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Es habitual hablar de TDA en niños cuando nos enfrentamos a este problema en el aula. Y es lógico, ya que es con niños con quienes van a estar en contacto los educadores de la educación elemental.

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Sin embargo, para poder comprender realmente todo lo que implica el TDA en niños, es buena idea compararlo con el TDA en adultos. De esta manera, el educador adulto podrá analizar las causas y las consecuencias del TDA en niños haciendo un poco de introspección y poniéndose en su lugar no como un adulto, sino como un niño.

En este post vamos a analizar algunas de esas diferencias con dicho objetivo.

TDA en niños: falta de recursos cognitivos

Al hablar de recursos cognitivos, nos referimos a todos aquellos recursos mentales que hacen referencia a la cognición, es decir, a la capacidad de nuestro cerebro para captar debidamente la información procedente del entorno.

Existe una zona del cerebro humano, llamada lóbulos prefrontales (LPF), que juega un papel crucial en la cognición dirigida. Entre otras muchas cosas, se encarga de gestionar la atención sostenida en el tiempo, es decir, la concentración.

Lo que ocurre es que los niños no tienen tan desarrollados sus LPF como los adultos. Se estima que esta zona del cerebro termina de madurar alrededor de los 25 años por término medio, aunque hay personas en las que ocurre a los 20 años y otras en las que ocurre a los 30 años.

Por lo tanto, teniendo esto en cuenta, es obvio que los niños no dispondrán de un desarrollo tan elevado de sus recursos cognitivos como puede disponer un adulto. Es por ello que el educador debe ser consciente de ello y abordar el TDA en niños en consecuencia. No le podemos pedir a un niño la misma concentración que a un adulto cuando los estímulos no le atraen. En lugar de eso, debemos procurar que los estímulos sean lo suficientemente atractivos como para que su atención se dirija hacia ellos involuntariamente. Ahí es donde entra en juego la empatía y la creatividad del educador.

TDA en niños: falta de recursos ejecutivos

Del mismo modo que los LPF se encargan de la cognición, también juegan un papel importante en las funciones ejecutivas. Entendemos por ejecución todo aquel procesamiento u operación que nuestro cerebro realiza con la información entrante con el objetivo de tomar una decisión y/o llevar a cabo alguna acción.

Un ejemplo claro lo encontramos en el autocontrol emocional. A los niños les cuesta más esfuerzo que a los adultos controlar sus emociones. En el caso del TDA en niños, es posible que dicho trastorno les acabe provocando determinadas emociones que no sepan cómo gestionar. El educador debe estar atento a ello para prestar su ayuda cuando sea necesario.

TDA en niños: hiperactividad

Las siglas TDA pueden referirse al Trastorno por Déficit de Atención sin más o a Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. En este segundo caso, se suelen emplear las siglas TDAH, aunque también es cierto que es habitual englobar todo, hiperactividad incluida, dentro del término TDA. Dado que en este post queremos obtener una visión lo más global posible, analizaremos también la hiperactividad como parte del TDA.

Así, nos encontramos con que el TDA en niños conlleva una hiperactividad más difícil de controlar que en el caso de los adultos. De nuevo, los LPF y el autocontrol emocional tienen mucho que ver en ello. El educador debe tener esto en cuenta y, si un niño muestra hiperactividad, debe permitirle, en la medida de lo posible, liberar dicha tensión. Bien sea jugando con un bolígrafo en la mano o incluso poniéndose de pie cuando lo necesite sin molestar al resto de sus compañeros.

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Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia