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En el trabajo clínico se encuentran cada día más casos de niños y adolescentes negativistas desafiantes. El trastorno se presenta sobre todo en la escuela y en los momentos en que los padres y madres tengan que establecer o mantener alguna norma. Las manifestaciones más evidentes del problema son:

  • Negativismo con los adultos.
  • Rabietas, enfados y otras conductas de ira. Pueden llegar a pelearse en diferentes situaciones y tal vez llegan a la violencia física, también con los cuidadores adultos.
  • Hastío hacia los demás.
  • Desafío hacia los mayores y las reglas y peticiones sin límites.
  • Culpabiliza a los demás por sus propias faltas o dificultades.

Cuantitativamente hablando, se estima que entre un 2-16% de los niños presentan Trastorno Negativista Desafiante (American Psyquiatric Association, 2000). En algunos estudios realizados en España (Mirón, Serrano, Godás, y Rodríguez, 1997) con muestras de niños de 14 a 17 años, se registran conductas disociales moderadas en más del 80% de los niños, al menos en una ocasión, y casi en el 50% con una cierta frecuencia. En relación al sexo, son los chicos quienes presentan estas conductas con mayor frecuencia (Emberley, 2004). Otro estudio detectaba un porcentaje de trastorno negativista desafiante del 3,77% entre niños entre 12 y 16 años de edad (Emberley y Pelegrina del Río, 2011). Estos datos preocupan mucho porque, comparados con estudios anteriores, demuestran un incremento significativo de estos problemas que parecen en constante crecimiento en todas las franjas de edad. Además, a estos casos se deberían sumar los denominados TND subclínico que serían aquellos niños que, a pesar de sus conductas perturbadoras, disruptivas y desafiantes, no satisfacen el umbral mínimo de los 4 criterios para la aceptación del diagnóstico (Emberley y Pelegrina del Río, 2011).

El trastorno negativista desafiante y la intervención estratégica

Desde la óptica de la intervención estratégica el trastorno negativista desafiante se puede reconducir a un problema de comunicación, donde los adultos aplican una multitud de estrategias para mejorar la conducta de los niños sin conseguir buenos resultados. Las “soluciones intentadas” (SI), que serían lo que los cuidadores realizan para reducir las conductas disfuncionales, son principalmente normativas, se pide directamente el respeto de las reglas. Cuando las normas no son respetadas se recurre a castigos, cada vez más duros. A pesar de no tener éxito, las SI se repiten, provocando que los niños aumenten el nivel de sus desafíos, con un aumento de los castigos por parte de los adultos.

Las SI más frecuentes:

  • Pedir obediencia a las reglas y a la autoridad.
  • Llamar, reprochar, prohibir.
  • Castigar
  • Quejarse y pedir ayuda a otras personas o profesionales.

Las estrategias que funcionan en estas situaciones tienen que ser contradictorias, y lo primero que se tiene que evitar a toda costa es caer en la trampa del desafío. En lugar del conflicto, usar una declaración de impotencia: “nos gustaría mucho que pudieras ponerte a leer... pero ya sé que no lo harás”. En este caso si el niño no lee, no estaría oponiéndose y su conducta estaría vacía de contenido. Al revés, si quisiera oponerse, debería empezar a leer (Nardone y Fiorenza, 2004).

Si predominan las conductas oposicionistas usamos pequeños sabotajes, por ejemplo, cuando el niño no recoge sus juguetes, los padres hacen desaparecer algún juguete y luego se disculparán por el despiste: “disculpa hijo me habré equivocado”.

Si predominan en cambio conductas provocativas usaremos la técnica de premiar el comportamiento disfuncional, o la frustración del síntoma: “qué bien, mi niño hoy está en el día del NO, vale, no te preocupes, no te lo tendremos en cuenta”. Todo esto además dicho con una sonrisa cómplice.

El cambio en las estrategias por parte de los adultos puede provocar el aumento de intensidad de las provocaciones, pero, en poco tiempo, normalmente se reduce el número y la intensidad de los conflictos.

Para entender mejor cómo poner en práctica estas estrategias recomendamos visualizar el siguiente vídeo:

Video: Bolmida, M. Las conductas conflictivas en el aula. Aprender a gestionar los niños y los adolescentes difíciles.

https://youtu.be/BfBAanm_mTs

 

Mauro Bolmida

Profesor de la Universidad Internacional de Valencia especialista en Terapia Estratégica

Máster Universitario en Prevención e Intervención Psicológica en Problemas de Conducta en la Escuela

 

  • American Psyquiatric Association (2000). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (4a edición-texto revisado) (DSM-IV-TR). Washington, DC: Autor.
  • Balbi, E. y Artini, A. (2011). Curar la escuela. Barcelona: Herder.
  • Emberley, E. (2004). El Trastorno Desafiante por Oposición: una estimación de su prevalencia y sintomatología entre los alumnos de Educación Secundaria del Campo de Gibraltar. Almoraima, 32, 103-114.
  • Emberley, E. y Pelegrina del Río, M. (2011). Prevalencia, sintomatología y distribución del trastorno negativista desafiante. Psicothema, 23(2), 215-220. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=72717169008
  • Fiorenza, A. (2003). Niños y adolescentes difíciles. Barcelona: RBA Libros.
  • Jensen, P.S., Watanabe, H.K., Richters, J.E., Cortes, R., Roper, M., y Liu, S. (1995). Prevalence of mental disorder in military children and adolescents: Findings from a two-stage community survey. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psyquiatry, 34, 1514- 1524. DOI: 1097/00004583-199511000-00019
  • Maughan, B., Rowe, R., Messer, J., Goodman, R., y Meltzer, H. (2004). Conduct disorder and oppositional defiant disorder in a national sample: Developmental epidemiology. Journal of Child Psychology and Psyquiatry, 45(3), 609-621. DOI: 10.1111/j.1469-7610.2004.00250.x
  • Mirón, L., Serrano, G., Godás, A., y Rodríguez, D. (1997). Conducta anti- social y consumo de drogas en adolescentes españoles. Análisis y Modificación de Conducta, 23(88), 255-282.
  • Nardone, G. (2004). El arte de la estratagema. Barcelona: RBA Integral.
  • Nardone, G. y Balbi, E. (2009). Surcar el mar sin que el cielo lo sepa. Lecciones sobre el cambio terapéutico y las lógicas no ordinarias. Barcelona: Herder.
  • Nardone, G. y Fiorenza, A. (2004). La terapia breve en contextos educativos. Comunicación y “problem solving” para los problemas escolares. Barcelona: Herder.
  • Pelham, W.E., Gnagy, E.M., Greenslade, K.E. y Milich, R. (1992). Teacher ratings of DSM-III symptoms for the disruptive behaviour disorders. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 31, 210-218.
  • Watzlawick, P., Beavin, J. H. y Jackson, D. (1991). Teoría de la comunicación humana. Interacciones, patologías y paradojas. Barcelona: Herder.
  • Watzlawick, P. y Nardone, G. (1993). El arte del cambio. Trastornos fóbicos y obsesivos. Barcelona: Herder.
  • Watzlawick, P. y Nardone, G. (1999). Terapia breve: filosofía y arte. Barcelona: Herder.