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Pese a la creencia bastante generalizada de que el aprendizaje es una actividad limitada a la infancia y la juventud, lo cierto es que se puede aprender a cualquier edad. Aprendemos durante toda la vida, sin que la edad tenga una influencia significativa, siendo otros factores como el entrenamiento, la motivación o una situación o entorno de aprendizaje favorable, los que realmente van a influir en la capacidad de aprender de cada individuo.

Lo que sí cambia a lo largo de nuestra vida son las formas de aprender y las motivaciones, lo cual significa que los adultos y los niños necesitan que se les enseñe de diferentes maneras para optimizar el potencial de aprendizaje de cada grupo.

Principales diferencias en el aprendizaje de niños y adultos

La motivación

Los niños de corta edad aprenden por el placer de conocer cosas nuevas, por lo que no suelen necesitar ninguna motivación adicional. En la edad adulta la escala de valores cambia, las personas tienen más responsabilidades y una serie de compromisos laborales y familiares que cumplir.

Aunque no ocurre en todas las personas, por lo general los adultos necesitan una objetivo tangible, y a ser posible a corto plazo, para aprender. Un adulto puede encontrar motivación en aprender un idioma o un programa informático para promocionarse o simplemente reciclarse y poder conservar un trabajo, o bien actualizarse profesionalmente para encontrar un empleo o cambiar de profesión. Los motivos pueden ser varios, pero la motivación directa debe existir.

 

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La orientación

Casi todos los escolares de las primeras etapas educativas necesitan orientación en el proceso de aprendizaje, por lo que tienden a acoger de buen grado las ayudas por parte de sus profesores, otros compañeros o familiares. Para la mayoría de los niños, la falta de estructura y orientación en el estudio genera caos, falta de atención e inseguridad.

Por el contrario, los adultos trabajan con un método diferente. Cansados de sentirse dirigidos en el ámbito laboral, cuando estudian sienten deseos de guiarse a sí mismos y ser responsables de su propio aprendizaje.

La función del profesor o formador debe estar enfocada en estimular al adulto a responsabilizarse de su trabajo y  actuar como guías en su autoestudio, puesto que la actitud de las personas de más edad es mucho más autodidacta.

No obstante, existen personas adultas que por su perfil psicológico precisan y prefieren una orientación más directa, En estos casos, no suelen tener problemas para pedir directamente a la persona que les está enseñando este tipo de apoyo adicional.

Métodos de estudio

La mayoría de niños tienen facilidad para aprender los conceptos de memoria, por lo que a menudo la manera más fácil de enseñarles es simplemente presentar la información de varias maneras diferentes hasta que la memorizan.

Este tipo de aprendizaje es bastante más complicado con los adultos, ya que a medida que se cumplen años suele resultar más difícil memorizar. Los adultos tienden a requerir un propósito o dirección en sus estudios con el fin de procesar la nueva información dentro de su marco de referencia existente, es decir, de sus conocimientos previos.

Prioridades

Los adultos valoran mucho su tiempo y cuando estudian normalmente tienen que hacer una gran esfuerzo adicional para compatibilizarlo con su obligaciones familiares y muchas veces laborales. Por ese motivo, los adultos agradecen el conocimiento directo, concreto y aplicable, sin consumir el tiempo en temas amplios o generalidades.

La sociedad actual se caracteriza por el cambio, el desarrollo tecnológico y científico parecen no tener límites y el aprendizaje ya no puede sustentarse, como pasaba hace sólo unas décadas, en conceptos ya aprendidos, sino que se debe enseñar a partir de los cambios tecnológicos, conceptuales y culturales.

En este contexto, el adulto se encuentra con una mayor necesidad de formarse continuamente para poder integrarse y adaptarse a las nuevas dinámicas laborales y comunicativas. Esta nueva realidad supone también un importante reto para profesores y formadores, que tienen que adaptar sus métodos de enseñanza a personas con más edad y, por lo tanto, con diferentes motivaciones y perfiles psicológicos.