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El famoso silogismo de René Descartes aparecido en su Discurso del método en 1637 ha encontrado su equivalente en el siglo XXI: No pienso, luego copio-pego. Aunque a priori la idea pueda resultar descabellada, sin duda, alude a una práctica fraudulenta cada vez más frecuente en el contexto educativo actual; una conducta que se ha visto socialmente aceptada durante años y que ha gozado de una inmerecida impunidad legal. Nos referimos, pues, al plagio o, en la versión moderna del término, al ciberplagio, atendiendo a la gran cantidad de información digitalizada a la que tenemos acceso hoy en día gracias a las nuevas tecnologías (Cebrián-Robles, Raposo-Rivas, Cebrián de la Serna y Sarmiento-Campos, 2018).

Echemos un vistazo, pues, a la definición de este concepto. La Real Academia de la Lengua Española (RAE) define plagio como el acto de copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias. Refiere, así, a un comportamiento ilegítimo vinculado con la apropiación voluntaria o el robo de ideas de un tercero; una operación de camuflaje en la que se oculta la fuente original, y una práctica que lleva, al individuo que la realiza, a aprovecharse de la creación de otra persona de manera irrespetuosa y deshonesta. Algunos autores identifican el plagio con un fraude doloroso contra el derecho de autor (Carmona, 1988), un grave atentado contra la propiedad intelectual ajena (Latorre, 1994) y una ruptura premeditada con el propio sistema de conocimiento (Bergadàa, 2016). Se trata, en definitiva, de un error de conducta basado en la voluntad de obtener un beneficio propio a cambio de realizar el menor esfuerzo posible.

Desafortunadamente, las conductas plagiarias afectan a los sistemas de aprendizaje de todos los niveles educativos (desde el colegio hasta la universidad), pero deberían ser más intolerantes y vergonzosas, si cabe, en etapas de enseñanza superior. Básicamente porque se presupone que el estudiantado ha adquirido, en la educación básica y media, unas competencias generales que le permiten desarrollar su opinión de manera crítica y, por tanto, producir conocimiento.

Sin embargo, la realidad es bien distinta y muchos estudiantes tienen serios problemas para enfrentarse a un folio en blanco, estructurar sus ideas y desarrollarlas con coherencia. Acceden a la universidad con bajos niveles de procesamiento de información y con prácticas de lectura y escritura que, en muchos casos, no trascienden la simple reproducción superficial de los textos a los que se enfrentan (Ochoa y Cueva Lobelle, 2014: 106). A ello, se añade el desconocimiento respecto a la correcta utilización de fuentes bibliográficas y de las reglas de citación. En consecuencia, recurren al famoso copy-paste como modus operandi para la consecución de sus objetivos académicos, sin darse cuenta de que esta acción, mecanizada y poco intelectual, tiene consecuencias a largo plazo. De hecho, recurrir a esta estrategia deshonesta de manera sistemática, e incluso interiorizarla como una práctica académica de primera mano, tendrá un impacto en la capacidad de análisis y reflexión del estudiante, en su competencia de lectura y escritura, y en su creatividad, seguridad y autonomía para enfrentarse a cualquier situación de aprendizaje fuera ya de las aulas.

Resulta curioso, pues, como algunos autores ven en esta práctica una oportunidad formativa para transmitir a los estudiantes técnicas de análisis crítico. Es más, valoran positivamente que el estudiantado construya un texto propio a partir de la paráfrasis o reformulación de las ideas de los demás, aun sin mencionar las fuentes que les  han servido de inspiración. En esta línea, Biagioli (2012, citado en Bessy y Chateauraynaud, 2015) defiende la idea de que un buen plagio no cuestiona la veracidad científica del texto producido, ya que su contenido puede ser incluso mejor que el texto original al haber sido objeto de varias evaluaciones. Ciertamente el conocimiento se construye a partir del ya existente, pero no a través de la incorporación clandestina de la voz ajena en un texto propio. Me niego a pensar que pueda encontrarse una utilidad didáctica a esta práctica fraudulenta, ni en la etapa de la copia, ni en la edición o la relectura de la producción collage.

En conclusión, reducir estas prácticas ilícitas que atentan contra la integridad académica es, hoy en día, uno de los objetivos de las instituciones de educación superior. En este sentido, la Universidad Internacional de Valencia (VIU) realiza importantes esfuerzos para fomentar la creatividad y el pensamiento crítico en el alumnado dentro del marco formativo. Será necesario analizar, pues, las causas que motivan a nuestros estudiantes a incurrir en estas prácticas (pereza, falta de creatividad, ignorancia, olvido, sensación de impunidad, tendencia, etc.) para iniciar acciones preventivas y de sensibilización que eviten poner en riesgo el sistema educativo, la cultura del esfuerzo, la calidad de la enseñanza y los valores en los que forma la universidad. De esta manera, evitaremos que el plagio se convierta en una forma de dopaje académico (Bergadàa, 2016) y en un recurso estructural en los estudios superiores.

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Vídeo

The University of Sydney Library, CRUE (Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas) -REBIUN (Red de Bibliotecas Universitarias) y la Comisión Sectorial de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). El plagio y la honestidad académica. En línea: http://www.crue.org/tutorial_plagio/ Consultado el 03/06/18.

 

Referencias

Bergadàa, M. (2016). “Le plagiat académique. Paroles d’auteur. Entrevista realizada por Xerfi. Precepta. Groupe Xerfi. En línea: https://www.youtube.com/watch?v=P-RvQIUV6dA (Consultado el 03/06/18).

Bessy, C. y Chateauraynaud, F. (2015). “Alertes et chuchotements. Le plagiat universitaire entre disputes informelles, scandales publics et politiques managériales. Questions de communication, 27, pp. 189-204. En línea: https://journals.openedition.org/questionsdecommunication/9800 (Consultado el 03/06/18).

Carmona, C. (1988). La nueva ley de propiedad intelectual. Madrid: Montecorbo.  

Cebrián-Robles, V.; Raposo-Rivas, M.; Cebrián de la Serna, M. y Sarmiento-Campos, J. A. (2018). “Percepción sobre el plagio académico de estudiantes universitarios españoles”. Educación XXI (prensa). UNED, pp. 1-25. doi: 10.5944/educXX1.20062. En línea: http://revistas.uned.es/index.php/educacionXX1/article/view/20062/17832 (Consultado el 03/06/18).

Latorre, V. (1994). Protección penal del derecho de autor. Valencia: Tirant lo Blanch.

Ochoa, L. y Cueva Lobelle, A. (2014). “El plagio y su relación con los procesos de escritura académica”. Forma y función, 27 (2), pp. 95-113. doi: 10.15446/fyf.v27n2.47667. En línea: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5916306 (Consultado el 03/06/18).

The University of Sydney Library, CRUE (Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas) -REBIUN (Red de Bibliotecas Universitarias) y la Comisión Sectorial de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). “El plagio y la honestidad académica. En línea: http://www.crue.org/tutorial_plagio/ Consultado el 03/06/18.

 

Autor

Cinta Gallent Torres

Profesora en el Grado de Traducción e Interpretación Universidad Internacional de Valencia (VIU)