Francisco Escoda Patrón es pianista, docente y psicólogo. Sus estudios musicales lo llevaron de su Alicante natal a Madrid, Ámsterdam y París, en donde se formó en la Schola Cantorum con Eugen Indjic (discípulo del célebre Arthur Rubinstein) y obtuvo el Diploma de Virtuosismo “a l’unanimité et félicitations du jurée”, la máxima distinción otorgada por dicha escuela. Su intensa actividad concertística le ha llevado por gran parte de España, Europa y América Latina y a compartir escenario con primeras figuras internacionales como Nobuko Imai (viola) o Arno Bornkamp (saxofón). A esta actividad interpretativa e investigadora suma la docencia, habiendo ejercido la labor formativa en diversos conservatorios y desempeñando actualmente la labor de docente y director del Máster Universitario en Interpretación e Investigación Musical de VIU en el Itinerario de Interpretación. Como si este impresionante CV fuera poco, Escoda también es licenciado en Psicología, especializado en el tratamiento de la ansiedad escénica y en musicología.

Por todo esto, aprovechando la celebración del Día Europeo de la Música y el anuncio de los ganadores de nuestras Becas Andante, nos pusimos en contacto con Francisco Escoda para que nos compartiera su punto de vista experto sobre la situación actual del colectivo musical, el papel social y psicológico de la música y su experiencia personal como músico profesional durante esta pandemia.

¿Cómo ha afectado la pandemia al colectivo musical? ¿Se comienzan a notar signos de recuperación a medida que avanza el proceso de vacunación y se van levantando las medidas restrictivas?

La pandemia ha afectado de forma distinta a los distintos sectores del colectivo musical. Para los músicos freelance ha sido realmente trágico, ya que sus ingresos han descendido a cero. Para miembros de orquestas profesionales o docentes con dedicación plena, ha afectado psicológicamente, pero no a nivel económico. En todo caso, la sensación de inquietud permanente ha sido complicada de gestionar, y los signos de recuperación que efectivamente se empiezan a notar con mucha fuerza han supuesto un alivio enorme en todo el colectivo.

¿Cómo ha sido tu experiencia personal y la de tu entorno profesional musical durante esta pandemia? Sabemos que has realizado algunos conciertos con medidas anti COVID ¿Cómo fue la experiencia?

En mi caso y el de muchos colegas de profesión, al combinar la docencia en España con la actividad concertística y la docencia en el extranjero, he tenido que reestructurar mucho mis proyectos y he visto cómo otros se han cancelado sine die. Es cierto que he podido ofrecer conciertos siguiendo protocolos COVID, y obviamente es incómodo (mascarilla, mamparas entre músicos que impiden escuchar de la misma forma, etc.), pero compensa sobradamente cuando el concierto finalmente puede llevarse a cabo y ves que, en el recinto, con sus limitaciones de aforo, hay personas con ganas de escuchar música en directo.

Durante esta pandemia ha aumentado notablemente el consumo de música, especialmente durante el confinamiento ¿Nos puedes elaborar un poco sobre el rol social que tiene la música, más allá de su condición de producto cultural y de entretenimiento?

Creo que lo intrapersonal y lo interpersonal forma parte del individuo. En momentos en los que tenemos más tiempo para reflexionar sobre nuestros sentimientos, y en los que las relaciones con los demás se dificultan, la música tiene un enorme poder como generador y transmisor de emociones individuales y colectivas. El fenómeno de cierta canción al comienzo del confinamiento, o de los “músicos en el balcón”, nos muestra con qué facilidad la música es un vehículo de cohesión más importante de lo que uno pueda pensar.

Además de tu faceta de intérprete y docente en el campo musical, eres psicólogo y una de tus líneas de investigación es la psicología de la música ¿Nos puedes explicar un poco sobre las aplicaciones terapéuticas de la música? ¿Hay algún estudio o trabajo que te consideres especialmente relevante en este campo?

La utilización de la música con fines terapéuticos se remonta a civilizaciones como la egipcia o la griega, pero con el desarrollo de las técnicas de neuroimagen (las resonancias magnéticas funcionales), hemos adquirido un conocimiento muy amplio de lo que ocurre en nuestro cerebro al escuchar o producir música, lo que ha revolucionado el campo de la Musicoterapia; en concreto, los beneficios de la música en trastornos como el Parkinson, demencias, epilepsia, dolor crónico, así como su eficacia en todo tipo de cuidados paliativos están sobradamente sustentados. Autores como Robert Zatorre, Kenneth Bruscia y un pionero como fue Oliver Sacks (llevado al cine por Robin Williams en la película “Despertares”), han generado un amplio volumen de conocimiento al respecto.

Teniendo en cuenta los acontecimientos del último año y medio ¿Cuál crees que es el futuro de la industria musical? ¿Qué importancia tiene la formación en la carrera de un músico en el contexto en que nos encontramos?

El futuro de la industria musical es incierto, al margen del COVID, ya que el avance de las nuevas tecnologías y los cambios en la sociedad nos obligan a una reflexión muy profunda sobre el modo en el que afrontamos la propia educación musical, en ocasiones totalmente alejada de la realidad laboral y de la vanguardia artística. Por eso cada vez es más importante recibir una formación holística y actualizada que contemple las distintas vertientes de lo que llamamos música. Sin esa formación es muy complicado encontrar un espacio para desarrollar el potencial de cada músico en el mundo artístico actual.