ver con mi hija la película “A Complete Unknown”, que no me gustó nada, y al salir mi hija -que no conoce de nada a Bob Dylan- me comentó que le había parecido un personaje fascinante pero incomprensible, “una especie de Messi”, me dijo. Y entonces se me ocurrió escribir algo sobre ese misterio de Dylan.

Portada del libro de Eduardo Jordá 'Número Cero. Bob Dylan: retrato de un hombre invisible'

P: En el título de tu libro lo calificas de invisible, y en otras ocasiones hablas de que ‘se esconde’ permanentemente ¿Puedes profundizar en esta aparente contradicción entre un personaje tan famoso y una persona tan desconocida que aúna el nombre de Bob Dylan?

R: Dylan vive en una contradicción permanente: quiere vivir como si fuera invisible, sin que nadie pueda meter las narices en su vida privada -por eso se negó a recibir el Nobel en Estocolmo, por miedo a la sobreexposición pública, que le aterroriza-, y al mismo tiempo no puede vivir sin estar haciendo giras y tocando continuamente en directo. Y lo mejor de su obra surge de esa tensión: el deseo de ser invisible y la necesidad de ser reconocido por el gran público.

P: La figura de Dylan atraviesa gran parte de la historia reciente de EEUU ¿Tiene algo de metáfora de la cultura de este país? Y, si es el caso ¿Cómo debemos entender su figura en el contexto actual de EEUU?

R: Uno de sus productores, Bob Johnston, dijo que si se pudiera crear un arquetipo psicológico y cultural de los Estados Unidos -una especie de destilado de la mente americana-, ese arquetipo sería Bob Dylan. En ese sentido, Dylan es la metáfora esencial para entender qué cosa son los Estados Unidos. Y en cuanto al contexto actual, Dylan se negó desde 1965 a ser el profeta o el guía o el gurú que señalara el camino, así que ahora mismo guarda un prudente -y quizá aterrorizado- silencio. Para él, lo único que cuenta es la música.

P: ¿Qué relevancia consideras que tiene Dylan actualmente? ¿Cómo y dónde ves su huella en la cultura actual?

R: Dylan ha dejado una huella permanente en la cultura de nuestra época. No se puede entender nada de lo que ocurre en cualquier ámbito de la cultura -la literatura, el cine, las series, la música, todo- sin tener en cuenta la presencia universal de Dylan. Él lo ha cambiado todo al mismo tiempo que nos hacía cambiar a todos nosotros.

Eduardo Jordá VIU

Eduardo Jordá

P: ¿Cómo ha sido el proceso de escritura del libro? ¿Nos puedes contar un poco acerca del proceso de documentación y de escritura?

R: Me llevó un año. Sobre Dylan se han escrito 23 biografías y 1900 libros y ensayos, que ahora serán ya 2000. Es una figura inabarcable, y él mismo, que es un lector apasionado de la Biblia, se ha comparado a la figura de Jehová (alguien que no podemos mirar ni ver porque si lo hacemos moriremos). Así que decidí prescindir de biografías y ensayos y de todo lo relacionado con la dylanología -hay miles de dylanólogos esparcidos por el mundo- y me concentré en algunos aspectos que me parecieron llamativos. Incluso introduje elementos de ficción. De otro modo, me resulta imposible enfrentarme a un personaje como él.

P: ¿Sientes que has conseguido lo que te propusiste al decidir escribir este libro?

R: Modestamente, sí. Hubo un momento en que estuve a punto de abandonar porque me parecía un personaje inabordable en todos los sentidos -una especie de Moby Dick que iba a acabar conmigo arrastrándome al fondo del mar-, pero al final logré encontrar una fórmula para acercarme a Dylan sin quedarme ciego ni ser arrastrado a las profundidades.