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Los tiempos cambian. Si no, que se lo digan a la industria de los videojuegos y su inexorable transición de física a digital. La eterna pugna de formatos va decantándose cada vez más hacia lo segundo, que acumula alrededor del 75% de ingresos (sin contar el mercado móvil, plenamente digital) entre juegos, expansiones y polémicas microtransacciones. Las grandes compañías llevan lustros queriendo sacar del mapa a intermediarios como transportistas y minoristas. Y lo están consiguiendo. Primero fue la lamentable decisión de todas las grandes de dejar los manuales como recuerdo del pasado. Luego vinieron las instalaciones obligatorias y los privilegios para quienes apostasen por lo digital, que está llegando a su máxima expresión con iniciativas como Xbox Game Pass. El caso es que la transición a plataformas juegos digitales es un hecho. ¿Qué ganamos y qué perdemos con el cambio?  

Plataformas juegos digitales: a favor

  • Orden. Nada de cajas repartidas por toda la casa. Nada de abrir una y encontrarse con un disco distinto, ir a por la caja de éste e hilar por la cadena de discos mal colocados. Las bibliotecas digitales nos permiten ahorrar espacio en la estantería y tenerlo todo organizado en un instante según distintos filtros. Los juegos nunca se perderán.
  • Nos evitamos cambiar discos. La biblioteca digital nos permite cambiar de juego en pocos segundos y sin mover más que un dedo. Guybrush, no te apures, que lo de cambiar discos se acabó.
  • Sin daños. A todos nos ha ocurrido. Un arañazo en un CD o la corrosión de las clavijas de un cartucho son sorpresas desagradables que nunca ocurrirán con un juego digital.

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  • Disponibilidad ilimitada. Casos excepcionales aparte como la desaparición de Alan Wake de las plataformas juegos, la versión digital siempre tendrá claves para vender. A largo plazo, esto significa que no sufrirá especulaciones con el paso del tiempo, como pasa con cualquier juego de escasa tirada inicial.
  • Precarga de juegos. Los más ansiosos no tienen que esperar horas a que descargue su esperado lanzamiento, sino que pueden dejarlo preparado para acceder a él durante la madrugada, sin esperar a que abran las tiendas.
  • Opción de compartir cuentas. Algunos servicios ofrecen cierta flexibilidad para combinar los juegos con los de un amigo. Nada que no se pudiera hacer físicamente pero que resulta la mar de cómodo.
  • Ofertas. Inicialmente fue Steam la plataforma juegos que tiró la casa por la ventana con precios absurdamente bajos. Se rumorea que sus rebajas llevan años sin ser las mismas, pero su precedente contagió al resto de tiendas que han entrado en un bucle de ofertas muy suculentas para el consumidor. En PC, la labor de Humble Bundle es tan redonda que nos ha inculcado un preocupante síndrome de Diógenes digital.
  • Juegos gratis. Las tiendas te quieren atraer como consumidor. Las menos extendidas como Origin, uPlay o GOG no dejan de ofrecer promociones de juegos gratuitos para siempre para que te entren ganas de revisitar su escaparate.

 

Plataformas juegos digitales: en contra

  • Sensación de propiedad. Más allá de una sensación, el formato físico te convierte en el propietario del juego. Las plataformas juegos digitales únicamente te conceden acceso a lo que hayas adquirido, que durará el tiempo que siga en boga la plataforma. Cuando el canal Tienda de Wii cierre dentro de un año, nunca más se podrán descargar las compras que se hicieran en él, como ya pasó con la DSi Store. Otra forma de perder todo lo comprado es ganarse un baneo permanente por mal uso de un juego online.
  • Préstamo y reventa. Microsoft lo intentó en 2013, pero tuvo que recular. La comunidad dejó muy claro que el formato físico está para ser su propietario y poder dejar o vender el juego sin limitaciones de DRM.
  • Admirar tu colección. Ocupan espacio, ¿pero acaso no quedan como un guante a tu estantería? Y por pocos que queden en la actualidad, encontrarse con un manual, por escueto que sea, siempre es un motivo para apostar por lo físico.
  • Precio. Contraintuitivo, pero cierto. De salida, y mientras haya disponibilidad de primera mano, los juegos suelen ser más baratos en tiendas físicas.
  • Ediciones especiales. Guías con extras, pegatinas, figuras, mapas... Los coleccionistas nunca quedarán satisfechos con una simple ranura más en su catálogo digital.
  • Independencia de Internet. Esto último cada vez más está dejando de ser cierto debido a los pesados parches de los que pocos juegos se libran, pero siempre queda la opción de desactivar del todo Internet y jugar a lo que el disco contenía en un principio.

  No hay una forma mejor que otra de consumir juegos. Sin embargo, como comunidad, nunca deberíamos adquirir juegos digitales a precio completo. El mensaje que se les está mandando a los desarrolladores es que no tienen por qué mimarnos con distribución, empaquetado y manuales, dado que con una simple clave digital estamos dispuestos a pagar lo mismo.  

 

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia