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Demencia senil es un término en desuso entre los profesionales, pero todavía muy empleado en la población general. Hace referencia a la demencia que surge generalmente en las personas mayores de 65 años, aunque hoy día se sabe que miles de personas desarrollan demencia antes, lo que se conoce como demencia precoz.

La demencia senil implica un deterioro del funcionamiento cognitivo a grado tal que la persona termina por ser dependiente de los otros para sobrevivir. La demencia está causada por muchos trastornos, entre los más importantes:

 

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La demencia senil: reto social, sanitario e individual

Según datos ofrecidos por la OMS, la demencia afecta a 47.5 millones de personas en el mundo y cada año 7.7 millones de individuos reciben un diagnóstico de demencia.

Este síndrome provoca tal dependencia en las personas que lo desarrollan que, inevitablemente, la atención a las personas con demencias se ha convertido en uno de los principales retos sociales, sanitarios y familiares al que nos enfrentamos en el mundo contemporáneo.

Por el momento, las principales enfermedades que causan demencia no tienen cura, de ahí que sea tan importante continuar con la investigación científica y crear formas de mejorar la atención a los afectados.

La tecnología para atender a las personas con demencia senil

La tecnología ha venido a ofrecer algunas alternativas (terapéuticas, asistenciales, etc) que mucho ha agradecido el sector. Algunos ejemplos puntuales:

  • Plataformas digitales de rehabilitación y estimulación cognitiva: miles de actividades para estimular el cerebro disponibles las 24 horas y que permiten un seguimiento personalizado de la evolución de los usuarios. Es muy común que las residencias de mayores tengan contratado este servicio, así como otros centros especializados en la atención a personas con demencia senil. Entre las plataformas más populares está Neuron Up, Lumosity y CogniFit.
  • Roboterapia: el uso de robots con fines terapéuticos se ha disparado en los últimos años. Algunos con fines más bien lúdicos, como la foca PARO, mientras otros son usados como asistente en sesiones de fisioterapia. En todos los casos algo destaca: la buena acogida que tienen entre las personas con demencia.
  • Dispositivos de localización: gracias al sistema GPS los familiares que lo deseen pueden dotar al mayor con un dispositivo que permita su localización en caso de necesidad. Se aconseja especialmente cuando existe un alto riesgo de deambulación.
  • Smart Homes: aún en sus inicios, pero con un sólido futuro. Las Smart Homes se están convirtiendo en alternativa a la teleasistencia tradicional. Las personas en fase leve de demencia senil pueden permanecer en sus hogares por más tiempo gracias a sensores estratégicamente ubicados que permiten a los familiares monitorizar su día a día. Si hay algún accidente, como caídas o falta de actividad por mucho tiempo, el sistema emite una alarma.
  • Wearables: los dispositivos wearables (vestibles o ponibles como prefiere la RAE), aun tímidamente, empiezan a mostrar sus ventajas para la población mayor afectada por demencia. En el CES de las Vegas de 2017, la mayor feria de electrónica de consumo del mundo, se presentó un cinturón que podía disminuir el riesgo de fractura de cadera y un bastón inteligente que avisa a los familiares si se ha producido una caída.

Teniendo en cuenta el desafío que representa la demencia senil, el campo tecnológico tiene deudas pendientes en relación a la creación de soluciones. Es muy deseable que en los próximos años podamos ser testigos de mayor innovación en esta área.

 

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia