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Hoy no es novedoso reconocer que una clase no puede convertirse en un púlpito profesoral donde una persona “que sabe” enseña a otras “que no saben”, fundamental y casi exclusivamente mediante la palabra. Ya Comenio, nada menos que en el siglo XVII, advertía de la importancia de la imagen y no solo de las palabras en la enseñanza. Años después Pestalozzi hablaba de promover una educación activa y Herbart de la importancia de fomentar el interés (de motivar, diríamos en lenguaje de hoy).

Muchos autores señalan el constructivismo como una novedad pedagógica frente a una educación más tradicional, aunque realmente los planteamientos de esta corriente ya estaban en muchos otros discursos pedagógicos del siglo XX, como la Escuela Nueva o Activa de Ferrière, Montessori o Dewey, y en la Escuela Moderna de Ferrer i Guardia. No obstante, también es cierto que las posibilidades que abren hoy las Tecnologías de la Información y la Comunicación para la Innovación y la Educación pueden suponer un espaldarazo a estas tendencias educativas que promueven un rol más participativo y más activo del estudiante.

Entre ellas, una de las más interesantes, a nuestro juicio, es la que promueve la denominada “clase invertida” o Flipped Classroom, que aboga por sacar fuera de la clase física los aspectos menos creativos del proceso educativo para dedicar la interacción más directa con el alumno al debate, la reflexión, la investigación o el trabajo por proyectos. Este vídeo de aulaPlaneta desarrolla una propuesta de aplicación de la metodología en diez sencillos pasos. 

Como hemos visto, se trata de diseñar un proceso de enseñanza-aprendizaje en el que los alumnos han de realizar un trabajo de estudio previo con materiales que facilita el docente (vídeos, documentos, enlaces web…) que luego se pueden confrontar, aclarar o debatir en clase para posteriormente desarrollar los aspectos más prácticos de aplicación de los nuevos aprendizajes.

Aunque se pueden dar muchas referencias sobre precursores e impulsores de esta metodología, es obligatorio citar a Jonathan Bergmann y Aaron Sams, dos profesores norteamericanos de Secundaria, quienes empezaron grabando en vídeo algunas de sus clases para facilitar su seguimiento a alumnos que no podían asistir a las mismas por los motivos que fueran.

Pronto se dieron cuenta de que esas grabaciones no solo servían para “recuperar” las clases perdidas, sino que constituían un magnífico recurso de aprendizaje per se. Los vídeos podían servir para repasar, afianzar conocimientos, facilitar demostraciones… y así ya no era necesario utilizar la clase para repasar tópicos de manera general, lo que permitía ofrecer una atención mucho más adaptada a las necesidades reales de los alumnos e incluso personalizar las enseñanzas. Una estrategia que se había diseñado para algunos alumnos, en realidad servía para mejorar la experiencia educativa de todo el  grupo clase. 

La Flipped Learning Network ha establecido que son cuatro los pilares principales sobre los que se sustenta la metodología: la facilitación de un entorno espacio-temporal flexible, el cambio a una cultura de aprendizaje centrada en el alumno y no en el docente, la utilización de contenido intencional para maximizar el tiempo de clase y la potenciación del rol profesional del educador como catalizador de todo el proceso.

La literatura sobre reflexiones y experiencias sobre Flipped Classroom en primaria y secundaria es cada vez más rica y abundante pero ¿es factible aplicarla también en la universidad? Juzgue el lector ¿Queremos persistir en metodologías que fomentan, sobre todo, competencias como describir, enumerar, identificar, reproducir, exponer o resumir? ¿O damos el paso al análisis, la contrastación, discriminación, interpretación o a la valoración crítica? (¡Otra vez la taxonomía de Bloom!). Les adelantamos que los estudiantes ya lo tienen claro… Diversos estudios desarrollados en contextos universitarios, como los de Arráez et al (2018), Simon (2018) u Opazo et al (2016) apuntan a que un porcentaje muy alto de los estudiantes prefiere la clase invertida a la tradicional. Y usted… ¿Se atreve a darle la vuelta?

 

Referencias

Arráez, G., Lorenzo-Lledó, A., Gómez-Puerta, J.M. & Lorenzo-Lledó, G. (2018). La clase invertida en la educación superior: percepciones del alumnado. International Journal of Development and Educational Psichology, 1 (2): 155-162.   

Bergmann, J. & Sams, A. (2012). Flip your Classroom: Reach Every Student in Every Class Every Day, International Society for Technology in Education, Estados Unidos

Flipped Learning Network (2014). The Four Pillars of F-L-I-P™

Opazo, A. R., Acuña, J. M. & Rojas, M. P. (2016). Evaluación de metodología flipped classroom: primera experienciaInternational Journal of Technology and Educational Innovation, 2(2): 90-99.

Simon, J., Ojando, E.S., Àvila, X., Miralpeix, A., López, P. & Prats. M. A. (2018). Reformulación de  los roles del docente y del discente en la educación. El caso práctico del modelo Flipped Classroom en la universidad. Revista de Estudios y Experiencias en Educación, 2 (Extra 1): 53-73.  

Autor

David Cobos Sanchiz

Profesor del Máster en Educación, Tecnologías e Innovación de la VIU