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El autismo hace referencia a uno de los clasificados como trastornos del neurodesarrollo, es decir, a una afectación genética y biológica que acompaña a la persona afectada desde el momento del nacimiento, afectando a su nivel de aprendizaje y su conducta, a lo largo de toda su vida.  Dentro de estos, además se define como parte de los trastornos del espectro autista (que incluyen también el trastorno de Asperger, el trastorno desintegrativo infantil y el TGD no especificado). Se caracteriza, fundamentalmente por déficits en la comunicación social y patrones repetitivos y conductas restringidas (DSM-V, 2014). El nivel de afectación puede variar tremendamente de unos sujetos a otros.

Las aproximaciones terapéuticas a esta afectación han sido de muy diversa índole, en función del marco teórico y filosófico que las englobara. En cualquiera de ellas, los objetivos, como en otros tipos de problema clínico o de aprendizaje, va a ser de dos tipos: incrementar conductas que se dan menos de lo que sería deseable (por ejemplo, el desarrollo del lenguaje) o disminuir conductas que se dan en exceso y dificultan la adaptación del niño a su ambiente (por ejemplo, las autolesiones). Derivándose del marco conductista se ha desarrollado, a lo largo de los últimos cuarenta años, el Análisis Aplicado de la Conducta, cuya máxima es el desarrollar conductas socialmente relevantes para la persona.  El Análisis Aplicado de la Conducta (ABA por sus siglas en inglés: Applied Behavior Analysis) se puede describir a partir de 7 principios básicos (Baer, Wolf & Risley, 1968- 1987), a saber: a) es aplicado, las conductas escogidas son socialmente relevantes para la persona con al que se trabaja o sus allegados y facilitará su adaptación al medio; b) conductual, se basa en conductas que pueden ser observadas y medidas; c) es analítico, centrada en la relación de la conducta con los estímulos antecedentes y consecuentes que la rodean (análisis funcional de la conducta); d) es tecnológico, haciendo uso de una descripción precisa de cada técnica de intervención utilizada; e) es conceptualmente sistemático, describiendo los procedimientos a través de un glosario compartido que el conductismo ha ido desarrollando a lo largo de los años, facilitando así la comunicación entre los profesionales y la réplica; f) es efectivo, ya que considera que los cambios deben ser lo suficientemente grandes como para mejorar la calidad de vida y tener significación clínica y g) es generalizable, ya que la persona tiene que ser capaz de mostrar esa habilidad a través de diferentes contextos (no solamente el terapéutico), con otras personas y a través del tiempo.

Los programas de análisis de conducta para niños con autismo se van a caracterizar, entre otras cosas, por enfatizar en la intervención temprana, es decir, cuanto más pequeño sea el niño al inicio del tratamiento, más beneficioso será el tratamiento; por realizar intervenciones de carácter intensivo (mínimo de 20 horas semanales), donde el terapeuta-maestro acompaña al niño en todas las actividades diarias enseñándole, en cada momento, a ser independiente en ellas (ya sean académicas, de comunicación, de juego, de autonomía….); otra de las características será el desarrollo de un plan de tratamiento individualizado, haciéndose un traje a medida para cada niño, nivel de desarrollo y habilidades y sus circunstancias particulares;  además, al inicio del tratamiento hay un terapeuta- maestro para cada niño, incrementándose esta ratio posteriormente a grupos y pasando, de igual modo, de ambientes muy estructurados a otros más naturalizados; la enseñanza se hará a partir de ensayos discretos y repetición de habilidades y a través de aprendizaje en contextos naturales y enseñanza incidental; la recolección de datos de cada habilidad trabajada es otra característica definitoria de ABA, obligando a que la revisión de programas y procedimientos de intervención se haga en función del avance, estancamiento o retroceso de la conducta del niño, y no en percepciones o sensaciones sobre su posible avance; por último, otra característica esencial será la participación y colaboración de los padres y otras personas relevantes, que cobran una importancia esencial en el proceso de la terapia (Maurice, Green, & Foxx, 2001).

Los resultados de un metaanálisis llevado a cabo por Virués-Ortega (2010), sugieren que una terapia basada en ABA, produce a largo plazo efectos medios y grandes en el funcionamiento intelectual, desarrollo del lenguaje y conductas adaptativas.  Siendo, estos resultados, especialmente superiores en el desarrollo de la comunicación social y del lenguaje. Este hecho es especialmente relevante, ya que, como se comentó al principio, esta habilidad es de las más afectadas en las personas afectadas de autismo.

Por los resultados mostrados a lo largo de estas cuatro décadas de investigación, se presentan los programas ABA como la aproximación terapéutica más acertada para trabajar con niños diagnosticados con un trastorno del espectro autista (Mulas y cols., 2010; Mustaka, 2004; Virués-Ortega, 2010).

https://youtu.be/G4_VJCK2f3o

Celia Nogales González

Profesora del Grado en Psicología en la Universidad Internacional de Valencia VIU

 

Citas bibliográficas:

Baer, D. M., Wolf, M. M., & Risley, T. R. (1968). Some current dimensions of applied behavior analysis. Journal of applied behavior analysis1(1), 91-97.

Baer, D. M., Wolf, M. M., & Risley, T. R. (1987). Some still‐current dimensions of applied behavior analysis. Journal of Applied Behavior Analysis20(4), 313-327.

De Psiquiatría, A. A. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales-DSM 5. Médica Panamericana.

Mulas, F., Ros-Cervera, G., Millá, M. G., Etchepareborda, M. C., Abad, L., & Téllez de Meneses, M. (2010). Modelos de intervención en niños con autismo. Rev Neurol50(3), 77-84.

Mustaca, A. (2004). Tratamientos psicológicos eficaces y ciencia básica. Revista Latinoamericana de Psicología36(1), 11-20.

Virués-Ortega, J. (2010). Applied behavior analytic intervention for autism in early childhood: Meta-analysis, meta-regression and dose–response meta-analysis of multiple outcomes. Clinical psychology review30(4), 387-399.