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La relación con el grupo de iguales es un elemento esencial para la socialización de niños y adolescentes y contribuye junto con otros factores como la familia y la escuela, al bienestar psicológico y al ajuste social, emocional y cognitivo del menor. Sin embargo, las relaciones con los iguales no influyen siempre de forma positiva en el desarrollo de la persona ni están exentas de conflictos (1). Para muchos niños el colegio representa un verdadero martirio, no porque obtengan malos resultados o porque los maestros sean severos, sino a causa de la violencia sufrida por parte de sus compañeros (2).

Actualmente, la violencia en los centros escolares y, en concreto, el maltrato entre iguales (bullying) ha dejado de ser un mero incidente en el contexto educativo para convertirse en un problema de convivencia pública, así como en una preocupación general a considerar por padres, profesores, administraciones y por la sociedad en general, con la amplificación y la visibilidad que aportan los medios de comunicación. Prueba de ello es la proliferación de investigaciones científicas sobre el tema tanto desde una perspectiva teórica como práctica.

El informe publicado por Save the Children en 2016 señala que un 9,3% de alumnos de Educación Secundaria referían haber sufrido acoso escolar y un 6,9% ciberacoso. Este estudio se realizó con 21.500 menores de toda España con edades comprendidas entre 12 y 16 años. Si extrapolamos los porcentajes anteriores al conjunto de la población, el número de víctimas de acoso escolar se eleva a 111.000 y el número de alumnos que dicen haber sufrido ciberacoso a 82.000 menores de edad (3). Estas alarmantes cifras ponen de manifiesto la necesidad de implementar programas fiables y previamente validados para prevenir el bullying. En este sentido las formas y estrategias de intervención en el maltrato entre iguales son muy variadas, ya que actúan a diferentes niveles en el centro educativo. Existen intervenciones que se implementan a nivel de aula, otras a nivel de actividades en todo el centro educativo, también a nivel de supervisión de recreos y comedor, otras en los reglamentos del colegio y, por último y traspasando las puertas de la institución, intervenciones comunitarias donde se involucra a la familia y a la comunidad. Para ordenar de alguna forma estas posibles acciones, debemos señalar la diferencia entre la aplicación de técnicas anti-bullying y la implantación de un programa integral antiacoso. Estos pueden ser ejemplos de técnicas anti-bullying:

Técnicas de intervención individual. Dos importantes rasgos en el alumnado víctima de acoso son la indefensión y la falta de autoestima, por lo que el objetivo de esta modalidad de intervención es trabajar directamente con la víctima de maltrato, con la finalidad de enseñarle a desarrollar estrategias de afrontamiento, empatía, de asertividad, resolución de problemas, etc.

Técnicas de apoyo y mediación entre iguales. Son estrategias proactivas (4), donde los alumnos asumen el pleno control de su conducta participando de forma activa en los programas anti-bullying del centro educativo (i.e. círculo de amigos, tutorías de compañeros, programas de apoyo entre compañeros, etc.).

Programas integrales antiacoso (whole policy). Este tipo de programas pueden implementar estas y otras técnicas (sistemas de intervención individual y sistemas de apoyo y mediación entre iguales), pero la implantación de un programa implica generar una cultura de solidaridad, respeto y buen trato. Hay una preocupación por los valores morales y una filosofía de equidad y justicia. Se busca no solamente el éxito académico sino el bienestar y el correcto desarrollo psíquico y social del menor, para lo que se necesita una atención integral, en los planos intelectual, físico, psicológico y social, e integrada en todos los ámbitos que le rodean, escuela, familia y sociedad, y es que la traducción literal de "whole policy" es "política integral".

Respecto a la efectividad de estos programas, diferentes estudios de meta-análisis cuyo objetivo fue examinar el tipo y características de los programas anti-bullying utilizados en distintos países, nos demuestran que los programas de prevención y tratamiento más efectivos son aquellos que tienen una perspectiva sistémica (integrada en todos los niveles del sistema). Estos programas son multidisciplinares y se realizan en los diferentes estratos de la organización del colegio, desde el alumno víctima hasta el entorno familiar y social, pasando por el aula y sus compañeros y la globalidad del colegio, pero no de forma independiente, sino coordinada entre los diferentes niveles de atención.

Este tipo de intervención asume el maltrato entre iguales como un problema sistémico que reclama soluciones a distintos niveles y no centrarse únicamente en actividades dentro del aula. Busca influir e intervenir con distintas actividades en todo el ambiente escolar y fuera de él e involucrar a individuos, víctimas, agresores, grupos de pares, aulas, profesores, administración, familias en general y familias de víctimas y agresores. Es decir, a toda la sociedad.

Algunos programas de prevención integrales y sistémicos: el Olweus Bullying Prevention Program (OBPP) (Olweus, 1993, 2001) en Noruega (5), el Sheffield Anti-Bullying Project (Smith y Sharp, 1994) (6) en Inglaterra, (Stevens, Bourdeaudhuij y Van Oost, 2000) (7) en Bélgica; el Sevilla Anti-Violencia Escolar (SAVE) (Ortega, 2000) en España y el programa KiVa Koulu (2009) en Finlandia, descrito en el siguiente vídeo (http://www.kivaprogram.net).

(1) Defensor del Pueblo-UNICEF (2000). Informe sobre Violencia escolar: El maltrato entre iguales en la educación secundaria obligatoria. Madrid: Publicaciones de la Oficina Defensor del Pueblo.

(2) Schäfer, M. (2005). Acoso escolar. Mente y cerebro, (11), 21-23.

(3) Save the Children (2016). Yo a eso no juego. Bullying y ciberbullying en la infancia.

(4) Thompson, F. y Smith, P. K. (2012). Anti-bullying strategies in schools: what is done and what works. British Journal of Educational Psychology, Monograph Series II, 9, 154-173.

(5) Olweus, D. (2001). Olweus’ core program against bullying and antisocial behavior: A teacher handbook. Research Centre for Health Promotion (HEMIL Center). Bergen, Norway.

(6) Smith, P. K. y Sharp, S. (Eds.) (1994). School bullying: Insights and perspectives. London: Routledge.

(7) Stevens, V., De Bourdeauhuij, I. y Van Oost, P. (2000). Bullying in Flemish schools: An evaluation of anti-bullying intervention in primary and secondary schools. British Journal of Educational Psychology, 70(2), 195-210.

(8) Ortega, R. (2000). Educar la convivencia para prevenir la violencia. Madrid: A. Machado Libros.

(9) KiVa internacional (2009). Turku: Ministerio de educación y cultura. http://www.kivaprogram.net.

 

Ana Mª Magaz Muñoz

Profesora colaboradora del Máster Universitario en Prevención e Intervención Psicológica en Problemas de Conducta en la Escuela.