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El castigo en el colegio es un tema que suscita gran polémica entre educadores y padres. Muchos expertos en educación se oponen frontalmente, puesto que consideran que incluso acciones aparentemente inocentes como dejarles sin recreo o ponerles a meditar en una silla, apartados del resto de compañeros, pueden significar para algunos niños una fuerte sensación de humillación.

Sin embargo, algunos profesionales de la enseñanza consideran que, en su justa medida y bajo determinadas circunstancias, el castigo puede llegar a ser positivo para que un alumno recapacite sobre determinados comportamientos y se convierta en un estímulo para girar en positivo su actitud.

¿Como deben ser los castigos para que sean eficaces ?

En el caso de que se decida  imponer algún tipo de castigo a un niño, este siempre deberá estar consensuado con el propio alumno y sus padres y en ningún caso ser dañino o humillante pare el alumno o alumna. En base a estos preceptos, algunas claves para que los castigos puedan llegar a ser eficaces serían:

  • Siempre deben cumplir con una función educativa. De lo contrario, pierden totalmente su sentido. Por ello es imprescindible dialogar con el alumno y el alumna, que comprenda qué ha hecho mal y la necesidad de enmendarse. De esta forma se sentirá responsable de sus actos y de las consecuencias, implicándose más con el castigo y animando al resto de compañeros a reflexionar  sobre lo ocurrido.
  • Los castigos no deben ser nunca amenazantes. Se ha de informar al niño de por qué se le impone algún castigo y hacer que lo vea como una consecuencia lógica de su comportamiento, en ningún caso como una amenaza y mucho menos, como ya hemos comentado, como una humillación.
  • Tiene que estar relacionado con una conducta concreta. Si no es así, el niño no lo verá lógico y no tendrá ninguna efectividad. Si es un tema relacionado con la falta de continuidad e interés en hacer los deberes de casa, lo lógico sería ponerle alguna tarea extra. Sin embargo, castigarle sin patio por este motivo no tiene sentido, al carecer de relación o falta de continuidad con la conducta motivadora del castigo.
  • Ser comprensivos en todo momento. Lo que nunca debemos hacer es perder la calma, es importante ponernos es su lugar y entender que la escala de valores y la psicología de un niño es muy distinta de la de un adulto. Ellos ven las cosas de otra forma y cada niño, de forma individual, entiende las pautas, normas y conductas de distinta manera.
  • El castigo debe cumplirse. Una vez decidido el castigo es importante que efectivamente se cumpla, puesto que de lo contrario perderá su eficacia. Por ello el castigo debe ser lógico, proporcionado con las causas que lo han motivado y , sobre todo, comprensible por los niños.

cuando y como castigar

En cualquier caso, el castigo debe  entenderse por todas las partes implicadas, adultos y niños, como un refuerzo para conseguir algo positivo: un cambio de actitud o de comportamiento que redunde positivamente tanto en el niño como en resto de la clase. Por lo tanto, cuando los castigos han logrado el efecto deseado también pueden combinarse con otro tipo de refuerzos, por ejemplo, ofrecerles al alumno castigado más posibilidades de autonomía o mayores responsabilidades para que vea que se ha ganado nuestra confianza.