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¿Quién es un buen mediador? Mucho se podría escribir sobre el perfil del mediador, sus habilidades y las herramientas o técnicas que debe dominar, pero a veces nos quedamos en los aspectos externos y pasamos por alto los intangibles que hacen verdaderamente sobresaliente a un mediador. Estos valores invisibles sobresalen de manera encantadora en el protagonista, un experto en humanidad, de la película “Mandarinas”.

“Mandarinas” es una película increíble en su sencillez y muy humana. Desprende unos valores morales en cada segundo que pasa y refleja, sin ser mediación propiamente dicha, la esencia de la misma a través de su protagonista, el anciano Ivo.

Ivo, aunque académicamente y en sentido estricto no es un mediador, a mi modo de ver reúne una serie de habilidades y cualidades que le convierten, sin pretenderlo ni quererlo, en un valioso mediador entre dos soldados enfrentados por una guerra étnica.

La película está enmarcada en la guerra civil entre chechenos y georgianos, y narra la historia fortuita de dos soldados enemigos: Ahmed, mercenario checheno y Nika, georgiano. En una escaramuza bélica los dos caen heridos y son rescatados por el anciano checheno Ivo, que con su vecino y amigo Markus atiende y cuida, trasladando la problemática de la guerra a la vivienda del anciano.

La labor del “mediador” Ivo se sustenta en los cuatro pilares de la mediación, según Jean François Six: una tercera persona (Ivo) con su no poder (autoridad moral) consigue una catálisis (transformación de Nika y Ahmed) para desembocar en la comunicación, elemento clave de todo proceso de mediación.

La anciana figura y fuerza del protagonista contrasta con su austeridad en gestos y palabras. No presiona un cambio entre sus huéspedes “enemigos”, sino que deja, con mucha inteligencia emocional, al tiempo, al espacio y a la convivencia que hagan su obra. Su moraleja deja en claro que en la guerra todos pierden y sembrar el odio sólo sirve para perpetuar el conflicto. Alguien debe siempre ser la chispa que provoque el cambio.

Ivo con su interés por el bienestar y la recuperación de las heridas de los soldados, expresa neutralidad e imparcialidad y permite a las partes (Ahmed y Nika) conocer su “humanidad”. A través, sobre todo, de lenguaje corporal y un leguaje verbal contenido pero certero, Ivo genera estados reflexivos en ambos combatientes y logra su acercamiento físico y emocional. A pesar de sus diferencias culturales, sociales y religiosas empatizarán hasta conseguir mutua solidaridad, perdón y protección por sus vidas.

De los diálogos austeros (Ivo apenas interviene en las conversaciones) se percibe el compromiso del anciano para que la comunicación se reanude cada día y fluya en los mejores términos posibles. Muchas veces, con su sola presencia, buena actitud, ánimo, respeto, cordialidad, generosidad, tranquilidad, equilibrio y alegría, propicia entornos favorables, amenos y genera seguridad y confianza.

La palabra en la película no es palabrería ni es vana, tiene su finalidad, pero lo que realmente consigue la transformación y el cambio de actitud en los soldados no es precisamente lo verbal. Para mí son determinantes la escucha, los silencios y las miradas de Ivo.

La escucha calma, desarma y conquista y en esta habilidad el anciano es un maestro. Permite con serenidad que expresen sus emociones y opiniones respecto a la existencia del otro, sin perder el control, entrar en ansiedades, interrumpir ni descomponerse.

Y la mirada, que tanto puede expresar en una película, en muchas ocasiones desnuda el alma de Ahmed y Nika. Como muy bien expresa un buen amigo: las cosas se comunican con las palabras, pero se entienden con el corazón, y el corazón más que con los labios, habla con los ojos. La mirada de Ivo es siempre comprensiva y acogedora, producto de una vida llena de sabiduría y plena a pesar del sufrimiento, mejor dicho, gracias al sufrimiento.

El film es como una mandarina, fruta pequeña y redonda, muy jugosa en su interior y con mucho sabor; se requiere desgajarla y saborearla para apreciar su dulzura, aunque contenga, también, un toque agrio. La historia nos deja sabor agridulce en la boca, pero con mucho jugo y contenido temático para cavilar y reflexionar. Muy recomendable si se quiere conocer las cualidades idóneas de un mediador con mayúsculas.

 

FICHA TÉCNICA “MANDARINAS”:

Año: 2013

Director: Zaza Urushadze.

País: Estonia.

Nominada al Oscar a Mejor película de habla no inglesa en 2015.

Sinopsis: Una guerra abierta, la llamada guerra civil georgiana, surgida a principios de los años noventa en las regiones secesionistas de Osetia del Sur y Abjasia, y que acabó afectando también a los estonios residentes en la zona. Mandarinas es una oda al humanismo, al entendimiento, al sentido común y a la razón por encima de la violencia. Ivo, un estonio, decide quedarse durante la guerra, a diferencia del resto de sus compatriotas, para ayudar a su amigo Margus con la cosecha de mandarinas. Al comenzar el conflicto, dos soldados, Ahmed y Nika resultan heridos delante de su casa, e Ivo se ve obligado a cuidar de ellos.

Principales personajes:

Ivo: Anciano estonio.

Markus: Vecino estonio de Ivo, que busca vender su cosecha de mandarinas para viajar a Estonia.

Ahmed: Mercenario checheno que lucha por la causa de Abjasia.

Nika: Soldado georgiano.

 

TRÁILER “MANDARINAS”:

https://youtu.be/64uHQkzrNJI

Antonio Romero Sebastiá. Profesor Máster Universitario en Mediación y Gestión del Conflicto.