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Hasta hace poco tiempo el acoso escolar o bullying no era considerado como tal, se le restaba importancia, considerándolo simples peleas y riñas entre niños o adolescentes. En resumen: una etapa más del crecimiento, inevitable y de carácter temporal.

 

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Por desgracia, algunos casos extremos que han derivado incluso en suicido acontecidos en varios países, entre ellos España, se han visto reflejados en los medios de comunicación en los últimos años, pasando a ser un problema importante para toda la comunidad educativa, así como objeto de estudio de psicólogos e investigadores.

Las consecuencias no son transitorias

Uno de los problemas de los casos más severos de bullying es que las consecuencias no son transitorias, sino que frecuentemente dejan importantes secuelas que se perpetúan en la edad adulta. Por lo tanto, no se trata únicamente de un padecimiento que el niño sufre durante una etapa, más o menos razonable, de su vida escolar y luego olvida.

Recientemente, la revista Psychological Science ha publicado un estudio  que demuestra, clasifica y tipifica las consecuencias el bullying en la edad adulta de quienes lo sufren y, en ocasiones, también de los acosadores. El estudio se centra en Carolina del Norte (EEUU), pero al tratarse de un comportamiento universal y con unos rasgos y características muy comunes, puede ser perfectamente extrapolable a cualquier país.

Las conclusiones del estudio

El estudio ha sido realizado por investigadores de la University of Warwick y del Duke University Medical Center tomando como muestra a 1.400 niños de Carolina del Norte, cuyas edades oscilaban de los nueve a los trece años. Se trata de un estudio progresivo, que comenzó en 1993, y a partir de entonces los analistas han evaluado, mediante chequeos anuales, la salud física y psíquica de chicos y chicas que habían sido víctimas en el pasado de acoso escolar.

Las conclusiones ha sido demoledoras, puesto que aquellos chavales que habían sufrido bullying se les han encontrado una serie de problemas de salud, emocionales y de relaciones personales y laborales:

  • Mayor tendencia a la obesidad.
  • Desarrollo de problemas de salud graves como diabetes o cáncer (relacionados con malos hábitos como alcoholismo o tabaquismo).
  • Problemas para afrontar relaciones de pareja o amistad a largo plazo.
  • Mayores dificultades para mantener trabajos estables.
  • Más tendencia a sufrir desórdenes psiquiátricos como depresión y ansiedad

«No podemos seguir disculpando el bullying, considerándolo inofensivo, casi inevitable y parte del crecimiento”, ha afirmado en un comunicado de prensa Dieter Wolke, uno de los autores del estudio. “Tenemos que cambiar esta mentalidad y hacernos conscientes de que se trata de un problema serio para el individuo y para la sociedad; los efectos son duraderos y significativos”, concluía el investigador.

Es necesario nuevas herramientas y recursos

Aunque el experto considera que «algunas intervenciones se están ya llevando a cabo en los colegios». Wolke es de la opinión que aún queda mucho camino por recorrer. «Se necesitan nuevas herramientas que ayuden a los profesionales a identificar, monitorizar y manejar los efectos negativos del bullying”, ha afirmado el investigador.

En cualquier caso, el verdadero reto es acabar con estas repudiables prácticas escolares poniendo todos los medios que sean necesarios ya que, aunque sus efectos perniciosos no fueran tan duraderos, no es aceptable el padecimiento de ningún niño o adolescente  durante su etapa de aprendizaje.