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Ya hemos hablado en post anteriores acerca del trastorno déficit atencional, también conocido como TDA o, cuando está asociado a hiperactividad, TDAH.

Sin embargo, ¿cómo debe un educador abordarlo en el aula? En este post responderemos a dicha pregunta a partir de una serie de tips.

Trastorno déficit atencional: qué llama la atención

Hay muchas causas de falta de atención en el aula. Pero cuando una persona sufre de trastorno déficit atencional, sus recursos cognitivos le dificultan más de lo habitual prestar atención a determinados estímulos relevantes en un momento determinado. Por ejemplo, la lección que el profesor está impartiendo.

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No se trata de un despiste o de desgana. Para las personas con trastorno déficit atencional, prestar atención a la información relevante se convierte muchas veces en una tarea extrema que agota sus energías mentales. Y más aún si hablamos de niños o de adolescentes, cuando su cerebro todavía se está formando.

Sin embargo, el educador puede tratar de ganar y/o recuperar esa atención oscilante si conoce a qué estímulos presta atención el cerebro por su propia cuenta. En este sentido, podemos distinguir dos tipos principales de estímulos:

1. Estímulos que no captan la atención involuntaria. Por ejemplo, la lección del profesor cuando éste recita un texto o lee directamente de un libro. En casos así, a muchos alumnos les cuesta mantener su atención debido al desinterés o al aburrimiento. Más aún si hablamos de alumnos con trastorno déficit atencional. 

2. Estímulos que sí captan la atención involuntaria. El cerebro humano ha evolucionado para prestar atención sin esfuerzo consciente a determinados estímulos. Estos deben emplearse en el aula para maximizar el aprendizaje. Hablamos de estímulos como:

  • El cambio. El cerebro humano ha evolucionado para prestar atención involuntaria a todo aquello que cambia. Por lo tanto, el educador que sabe manejar el cambio (de ritmo, de tono, de recursos...) logrará mejor el aprendizaje de sus alumnos, con y sin trastorno déficit atencional.
  • El movimiento. El movimiento es, en realidad, un tipo de cambio. En concreto, un cambio en el espacio. Si el educador se mueve cuando explica, logrará captar más la atención que si está sentado.
  • La interacción. Cuando las personas deben participar en la lección, su atención es mayor que cuando solo realizan un papel de escucha pasiva. Por lo tanto, el educador debe tratar de preguntar o pedir comentarios de sus alumnos para atraer y mantener su atención.

Trastorno déficit atencional: la orientación hacia el interés

Se dice que, cuando la atención se mantiene en el tiempo, esta se convierte en interés. El interés es, por lo tanto, una atención voluntaria de un individuo hacia un estímulo que él considera que le aportará algo: diversión, información valiosa, solución a un problema...

El buen educador es aquel que conoce los intereses de sus alumnos y los utiliza para orientar la lección y la enseñanza. Sobre todo, en el caso de los alumnos con trastorno déficit atencional. Por ejemplo, si en una clase de matemáticas hay un 80% de alumnos a los que les interesa el baloncesto, ¿qué será más eficaz para lograr la atención involuntaria? ¿Proponer un problema sobre hortalizas o sobre puntos logrados en un partido de dicho deporte?

Estas han sido solo algunas claves para atraer fácilmente la atención de los alumnos con trastorno déficit atencional, y también la de aquellos que no lo sufren. ¿Quieres conocer más? Entonces visita nuestro Máster Universitario en Prevención e Intervención Psicológica en Problemas de Conducta en la Escuela.

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Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia