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Para no perder el rumbo conviene que nos paremos, periódicamente, a comprobar el camino andado y a verificar si estamos yendo en la dirección correcta. La autoevaluación permitirá a cada empleado medir el éxito de su trabajo en la organización. No obstante, esto requiere un alto grado de honestidad por parte de este, ya que si no es así, no tendrá sentido.

Gracias al minucioso examen que cada trabajador haga de su trabajo, podremos saber el estado en el que se encuentra la organización a la que queramos medir su rendimiento. La autoevaluación nos dará una fotografía fija de cómo anda la empresa, información necesaria para encauzar posibles desviaciones del camino recorrido.

Ver si se están cumpliendo los objetivos es clave en el proceso de autoevaluación, pero esta también tiene que centrarse en comprobar otros aspectos como la motivación de los empleados, el comportamiento en el puesto de trabajo y la actitud. Esto nos ayudará a conocer si las expectativas depositadas en el empleado se están cumpliendo o hay que llevar a cabo algún cambio que suponga un punto de inflexión.

Aunque lo más recomendable es que la autoevaluación sea periódica, existen distintos tipos en función del cuando se realicen:

1.- Periódicas. Son aquellas que se repiten cíclicamente a lo largo del tiempo. Habitualmente se realizan cada año o cada dos años.

2.- Puntuales. Se trata de situaciones excepcionales que implicarán únicamente a aquellos individuos o conjunto de personas a los que les afecta directamente el asunto que se quiere evaluar. Se utiliza, normalmente, cuando se quiere conocer la opinión de los empleados con la implementación de un nuevo proceso o actividad.

3.- Continuas. Son aquellas que se desarrollan de manera habitual en la organización, mediante la realización de entrevistas informales, observaciones o análisis de indicadores de procesos.

Como norma general no es obligatorio autoevaluar al personal, pero sí que es verdad que hay ciertos sectores donde se exige por ley, como por ejemplo el nuclear. No obstante, el correcto control del comportamiento y la efectividad de los empleados nos pueden ir muy bien para otros aspectos como facilitarnos el cumplimiento de otras normativas que sí son obligatorias.

Las ventajas de una buena autoevaluación de los empleados de una compañía son dos principalmente: que el propio trabajador es el que muestra el rendimiento que le define en el papel que desarrolla y que al ser consciente el empleado de sus limitaciones aconseje modos para mejorar el desarrollo de su trabajo.

Las desventajas más claras de los procesos de autoevaluación se podrían resumir en tres puntos: que el establecimiento de los parámetros a evaluar puedan resultar inadecuados; que el trabajador no disponga de un mínimo de capacidad autocrítica; y, por último, que como norma general, el trabajador acostumbra a reflejar valores medios o extremos, un hecho que genera una evaluación un tanto mediocre.

 

 

¿Cómo implementar una autoevaluación?

En la Red existen distintas páginas que nos pueden ayudar a lanzar un programa de autoevaluación en nuestra empresa y también se han publicado obras escritas sobre este asunto. Es cuestión de navegar un poco por Internet y en seguida hallaremos algún recurso que nos puede ir fenomenal para iniciar el proceso en nuestra organización.

Nuestra recomendación es “Apoyo Administrativo a la Gestión de Recursos Humanos” de la empresa editorial y de formación Adams. Es una obra general de gestión de los recursos humanos, que en su capítulo cuarto nos facilitará recursos para permitirnos hacer la “fotografía” del estado actual del desarrollo del trabajo de los empleados de la compañía y la anticipación de los posibles problemas que se puedan generar y así mejorar los resultados de la organización.

En este capítulo encontraremos formularios para evaluar el rendimiento de los trabajadores, actividades de autoevaluación, supuestos prácticos y una extensa bibliografía y webgrafía para ampliar nuestro conocimiento en el campo de la autoevaluación.

Seguro que toda esta información será de gran utilidad para trazar una estrategia de evaluación y autoevaluación del capital humano de su organización que, como consecuencia, logre tener unos empleados mucho más comprometidos con la compañía y mucho más eficientes y eficaces en el ejercicio de su trabajo diario y mucho más competitivos y rentables.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia