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El acoso escolar o bullying es un problema de primer orden, con una gran prevalencia y terribles consecuencias, que no sólo afectan a la comunidad educativa, sino también toda a la sociedad en general. Las causas del bullying son complejas y afectan a diversas variables, teniendo muchas de ellas su origen fuera de la escuela, como sería el caso de un entorno social permisivo o justificador de las actitudes violentas.

Además de producirse, por definición, fuera de la vista de los adultos y de que los nuevos modelos de acoso, como el ciberbullying, favorecen el anonimato, existe otro factor clave a la hora de retrasar o dificultar la detección y resolución de las situaciones de acoso escolar: las falsas creencias sobre el buylling.

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Principales mitos en relación al bullying

 

1) Son cosas de críos, actitudes normales dentro del proceso de maduración

Desgraciadamente, hasta hace muy pocos años estaba muy enraizada la idea de que el bullying era algo inevitable, una actitud bastante normal propia de la falta de madurez de los niños y adolescentes en las relaciones interpersonales y sociales. En cierta forma, se consideraba el acoso escolar una especie de aprendizaje o prueba de madurez, una etapa más en el tránsito de la niñez a la edad adulta.

Profesores, padres y la sociedad en conjunto comulgaban con estas ideas, lo que contribuía a retroalimentar y reforzar el acoso. Estas situaciones se veían como normales y, en consecuencia, rara vez se actuaba. La inanición y las actitudes pasivas fueron la tónica habitual ante los problemas de acoso escolar, y la norma era esperar que con el tiempo los agresores se olvidaran del tema y dejaran de acosar a la víctima.

Como ocurre en tantas ocasiones, han tenido que ser las situaciones extremas, incluyendo algún caso de suicidio, las que han provocado un punto de inflexión. Podemos afirmar que, en la actualidad, se está dando la vuelta a la situación, al menos en lo que respecta al reconocimiento del problema y a ser conscientes de que mirar hacia otro lado es un gran error que puede tener irreparables consecuencias.

 

2) Es la propia víctima la que provoca o facilita el conflicto

La culpabilización de la víctima ha estado siempre muy presente en el bullying, existiendo teorías psicológicas que avalan la idea de que es el chico o chica acosada, con su actitud o comportamiento, quien provoca el conflicto. Lo cierto es que esta forma de pensar, además de ser muy cruel e injusta con la víctima, no está en absoluto demostrada ni, en ningún caso, puede justificar una actitud permisiva con el acoso.

 

3) Los casos de bullying son aislados y solo afectan a los centros públicos de barrios conflictivos.

Diversos estudios en forma de encuestas anónimas constatan que en los centros escolares españoles uno de cuatro alumnos ha sido víctima de acoso escolar o lo ha presenciado en algún momento, sin que se hayan identificado diferencias significativas en función de la zona donde esté ubicado el colegio o el hecho de que su titularidad sea pública, concertada o privada.

 

4) Muchas veces se trata de exageraciones o una excesiva susceptibilidad de la víctima

Las relaciones entre personas siempre pueden tener un punto de subjetividad y  diferentes puntos de vista. Sin embargo, no se debe caer en el error de no dar crédito al testimonio de una víctima. Siempre hay que investigar el caso, escuchar otras versiones y testimonios y obrar en consecuencia.

 

5) Las consecuencias del bullying son pasajeras y finalizan con el acoso

Otra falsedad. Aunque no ocurre en todos los casos, las consecuencias del bullying pueden dejar una negativa huella para toda la vida, principalmente en las víctimas, pero también en los agresores y hostigadores e, incluso, en los observadores pasivos. Diverso estudios han detectado, ansiedad, depresión y otros problemas psicológicos e inadaptación social o laboral en adultos que, en su etapa escolar, estuvieron involucrados de una forma u otra en un experiencia de bullying.

Por otro lado, conviene recalcar que el bullying es también causa de fracaso escolar tanto en las víctimas como en los acosadores y el resto de chicos y chicas de la clase o centro educativo, puesto que estas situaciones enrarecen el ambiente escolar, dificultando el funcionamiento normal de la clase y su correcto aprovechamiento.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia