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El tracto gastrointestinal humano alberga billones de microorganismos (Ley, Peterson, & Gordon, 2006). Estos microorganismos forman una microbiota, que se define como los microorganismos que se encuentran de forma natural en los seres vivos, incluido el ser humano, y que en condiciones normales están en relación simbiótica con él y son beneficiosos para la salud. Sin embargo, debido a diferentes factores, esta microbiota puede variar, y con ello las interacciones metabólicas que afectan a la nutrición y el metabolismo humano.

Estas interacciones metabólicas entre el ser humano y su microbiota es un tema de investigación nuevo que poco a poco se está comprendiendo gracias principalmente al desarrollo de diferentes técnicas moleculares que permiten conocer  qué tipos de microorganismos podemos encontrar en el intestino, cómo varía esta microbiota dependiendo de diferentes factores como la edad, la dieta o la enfermedades, cuales son las funciones de estos microorganismo y qué nos aportan, ya sea bueno, como vitaminas, o malo, como diferentes enfermedades (Lozupone, Stombaugh, Gordon, Jansson, & Knight, 2012).

Que la dieta es un factor importante que influye y da forma a la composición y configuración de la microbiota gastrointestinal es algo que está consensuado en la actualidad, y, de hecho, aunque en muchas ocasiones el consumidor no sabe exactamente lo que significa, el mercado está lleno de productos alimentarios que se anuncian como productos saludables con cualidades probióticas y prebióticas. Estos productos alimentarios, en teoría, ayudan a mantener una microbiota “saludable”, ya sea ingiriendo directamente microorganismos vivos beneficiosos que forman parte de ese alimento (probióticos) o ingiriendo alimentos que contienen nutrientes que la microbiota gastrointestinal beneficiosa puede utilizar para crecer (prebióticos).

Respecto a la dieta y la microbiota gastrointestinal, la mayor parte de los estudios se han centrado en como los macronutrientes que ingerimos (grasas, carbohidratos, proteínas) afectan al crecimiento de estos microorganismos. Sin embargo, es muy importante tener en cuenta que la microbiota intestinal es capaz de producir una gran variedad de nutrientes, incluyendo ácidos grasos de cadena corta, vitaminas B y vitamina K (Biesalski, 2016). Además, debido a su capacidad de interactuar con receptores de células epiteliales y células subepiteliales, la microbiota también es capaz de liberar una serie de factores celulares que influyen en el metabolismo humano (Ramakrishna, 2013) . Estos factores tienen papeles potenciales en la patogénesis del síndrome metabólico, enfermedades cardiovasculares y otros problemas de salud, como la diabetes y enfermedades hepáticas que se extienden más allá de su contribución tradicional a la nutrición (ver blog “Microbiota intestinal y salud: una nueva aproximación a los síndromes metabólicos”)

Como ya se ha comentado, los microorganismos gastrointestinales, son capaces de producir algunas vitaminas y ácidos grasos. Es importante recordar que, las vitaminas son, por definición, micronutrientes esenciales que el organismo no puede sintetizar en suficiente cantidad, y que, por tanto, deben ser obtenidas al menos en parte exógenamente generalmente a través de la dieta.

Aunque las vitaminas están presentes en gran variedad de alimentos, se pueden producir deficiencias, principalmente debidas a la ingesta insuficiente de alimentos y la prevalencia de malos hábitos alimenticios.

Una posible estrategia para evitar en cierta medida la malnutrición e incluso la desnutrición, es entender de que manera funciona la microbiota gastrointestinal y diseñar estrategias que permitan que nuestros propios microorganismos nos proporcionen nutrientes esenciales de forma natural. Para ello, existen en la actualidad gran cantidad de estudios basados en genómica, proteómica y metabolómica que intentan entender el desarrollo, la composición y el comportamiento de la microbiota y como podría utilizarse como fuente de nutrientes (LeBlanc et al., 2013).

Este futuro uso de los microorganismos gastrointestinales como productores de vitaminas y otros nutrientes representa es una estrategia muy prometedora para el tratamiento de la malnutrición y de la desnutrición, con la ventaja de que los nutrientes sintetizados por los microorganismos intestinales pueden ser fácilmente asimilados por el cuerpo humano.

 

Para más información sobre la microbiota y cómo nos afecta, podéis seguir los siguientes enlaces:

https://youtu.be/hURvR9-5TUs

(a partir del minuto 24)

https://youtu.be/UjdivDJ9cho

 

 

Dra. Jessica Furriol

Profesora en el Máster en Nutrición y Actividad Física para la promoción de la salud