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Cada vez son más los docentes e instituciones educativas que incluyen la práctica de mindfulness con sus alumnos, en las aulas, en el currículo y en las tutorías. Se calcula que más de 200 colegios públicos estatales lo implementan de forma sistematizada y, aunque es un número en incremento, solo correspondería al 1% del total de centros. Pero este dato es optimista, puesto que los resultados en aquellas instituciones donde se implementa son satisfactorios tanto para el alumnado como para los profesores. Resultados que impulsan cada vez a más docentes y padres a demandar este tipo de intervención en la educación.

Estos datos nos resaltan la importancia de una implementación rigurosa y sistematizada para que, cada vez más, podamos responder a las demandas educativas de nuestra sociedad actual. Demandas que, hoy en día, apuntan hacia un interés por educar al alumno más allá de la dimensión académica.

De este modo, se hace necesario contemplar una educación holística en el desarrollo del niño. Su maduración física, mental y emocional ha de estar contenida y acompañada por las instituciones educativas, no solo para mejorar el rendimiento académico e intelectual del alumno, sino para nutrir su interioridad, desarrollar su creatividad, descubrir sus recursos emocionales y facilitar el aprendizaje de un continuo ajuste funcional de sus conductas, pensamientos y emociones al entorno. Un ajuste dado por la atención, amable y sin juicios, a las demandas internas  y externas del momento presente. Desarrollando así una apertura y flexibilidad que les hará crecer con una mente grande y resiliente.

En los colegios y universidades que implementan este entrenamiento en su rutina diaria con los alumnos, se observa cómo las aulas recuperan un clima de equilibrio, apertura al aprendizaje y calma. Pero es importante recordar que, en esta tarea, están implicados tanto el educador como el alumno. Sabemos que los niños aprenden por observación y modelado de los adultos de referencia así que, pedir aquello que no se les ha dado o mostrado, no servirá para implementar aquellas conductas o hábitos que deseamos. De esta manera, tanto profesores como padres tienen un papel protagonista en la implementación de la práctica mindfulness en la educación.

Veamos, entonces, qué es Mindfulness.

Mindfulness se ha traducido como Atención Plena y podríamos definirlo como “consciencia que emerge a través de poner atención intencional, en el momento presente, de manera no condenatoria, del flujo de la experiencia momento a momento” (Kabat-Zinn, 2003; 145) y como la “capacidad humana universal y básica, que consiste en la posibilidad de ser conscientes de los contenidos de la mente momento a momento” (Simón, 2006: 8).

Por tanto, todos tenemos la habilidad mindfulness de ser conscientes del momento presente, de vivirlo de una forma amable y sin juicios, con la apertura y flexibilidad de una mente grande que quiere descubrir y profundizar en aquello que le viene dado en el momento. Y esta forma de estar en el presente genera sensaciones de calma por la regulación emocional y estabilidad mental que se consigue con su práctica. Pero eso si, es necesario entrenarla. La sociedad de las nuevas tecnologías y de la velocidad de la información llevan a llenar la mente de múltiples estímulos, de pensamientos vagos, poco profundos e irreflexivos y a una avidez por acumular, tener y no esperar. Nos llevan a cultivar una alternancia continua de la atención y su consecuente inestabilidad, y a una rapidez y multitud de tareas que no dan espacio ni tiempo para escuchar y atender los estados emocionales internos. Hecho que, cada vez más, lleva a los niños y adolescentes a vivir unas mareas emocionales que les agitan, distraen, les frustran, irritan y excitan.

Todo esto repercute en sus procesos atencionales, en la adecuada regulación emocional y en su aprendizaje, tres procesos mentales que pueden transformarse gracias a la práctica diaria de mindfulness. Por ello, educadores, profesores y padres son responsables de crear las condiciones necesarias y el ambiente adecuado que sustente el desarrollo sano del cerebro de los niños y jóvenes.

A este respecto, se ha demostrado que la práctica de mindfulness mejora la actividad de circuitos de la corteza prefrontal, que son fundamentales para mantener la atención, y de la corteza parietal, que dirigen la atención centrándola en un objetivo específico. Además de la mejora en la atención selectiva, mejora la metacognición, el autocontrol y los estados de relajación (Davidson, 2012). Disminuye los niveles de estrés, ansiedad, impulsividad y reactividad, favoreciendo por tanto, los procesos reflexivos. Todos ellos factores imprescindibles en el desarrollo del aprendizaje del alumno.

Entonces, si contemplamos la práctica de mindfulness junto a las prácticas de compasión, valores y ética en el aula, con niños, adolescentes, maestros y padres, estaremos cambiando la educación y con ello, transformando el mundo. Los niños serán capaces de atender de manera clara a las experiencias internas y externas, podrán tolerar el malestar emocional habiendo aprendido una sana regulación y podrán responder de manera compasiva y amable a los demás, porque habrán aprendido a hacerlo con ellos mismos. Serán capaces de empatizar y mejorar sus relaciones encontrando el equilibrio mental para el cuidando de su cuerpo y su mente, en colaboración con los otros, de forma inclusiva y amorosa, sembrando aquella felicidad interna que hoy buscan afuera.

Así, la práctica del mindfulness no solo disminuye el estrés, mejora el aprendizaje y la atención sino que facilita un equilibrio en las aulas, dotando al alumnado de recursos internos que mejoran su bienestar y sus relaciones, tanto consigo mismos como con los compañeros.

Os dejamos con un vídeo para seguir reflexionando sobre la práctica de mindfulness con niños, familias y escuela.

 

Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=OaYp9aCTy-Q

 

Belén Colomina Sempere

Profesora colaboradora del Máster Universitario en Prevención e Intervención Psicológica en Problemas de Conducta en la Escuela, en la Universidad Internacional de Valencia (VIU)

 

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BIBLIOGRAFÍA

 

  • Colomina, B. (2017). Mindfulness para familias. Bilbao: Desclée de Brouwer.
  • Colomina, B. y García-Aguado, P. (2014). La adolescencia. 7 claves para prevenir los problemas de conducta. Barcelona: Amat.
  • Davidson, R. y Begley, S. (2012).El perfil emocional de tu cerebro. Barcelona: Destino.
  • García-Campayo, J., Demarzo, M. y Modrego, M. (2017). Bienestar emocional y mindfulness en la educación. Madrid: Alianza editorial.
  • Goleman, D. (2013). Desarrollar la atención para alcanzar la excelencia. Barcelona: Kairós.
  • Kabat-Zinn, J. (2003). Vivir con plenitud las crisis. Cómo utilizar la sabiduría del cuerpo y la mente para afrontar el estrés, el dolor y la enfermedad. Barcelona: Kairós.
  • Kabat-Zinn, J. (2007). La práctica de la atención plena. Barcelona: Kairós.
  • Lantieri, L. y Goleman, D. (2009). Inteligencia emocional infantil y juvenil. Ejercicios para cultivar la fortaleza interior. Madrid: Aguilar.
  • Simón, V. (2006). Mindfulness y neurobiología. Revista de Psicoterapia, 17, 5-30.
  • Simón, V. (2011). Vivir con plena atención. Bilbao: Desclée de Brouwer.