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¿El líder nace o se hace? ¿Qué características ha de tener un directivo para convertirse en líder? ¿Ha de ser un súper hombre o una súper mujer?¿Cómo influye un buen directivo en sus empresas?... Todas ellas son preguntas que continuamente se realizan en el ámbito académico o en el ámbito empresarial y, que aún hoy en día siguen sin estar bien definidas o respondidas. De hecho, existen distintos puntos de vista y tendencias.

No cabe duda que podíamos estar discutiendo durante horas, pero de lo que sí que estamos convencidos es que un liderazgo adecuado hace que las personas en las organizaciones estén más satisfechas, se impliquen más en sus tareas, mejoren las relaciones interpersonales… y como consecuencia mejore el desempeño organizacional y la calidad de los servicios y productos ofrecidos.

Es importante que podamos distinguir entre el proceso de directivo y el de liderazgo. Un directivo debe ser una persona que alinee los distintos recursos que dispone (humanos, tecnológicos, económicos…) hacia las distintas metas e hitos que marque el contexto organizacional en el que se ve enmarcado. Obviamente, el directivo debe de marcar una serie de líneas y acciones que deben cumplirse, aunque no siempre son interiorizadas por sus seguidores. Simplemente éstos pueden ejecutar sus órdenes por una mera posición de autoridad y formalidad organizacional.

Por su parte, el liderazgo es un proceso de influencia en los demás que tiene un carácter atribucional y que sin duda alguna debe ser entendido por los que lo ejercen desde un punto de vista situacional y adaptativo a los distintos contextos. Por tanto, el liderazgo puede tener un carácter más informal y puede ser mucho más interiorizado por los distintos colaboradores.

Que las empresas tengan en sus “filas” buenos directivos es fundamental, pero desde nuestro punto de vista han de ir un poco más allá. Esos directivos deben de tener la capacidad de hacer que las personas se motiven, se impliquen, puedan desarrollarse y realizarse dentro del seno de las organizaciones que ocupan. Sólo de esta manera conseguiremos personal preocupado por nuestras empresas, identificados por las mismas y que tomen decisiones de calidad. Sólo de esta manera conseguiremos empresas con personas talentosas que marquen la diferencia y sólo de esta manera conseguiremos que se queden en nuestras empresas y nuestro proyecto.

Pero… qué características ha de tener un directivo para convertirse en un buen líder. Es importante que un buen líder desarrolle las siguientes cinco competencias:

  1. “Comunicación”. Estamos convencidos que un líder ha de ser una persona comunicativa, con capacidad de transmitir. Tiene que ser una persona que sepa corregir a las personas que le rodean cuando se equivocan y animarlas. Además, debe de saber premiar y reforzar a aquellas personas que hacen un buen trabajo en el día a día para que no cesen en el empeño.
  1. Coherencia”. La coherencia es una de las características centrales de las personas que ejercen influencia en los demás. No podemos pretender que las personas nos sigan si realizamos actuaciones distintas de lo que transmitimos a los demás. Los seguidores buscan gente íntegra y con valores positivos que les ofrezcan un punto de referencia.
  2. “Cercanía”. Esta es otra de las características centrales en el proceso de influencia. Estamos seguros que es fundamental para que los trabajadores confíen en sus directivos. Y, por ende, puedan implicarse en los proyectos. Es fácil comprender que un líder que se muestre distante con su gente no lograra comprenderlos, ni acercarse a sus problemas y, por tanto, por qué los seguidores deberían hacer lo contrario.
  3. “Pragmatismo”. Sin duda alguna a las personas nos gusta relacionarnos con gente que sea capaz de ver los aspectos positivos de las cosas, que sean flexibles y que se centren en la solución y no en los problemas. Para ello, es importantísimo que los líderes o directivos conozcan los distintos aspectos que los rodean, ya que sólo de esta manera podrán plantear soluciones óptimas.
  4. “Responsabilidad”. Por último, es importante que nos centremos en otra competencia que normalmente todos los directivos presumen de tener, aunque en muchos casos es fácil observar que no siempre es así. Entendemos como responsabilidad como la necesidad de que los directivos asuman sus funciones, sepan distribuir de manera correcta las tareas, puedan asumir los fallos de los seguidores y redireccionarlos hacia algo positivo, puedan responder a las demandas cuando se les requiere. En definitiva, para que te sigan tú eres el primero que debes de estar implicado en tu puesto y seas responsable del mismo.

En definitiva, el líder nace o se hace. Nosotros estamos convencidos que existen directivos que tienen estas características de una manera más desarrollada de manera innata, pero es incuestionable que estas competencias pueden entrenarse y desarrollarse tanto en programas de entrenamiento como en la práctica diaria.

Por todo ello, cada vez más se conoce la necesidad de entrenar dichas competencias de liderazgo para mejorar a los directivos y, conseguir, estructuras organizacionales más sólidas en el futuro que consigan un mejor rendimiento y que sean la base de la perdurabilidad de nuestras empresas.

Juan Antonio Garcia.
Psicólogo- Waribo Consultores