Hombre sonriente en primer plano con casco blanco de protección, camisa clara y chaleco reflectante amarillo con los brazos cruzados, mientras al fondo en el espacio de trabajo de la obra interactúan otros profesionales con cascos y chalecos.
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El día a día de un Responsable de Seguridad y Salud en una gran empresa

Publicado: | Actualizado:
Juan José Agún González

Cuando explicamos qué hace un Responsable de Seguridad y Salud en una gran empresa, es fácil caer en una descripción bastante previsible: evaluar riesgos, investigar accidentes, organizar formación, realizar inspecciones, coordinar reconocimientos médicos o comprobar que se cumple la normativa. Todo eso forma parte del trabajo, por supuesto. Pero la realidad cotidiana es bastante más compleja.

En una organización grande, la prevención no sucede dentro de un despacho ni puede entenderse como una actividad aislada del resto de la empresa. Está en las decisiones sobre una nueva instalación, en una obra que comienza, en la incorporación de un equipo, en la compra de una máquina, en un conflicto que empieza a deteriorar un entorno de trabajo o en una llamada que llega cuando algo no ha salido como estaba previsto.

Y, muchas veces, todo ocurre a la vez.

Esa es probablemente una de las primeras cosas que aprende quien asume una responsabilidad corporativa en Seguridad y Salud: la prevención se planifica, pero el día raramente transcurre exactamente como estaba planificado.

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Un puesto claramente multitarea

Si hubiera que definir este trabajo con una sola característica, una de ellas sería, sin duda, su carácter multitarea.

En una misma mañana puedes estar revisando unas medidas de seguridad derivadas de una evaluación, pasar después a analizar los resultados de un estudio psicosocial y, unas horas más tarde, estar valorando unas mediciones de contaminantes químicos o revisando una exposición potencialmente relevante desde el punto de vista higiénico.

Un momento estás hablando de resguardos, procedimientos o consignación de equipos. Poco después tienes delante indicadores de carga mental, participación o conflicto organizativo. Y al rato debes interpretar concentraciones ambientales, límites de exposición profesional, tiempos de muestreo o la idoneidad de determinadas medidas de control.

Eso obliga a mantener una visión muy amplia de la prevención y, al mismo tiempo, a saber cuándo hay que bajar al detalle técnico.

Gestión de interlocutores y comunicación adaptada

El carácter multitarea no se limita a las disciplinas preventivas. También afecta a las relaciones profesionales.

A lo largo del día puedes negociar con un Servicio de Prevención Ajeno, coordinar actuaciones con tu propio Servicio de Prevención, reunirte con representantes de las personas trabajadoras, explicar una decisión a la dirección de la empresa, resolver cuestiones con una mutua colaboradora o atender un requerimiento de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social.

Cada interlocutor tiene su lenguaje, sus prioridades y su forma de entender el problema. Y eso cambia completamente la manera de comunicar.

No explicas una medida preventiva de la misma forma a un técnico, a un director financiero, a un delegado de prevención, a un responsable de operaciones o a un inspector de trabajo. El contenido técnico debe ser coherente, pero la forma de trasladarlo tiene que adaptarse.

El reto del marco normativo en empresas multinacionales

En organizaciones con presencia internacional aparece, además, otro reto especialmente interesante. Puede ocurrir que tengas que trabajar con responsables corporativos que poseen una sólida cultura de seguridad y salud laboral, pero que desconocen cómo se articula esa materia en España. En esos casos, no basta con hablar de prevención en términos generales.

Hay que explicar nuestro marco normativo, la estructura de responsabilidades, el papel de la representación de las personas trabajadoras, la vigilancia de la salud, la coordinación de actividades empresariales, la actuación de la Inspección de Trabajo o el funcionamiento de determinadas instituciones que pueden no tener un equivalente exacto en otros países.

Dominar esta complejidad es precisamente uno de los ejes clave que se abordan en el Máster Oficial en Prevención de Riesgos Laborales (PRL), una preparación esencial para quienes deben mirar nuestro propio sistema con cierta distancia y explicar por qué hacemos las cosas de una determinada manera.

El día puede empezar de muchas maneras

No existe un día estándar.

Puedes comenzar revisando indicadores de accidentalidad y, diez minutos después, estar valorando un incidente ocurrido en uno de los centros. O tener prevista una reunión para analizar la planificación preventiva anual y recibir una consulta sobre una trabajadora especialmente sensible, una situación de embarazo, una posible exposición accidental, un problema ergonómico o una deficiencia detectada durante una inspección.

También puede aparecer una cuestión aparentemente sencilla que, cuando empiezas a analizarla, afecta a varias áreas de la organización.

Y ahí comienza una parte importante del trabajo: preguntar, escuchar y obtener información fiable antes de tomar una decisión.

¿Qué ha ocurrido realmente? ¿Quién estaba presente? ¿Qué procedimiento existía? ¿Era conocido? ¿Podía cumplirse en las condiciones reales de trabajo? ¿Estamos ante un fallo puntual o ante un problema más profundo?

La experiencia enseña a desconfiar de las explicaciones demasiado rápidas. Un accidente raramente se comprende con una sola fotografía.

Gestionar prevención significa gestionar decisiones

En una gran organización, el Responsable de Seguridad y Salud no puede estar físicamente en todos los lugares donde existe un riesgo. Sería imposible. Por eso, una parte esencial del puesto consiste en construir un sistema capaz de funcionar incluso cuando tú no estás presente.

Esto implica procedimientos, criterios homogéneos, responsables definidos, canales de comunicación, indicadores, formación, seguimiento y una estructura preventiva suficientemente integrada en la organización.

Pero hay algo todavía más importante: conseguir que las personas que toman decisiones entiendan las consecuencias preventivas de esas decisiones.

La prevención funciona especialmente bien cuando deja de ser únicamente una cuestión del Servicio de Prevención.

Una reforma tiene implicaciones preventivas. También las tiene una compra, una contratación, un cambio organizativo, la introducción de una nueva tecnología o la modificación de un proceso.

Por eso, buena parte del trabajo consiste en hablar con personas que no son especialistas en prevención: responsables de operaciones, mantenimiento, recursos humanos, compras, ingeniería, responsables de centro, dirección o representación de las personas trabajadoras.

No basta con indicar que algo incumple una determinada disposición normativa. Hay que explicar qué riesgo existe, cuál puede ser su consecuencia, qué debemos hacer, con qué prioridad y, sobre todo, cómo podemos solucionarlo de manera razonable.

Hombre sonriente en primer plano con casco blanco de protección, camisa clara y chaleco reflectante amarillo con los brazos cruzados, mientras al fondo en el espacio de trabajo de la obra interactúan otros profesionales con cascos y chalecos.

Construir relaciones profesionales también es prevención

Hay una parte del trabajo que no siempre aparece en los manuales y que, con el tiempo, adquiere un peso enorme: construir relaciones profesionales sólidas.

Una gran empresa funciona a través de muchas personas y muchas organizaciones distintas.

Servicios de prevención, mutuas, representación legal de las personas trabajadoras, recursos humanos, mandos intermedios, dirección, asesorías, empresas contratistas, organismos públicos, Inspección de Trabajo o responsables corporativos de otros países.

Con todos ellos es necesario establecer una relación basada en algo muy sencillo de decir y bastante más difícil de conseguir: confianza profesional.

Puede haber diferencias sobre la prioridad de una medida, la interpretación de una situación, el plazo para ejecutar una actuación o la suficiencia de una solución propuesta. Pero incluso cuando existen posiciones diferentes, es fundamental que los interlocutores sepan que detrás de una decisión existe un criterio técnico, que la información se comparte con transparencia y que el objetivo final es común.

La experiencia demuestra que muchos problemas preventivos se resuelven mejor cuando previamente existen buenos canales de comunicación.

Una llamada a tiempo puede evitar semanas de correos. Una conversación técnica bien planteada puede desbloquear una actuación que llevaba meses detenida. Una relación profesional construida durante años puede ser especialmente valiosa cuando aparece una situación compleja.

También hay reuniones. Muchas reuniones

Sería poco realista describir el puesto sin mencionarlas.

Comités de Seguridad y Salud, reuniones con responsables de centros, recursos humanos, operaciones, mantenimiento, dirección, servicios médicos, proveedores o empresas externas.

A veces una reunión evita meses de problemas. Otras veces genera tres reuniones nuevas, pero forma parte del trabajo. Pero incluso aquí la prevención tiene una función muy concreta: conseguir que una reunión termine con decisiones.

¿Quién hace qué? ¿Cuándo? ¿Cómo vamos a comprobarlo?

Cuando esas tres preguntas quedan claras, gran parte del trabajo está encaminado.

¿Y cuándo termina el día?

En teoría, cuando termina la jornada.

En la práctica, quien haya trabajado durante un tiempo en prevención probablemente sonreirá al leer esta frase.

Hay días tranquilos y otros bastante menos tranquilos. Hay llamadas inesperadas, incidencias, situaciones que requieren seguimiento y problemas que continúan dando vueltas en la cabeza cuando ya has cerrado el ordenador.

Sin embargo, también existe una parte especialmente satisfactoria de esta profesión.

Volver a un centro después de varios meses y comprobar que una situación complicada se ha solucionado. Ver funcionar una medida que inicialmente generó resistencia. Comprobar que disminuyen determinados accidentes. Escuchar a alguien explicar espontáneamente una medida preventiva que hace un año nadie aplicaba.

Por eso es una profesión difícil de explicar utilizando únicamente una descripción de puesto.

Quizá la definición más sencilla sea otra.

El Responsable de Seguridad y Salud dedica buena parte de su día a intentar que miles de decisiones pequeñas, tomadas por personas diferentes, en lugares diferentes y con intereses distintos, conduzcan en una misma dirección: que el trabajo pueda desarrollarse sin que nadie tenga que pagar con su salud el hecho de realizarlo.

Y al día siguiente, se empieza de nuevo.

Preguntas frecuentes sobre la formación en Prevención de Riesgos Laborales en VIU

El máster capacita a los estudiantes en el diseño de sistemas de gestión integrados, auditorías y habilidades de comunicación para implantar una cultura preventiva efectiva ante todo tipo de personas.

Sí, el plan de estudios del Máster Oficial en PRL de VIU ofrece una formación integral en las tres especialidades técnicas requeridas por ley: Seguridad en el Trabajo, Higiene Industrial y Ergonomía y Psicosociología Aplicada, capacitando al estudiante para asumir la gestión multitarea que exige el sector.

El programa capacita a los profesionales para trasladar las consecuencias preventivas a responsables de otras áreas que no son especialistas en prevención, aportando argumentos técnicos y soluciones razonables para que la seguridad esté presente en reformas, compras o cambios de procesos.

Imagen José Agún González
Juan José Agún González

Codirector de la la Cátedra PREVION, Ingeniero y Doctor en Prevención de Riesgos Laborales