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La Real Academia de la Lengua Española define Saneamiento como el conjunto de técnicas y sistemas destinados a mejorar las condiciones higiénicas de un edificio, una comunidad o una ciudad; y también como el sistema de evacuación y tratamiento de los residuos urbanos e industriales de una ciudad.

Las instalaciones higiénicas de saneamiento son esenciales para la Salud Pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS) encabeza los esfuerzos mundiales por prevenir la transmisión de enfermedades y asesora a los gobiernos acerca de las reglamentaciones relativas a la salud. Con respecto al saneamiento, la OMS vigila la carga mundial de enfermedad y el nivel de acceso a instalaciones de saneamiento, además de analizar los factores que facilitan u obstaculizan los progresos que se producen. Gracias a dicha vigilancia, los países disponen de datos mundiales que les ayudan a decidir cómo invertir para proporcionar inodoros y garantizar la gestión segura de las aguas residuales y las excretas. La OMS colabora en la promoción de prácticas eficaces de gestión y evaluación de riesgos, publicando el manual “Planificación de la seguridad del saneamiento: uso y eliminación seguros de aguas residuales, aguas grises y excretas”; así como una “Directrices sobre saneamiento y salud “y una “Estrategia mundial sobre agua, saneamiento, higiene y enfermedades tropicales desatendidas”.

Casi un millón de personas de países de ingresos bajos y medianos mueren cada año como consecuencia de la insalubridad del agua y de un saneamiento e higiene deficientes. Estas muertes representan un 60% del total de fallecimientos por diarrea.  Los países en que la defecación al aire libre está más extendida registran el mayor número de muertes de niños menores de cinco años, así como los niveles más altos de malnutrición y pobreza y grandes disparidades en relación con la riqueza.

Acceder a una fuente básica de agua potable parece posible, sin embargo el acceso universal a instalaciones de saneamiento básicas no lo es. El 90% de las aguas residuales en los países en desarrollo se vierten parcialmente tratadas o sin tratar directamente a ríos, lagos u océanos. Las personas en situación de pobreza de las zonas urbanas de grandes ciudades están expuestas a sistemas de alcantarillado deficientes o inexistentes, donde escasean los aseos con inodoro y las instalaciones de eliminación de residuos. Las desigualdades en el acceso se ven agravadas cuando las aguas residuales de los hogares más ricos se vierten en desagües pluviales, cursos de agua o vertederos y contaminan las zonas residenciales pobres. Un saneamiento deficiente contribuye a la malnutrición y va asociado a la transmisión de enfermedades como el cólera, la diarrea, la disentería, la hepatitis A, la fiebre tifoidea y la poliomielitis.

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La Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) reconoció que el acceso al agua potable salubre y limpia, y al saneamiento es un derecho humano, enunciado como Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El sistema de vigilancia orientado a valorar este objetivo, proporcionó para 2015 los siguientes indicadores:

  • El 39% de la población mundial (2.900 millones de personas) utilizaba un servicio de saneamiento gestionado de forma segura, lo que supone que sus excrementos se eliminaban de forma segura in situ o se sometían a tratamiento en otro lugar.
  • El 27% de la población mundial (1.900 millones de personas) utilizaba instalaciones privadas de saneamiento conectadas al alcantarillado, desde el cual se trataban las aguas residuales.
  • El 13% de la población mundial (900 millones de personas) utilizaba inodoros o letrinas en los que se eliminaban los excrementos in situ.
  • El 68% de la población mundial (5000 millones de personas) utilizaba al menos un servicio básico de saneamiento.
  • 300 millones de personas siguen sin tener instalaciones de saneamiento básicas como inodoros o letrinas que no estén compartidas con otras familias; y de ellas, 892 millones todavía defecan al aire libre (en alcantarillas, detrás de arbustos o en cauces abiertos de agua).
  • Al menos el 10% de la población mundial consume alimentos regados con aguas residuales.

La meta fijada por ONU para el año 2030 es que todas las personas en la Tierra tengan acceso a agua potable segura y asequible. La protección de humedales y ríos, así como la aplicación de tecnologías compartidas de tratamiento integral del agua son fundamentales para conseguir este objetivo. Su cumplimiento está basado en la cooperación internacional y los actores principales deben ser gobiernos, empresas y la sociedad civil.

Finalmente, les recomiendo dos videos, el primero del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento de Perú sobre Saneamiento para la salud de los pueblos y el medio ambiente y el segundo de la organización no gubernamental ONGAWA Desarrollo Humano al Saneamiento

https://youtu.be/WioSJ3aXb0M

https://youtu.be/8AkASCCOl5Y

Manuel Vaquero Abellán

Profesor del Máster en Epidemiología y Salud Pública. Universidad Internacional de Valencia.