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Los que hemos dejado atrás la denominación de ‘joven’ mal que nos pese recordamos aquel juego de niños tan divertido llamado el teléfono loco: se trata de ir pasando un mensaje a lo largo de una cadena de oyentes. Lo bueno es que cuando llega al último, el mensaje se ha desvirtuado tanto que llega a ser hasta cómico. Pues bien, algo muy similar ocurre en la actualidad con los mensajes que se transmiten a través de webs y redes sociales. Esto es especialmente frecuente en contenidos relacionados con la seguridad ciudadana, la salud o la alimentación; y, al contrario que ocurría con el teléfono loco, esto no es divertido. Es más bien triste, bastante triste.

La sociedad en la que vivimos, denominada ‘sociedad de la desinformación’, produce muchos contenidos de baja calidad científica basados en fuentes poco contrastables. Además, dichos contenidos son difundidos rápidamente por personas o empresas interesadas y poco versadas en la materia en sí. (Y es que) una parte de la sociedad, generalmente bienintencionada y preocupada por los efectos de la alimentación en la salud, promueve y es muy susceptible a informaciones tendenciosas y/o ‘conspiranoicas’ que pueden llegar a tener un efecto perverso y desinformador.

El caso que nos ocupa es el aceite de palma que últimamente ha sido uno de los elementos que más comentarios ha suscitado, apareciendo hasta en los informativos de máxima audiencia y siendo utilizado como estrategia comercial por los principales supermercados de alimentación. El aceite de palma tiene las características perfectas para propiciar un alud de informaciones poco precisas o engañosas que tienden a desinformar. El aceite de palma es un ingrediente utilizado por empresas alimentarias porque aporta mejoras significativas en el sabor y por otro motivo todavía más interesante para ellas: es barato. Se obtiene del mesocarpio de la fruta de la palma Elaeis guineensis, cuyo cultivo se ha extendido mucho en determinados países como Tailandia, en los que se pueden llegar a producir problemas medioambientales importantes. Por si fuera poco, el aceite de palma es uno de los peores aceites desde el punto de vista nutricional y de la salud junto con el de coco. El aceite de palma contiene aproximadamente un 50 % de grasas saturadas, principalmente palmitato, y es considerado por la Organización Mundial de la Salud como poco saludable ya que hay muchas evidencias de que los ácidos grasos saturados como el palmítico favorecen el incremento de los niveles de colesterol malo (LDL) y las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, hay estudios que indican que la combinación del palmítico con otros ácidos grasos monoinsaturados como el oleico, reduce este efecto e incluso otros estudios le adjudican actividades antioxidantes. Por tanto, un consumo moderado dentro de una dieta equilibrada podría no tener efectos negativos para la salud.

Es en este contexto donde surgen multitud te informaciones, post, videos y cadenas de WhatsApp en contra del aceite de palma que promueven eliminar todos aquellos productos elaborados que lo contienen y consumir productos frescos sin añadidos. Pero, pensemos un poco. No por el hecho de que ese ingrediente esté en el producto se convierte en un veneno. De hecho, el porcentaje de grasas saturadas del producto en cuestión es un dato mucho más indicativo de los efectos negativos para la salud porque podemos saber la cantidad de estos compuestos que favorecen las enfermedades cardiovasculares.

Si vas a la cocina y hechas un vistazo al dato de porcentaje de grasas saturadas de tus productos te darás cuenta de un par de cosas. Es cierto que los productos que contienen aceite de palma, como algunas galletas, snacks, cereales, etc. suelen contener más grasas saturadas que los que no lo incluyen. Pero también es cierto que muchos productos que no contienen aceite de palma como chocolates, croissants, sobrasadas e incluso productos frescos, como quesos de todo tipo, contienen muchas más grasas saturadas que otros productos que si tienen aceite de palma. Por tanto, hay que ser cuidadoso lo que se recomienda en una dieta, sobre todo si no eres un especialista en el tema y tus fuentes de información son blogs y redes sociales.

El colmo es cuando se abogan por leches de fórmula que no contengan aceite de palma. Pero si la leche materna tiene un 25 % de palmitato! ¿Acaso la leche materna es mala para la salud de los bebes? ¿No será lógico que las leches de formula imiten la composición de la leche materna al máximo? Otros incluso llegan a decir que la vitamina A presente en el aceite de palma, que se incorpora a las leches de formula como un precursor unido a palmitato, es nociva por la fuente de palmitato añadida. ¡Pero si las cantidades de vitamina A son pequeñísimas, apenas 100 microgramos por 100 mL!

En fin, un consejo: antes de creer lo que dice este blog u otros similares es mejor que leas recomendaciones de organizaciones internacionales y de fuentes contrastadas, por si acaso. Pero me parece que el aspecto más negativo del uso del aceite de palma está casi más relacionado con sus efectos sobre el medio ambiente que con su calidad nutricional.

https://youtu.be/842xCeSj1cA

 

Dr. Roberto Pérez Torrado

Profesor en el Máster en Nutrición y Actividad Física para la promoción de la salud en la Universidad Internacional de Valencia (VIU)

 

Referencias útiles

Fattore E., Fanelli R. Palm oil and palmitic acid: a review on cardiovascular effects and carcinogenicity. International Journal of Food Sciences and Nutrition.

Diet, Nutrition and the Prevention of Chronic Diseases, WHO Technical Report Series 916, Report of a Joint WHO/FAO Expert Consultation, World Health Organization, Geneva, 2003, p. 88 (Table 10)