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En 1947, la Organización Mundial de la Salud (OMS) propuso la siguiente definición: “la salud es un estado de bienestar físico, mental y social total, y no exclusivamente la ausencia de enfermedad”. Actualmente, el concepto de salud es debatido en el sentido de que no se puede hablar de ella en términos abstractos y generalizables para todas las personas. La salud engloba aspectos subjetivos (bienestar personal, salud percibida), aspectos objetivos (capacidad ) y aspectos psicosociales (adaptación biológica, mental y social de la persona en el ambiente natural, cultural, social...).

La salud es un derecho fundamental por lo se entiende que el fomento de la misma recoge el conjunto de actividades que ayudan a la persona a tener y utilizar los recursos necesarios para conservar o aumentar su bienestar general, mejorando su calidad de vida.

En España (1978) la Constitución Española en su artículo 43 recoge lo siguiente (1) se reconoce el derecho a la protección de la salud, (2) compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios. La ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto y, (3) los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte. Así mismo, facilitarán la adecuada utilización del ocio.

En 1988, la OMS introdujo la necesidad de la prevención de riesgos frente  a la curación de enfermedades, aunque ya existían textos al respecto desde la época antigua. De hecho, los primeros textos que se conocen sobre la organización del trabajo aparecen en el Pentateuco (éxodo 20-9-10) y, los estudios sobre biomecánica y trabajo muscular proliferan entre los siglos XV y XIX. Hasta el s XX, los estudios se centran en la máquina con el fin de aumentar el rendimiento pero es partir del s XX, cuando se comienza a estudiar al hombre de forma que poco a poco se evoluciona en la consideración de la salud y la  prevención de riesgos laborales.

En este ámbito de estudio e intervención los riesgos psicosociales tienen un papel principal refiriéndose a aspectos del diseño del trabajo, de la organización y de la dirección del trabajo, y sus contextos sociales y organizacionales que tienen el potencial de causar daño psicológico, físico, o social. La Psicosociología puede contribuir a la prevención de riesgos laborales desde tres ámbitos de aplicación:

  1. Estudio y actuación el puesto de trabajo y la realización del mismo. Se tienen en cuenta factores como la organización del trabajo, horarios, espacios, formación específica que tiene el trabajador para llevarlo a cabo, instrucciones que se le dan para realizar su función, etc.
  2. El segundo ámbito de aplicación presta atención a la persona y a su exposición a estos factores psicosociales.
  3. Desarrollo de herramientas y estrategias de prevención