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“El vídeo puede suponer también un incremento de la participación en las experiencias mediadas, tanto permitiendo una «navegación audiovisual» como generando documentos audiovisuales interactivos”

Bartolomé-Pina, Antonio Ramón

Según datos propios de Telefónica (Ariel y Fundación Telefónica, en colaboración con Editorial Planeta, 2016) “el 79,6% de los internautas recurren al vídeo con intenciones formativas, cifra que se incrementa hasta el 95,1% en los jóvenes de edades comprendidas entre los catorce y los diecinueve años y al 90,9% de jóvenes de edades comprendidas entre los veinte y los veinticuatro años, segmentos de edad en los que los usuarios se encuentran centrados en su etapa formativa”

Las cifras hablan por sí mismas, aunque también hay que decir que, en otros segmentos de la población, y en ámbitos como los son la formación reglada, la formación en el entorno de trabajo, la formación más informal o simplemente el aprendizaje de aficiones, el protagonismo del video como mediador y facilitador de aprendizajes, es un hecho.

A lo largo de la última década y con la inclusión progresiva de las TIC al aula, este recurso didáctico cada vez es más utilizado en aulas presenciales y virtuales por profesorado y por alumnado, va cobrando cada vez más protagonismo, el cual en estos últimos años, se ha incrementado por la implementación del modelo pedagógico Flipped Classroom en muchas clases.

Precisamente por ser un recurso que facilita la recepción de la información por los canales auditivo y visual y que ayuda a “ilustrar” y/o estructurar los contenidos que vamos a trabajar, suele ser uno de los medios didácticos que solemos emplear con más frecuencia en el aula, siendo de gran utilidad también en entornos virtuales de aprendizaje.

Tanto para docentes que se inician en esta profesión, como para los que llevamos ya unos años ejerciendo, tener en cuenta este recurso y los usos didácticos que podemos darle en los procesos de enseñanza aprendizaje, puede resultar motivador.

Como docentes “prosumidores”, conocer y utilizar herramientas 2.0 que nos permitan no sólo buscar y “consumir” vídeos ya existentes, sino crear nuevos vídeos adaptándolos a la realidad, intereses y necesidades de nuestro alumnado, implica “ponernos en acción”

Así, para el primer caso, y para la búsqueda de vídeos específicos de nuestras asignaturas, ofrecemos los siguientes recursos:

Por lo que se refiere a nuestra “faceta como creadores/editores de vídeos”, hay muchas herramientas que pueden resultar válidas para iniciarnos en esta investigación que promueve actividad por nuestra parte como docentes, como creadores de contenido, como mediadores pero también como orientadores en entornos de aprendizaje virtual y presencial, donde el uso del vídeo, puede ser de especial interés didáctico:

Hablar de las ventajas y riesgos del mal uso de vídeos en nuestras clases, implicaría mucho más que un breve post sobre el tema, más, el poder compartir experiencias en nuestras comunidades de aprendizaje, en cuanto al uso que le damos, qué tenemos en cuenta, cuándo y con qué contenidos solemos apoyarnos en este recurso, implica, sin dudas, una gran dosis investigación-acción por nuestra parte como docentes ¿no creéis?

¿Veis el vídeo un recurso didáctico útil? ¿Cómo lo utilizáis en vuestras clases? ¿Qué otras herramientas de videos y canales educativos conocéis y utilizáis?

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Referencias:

Fundación Telefónica. (2016). Informe de la Sociedad de la Información en España de 2016.

Márquez, P. (2010). Los vídeos educativos. Recuperado de http://www.peremarques.net/videoori.htm

González G. Karolina, Rincón C. Diego A. (2013). El docente-prosumidor y el uso crítico de la web 2.0 en la educación superior. Sophia, (9), 79-94.

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Mª de Lourdes Ferrando Rodríguez.

Profesora colaboradora en Máster Universitario en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas