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Entre los principales ámbitos de actuación en prevención de drogodependencias y otras conductas adictivas está la prevención escolar. Sloboda (2008) considera la escuela como un excelente marco de intervención para las estrategias preventivas, dado que los centros escolares son instituciones que cumplen un papel fundamental en los procesos de socialización de los adolescentes, y se trata de un ambiente protector que refuerza valores, actitudes y comportamientos prosociales. En este mismo sentido se expresa el MEPSYD y MSC (Salvador, Suelves y Puigdollers, 2008) al señalar una revisión realizada por la OMS sobre la evidencia disponible en materia de promoción de la salud a través de actuaciones realizadas desde el ámbito educativo, en la cual se determinó que los centros educativos proporcionan un entorno óptimo para realizar intervenciones coste-efectivas de promoción y educación para la salud.

Las ventajas de actuar en el ámbito escolar son múltiples, pero especialmente destacable es que el acceso al conjunto de la población infantil y juvenil está prácticamente asegurado debido a la obligatoriedad de la educación desde los 3 a los 16 años. Ello permite llegar a los jóvenes escolarizados en la edad de máximo riesgo para el uso de drogas y otras conductas adictivas, entre los 11 y los 14 años de edad, facilitando realizar la prevención preventiva. Este hecho ofrece la posibilidad de desarrollar distintos tipos de intervenciones que pueden facilitarles aprendizajes y fomentar estilos de vida saludables esenciales para su desarrollo vital. Esta es la principal razón por la que son muchas las intervenciones preventivas desarrolladas en el ámbito escolar. Y aunque no todas ellas son evaluadas, sí ha permitido que sea el ámbito donde hay más programas preventivos evaluados (Becoña, 2002).

Las revisiones sistemáticas y los meta-análisis en prevención escolar en drogodependencias (Hansen, 1992; Tobler y Stratton 1997; Tobler et al., 2000; Cuijpers, 2002; Skara y Sussman, 2003; Winters, Fawkes, Fahnhorst, Botzet y August, 2007; Faggiano et al., 2008; Thomas y Perera, 2007; Thomas, McLellan y Perera, 2013) nos informan claramente que los programas de influencia social y los de habilidades para la vida son los más efectivos (aunque se sugiere la superioridad de los primeros sobre los segundos), y que aquellos que son aplicados mediante metodologías interactivas son más eficaces que los programas no interactivos. Los programas interactivos permiten un mejor abordaje de los componentes que se han mostrado eficaces, ya que permiten: (a) elaborar el conocimiento favoreciendo un aprendizaje más integrador y significativo, por ejemplo en relación a la clarificación de normas y la sobrestimación de la prevalencia de uso entre los iguales; y (b) ensayar conductas que permiten alcanzar competencia en distintas habilidades para la vida y para el afrontamiento de los procesos de influencia y presión social hacia el uso de drogas.

Presumiblemente, estas mismas conclusiones sean efectivas en los programas de prevención de otras conductas adictivas.

Sin embargo, hallándonos en una época en que el uso de las tecnologías de la información y la comunicación  (TIC) predominan en distintos contextos e interacciones sociales, el uso de las TIC en los centros educativos es limitado y, según Sigalés, Mominó, Meneses y Badia (2008), ha dado menos frutos de los previstos. Las TIC se utilizan principalmente para apoyar las actividades docentes habituales, con un uso restringido en las propuestas docentes a la búsqueda de información para la realización de tareas. Esto lleva a que los adolescentes perciban el uso de las TIC más relacionado con contextos de ocio que educativos formales (Sánchez-Navarro y Aranda, 2011), lo cuál supone un hándicap para fomentar su uso como herramienta preventiva.

Las TIC ofrecen un interesante potencial como herramienta y estrategia preventiva por diversos motivos. Además de permitir explorar y analizar distintas realidades bajo directrices y supervisión de profesionales de la prevención, promueve la comunicación y la interactividad, así como el trabajo colaborativo. Su uso implica necesariamente participación activa, y los entornos que ofrecen las TIC pueden ser herramientas educativas sumamente atractivas y motivadoras, especialmente cuando actualmente la prevención de drogodependencias y otras conductas adictivas en adolescentes se realiza casi en exclusiva sobre “nativos digitales”.

Actualmente sabemos lo que funciona y lo que no funciona en prevención en drogodependencias y otras conductas adictivas, se han definido cuáles son las características de los programas preventivos eficaces. El reto reside ahora en cómo desarrollar todo este conocimiento científico sobre soportes y entornos TIC.

 

Víctor J. Villanueva Blasco

Director del Máster Universitario en Prevención en Drogodependencias y Otras Conductas Adictivas en la VIU

 

Referencias

Becoña, E. (2002). Bases científicas de la prevención de las drogodependencias. Ministerio del Interior. Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Madrid: Plan Nacional sobre Drogas.

Cuijpers, P. (2002). Effective ingredients of school-based drug prevention programs: A systematic review. Addictive Behaviors, 27, 1009-1023.

Faggiano, F., Vigna-Taglianti, F. D., Versino, E., Zambon, A., Borraccino, A., y Lemma, P. (2008). School-based prevention for illicit drugs use: A systematic review. Preventive Medicine, 46, 385-396.

Hansen, W. B. (1992). School-based substance abuse prevention: A review of the state of the art in curriculum, 1980–1990. Health Education Research, 7, 403-430.

Salvador, T., Suelves, J. M., y Puigdollers, E. (2008). Criterios de calidad para el desarrollo de proyectos y actuaciones de promoción y educación para la salud en el sistema educativo. Guía para las Administraciones Educativas y Sanitarias. Madrid: Ministerio de Educación-Ministerio de Sanidad y Política social.

Sánchez-Navarro, J.; Aranda, D. (2011): Internet como fuente de información para la vida cotidiana de los jóvenes españoles. El profesional de la información, 2011, enero-febrero, v. 20, n. 1, pp. 32-37

Sigalés, C., Mominó, J., Meneses, J., Badia, A. (2008): La integración de Internet en la educación escolar española: situación actual y perspectivas de futuro. Informe de investigación. IN3. 807p. Recuperado en http://www.uoc.edu/in3/integracion_internet_educacion_escolar/esp/pdf/i….

Skara, S., y Sussman, S. (2003). A review of 25 long-term adolescent tobacco and other drug use prevention program evaluations. Preventive Medicine, 37, 451-474.

Sloboda, Z. (2008). Moving towards evidence-‐based practice: school-‐based prevention of substance use in the USA. En A cannabis reader: global issues and local experiences Perspectives on cannabis controversies, treatment and regulation in Europe. Luxemburgo: Office for Official Publications of the European Communities.

Thomas R, McLellan J, Perera R. (2013) Programas escolares para la prevención del hábito de fumar. Cochrane Database of Systematic Reviews.

Thomas, R., y Perera, R. (2007). Programas escolares para la prevención del hábito de fumar. Cochrane Database of Systematic Reviews.

Tobler, N. S., Roona, M. R., Ochshorn, P., Marshall, D. G., Streke, A. V., y Stackpole, K. M. (2000). School-based adolescent drug prevention programs: 1998 meta-analysis. Journal of Primary Prevention, 20, 275-336.

Tobler, N. S., y Stratton, H. H. (1997). Effectiveness of school-based drug prevention programs: A meta-analysis of the research. Journal of Primary Prevention, 18, 71-128.

Winters, K. C., Fawkes, T., Fahnhorst, T., Botzet, A., y August, G. (2007). A synthesis review of exemplary drug abuse prevention programs in the United States. Journal of Substance Abuse Treatment, 32, 371-380.