El Dr. Víctor José Villanueva Blasco es doctor en Psicología y Psicobiología por la USC, coordinador técnico y miembro del Grupo Gestor del Proyecto ÉVICT y director de la Maestría Oficial en Prevención de Drogodependencias y otras Conductas Adictivas de VIU. Con motivo del Día Mundial Sin Tabaco le realizamos una entrevista para que nos contara desde su expertise los riesgos que entraña el consumo de tabaco, los desafíos y peligros que entrañan nuevas formas de consumos como los cigarrillos electrónicos y el impacto que tiene el tabaco en la salud de las personas y la sociedad como conjunto.

¿Cómo se han modificado las formas de consumir tabaco y productos relacionados con el tabaco durante la última década?

En los últimos años se está observando una tendencia ascendente del consumo de otras formas de fumar tabaco distintas al cigarrillo convencional, como es el caso de los cigarrillos electrónicos y el uso de pipas de aguas, conocidas como cachimbas.

La industria tabáquica promociona los EC como productos menos tóxicos y más saludables, promoviendo una menor percepción de riesgo hacia estos dispositivos, considerándolos menos dañinos que los cigarrillos fumados. La estrategia se fundamenta en generar procesamientos heurísticos y obviar los daños asociados a su uso. Por ejemplo, llaman “vaper” a los cigarrillos electrónicos para hacer creer a los usuarios que inhalan vapor de agua, y nada más lejos de la realidad, se trata de aerosoles.

Estas estrategias de la industria parecen ser efectivas. En 2018, casi la mitad de estudiantes de 14 a 18 años había probado los cigarrillos electrónicos, cifra que casi triplica el porcentaje de los que lo habían probado en 2014. Sin embargo, es importante señalar que ninguna administración pública de salud los ha catalogado como productos de riesgo reducido. En parte, por la imposibilidad de la industria de demostrar científicamente (y sin conflicto de intereses), que los EC son menos nocivos para la salud de las personas.

Por su parte, según los últimos estudios un 47,3% ha probado alguna vez la cachimba con tabaco, casi más estudiantes que los que han probado alguna vez el tabaco convencional.

¿Son el vapeo y otros métodos de fumar similares más seguros que los cigarrillos y el tabaco tradicional? ¿Qué peligros entrañan?

Los aerosoles generados por los EC son una fuente de exposición a compuestos tóxicos. Encontramos nicotina, monóxido de carbono, alquitrán, hidrocarburos aromáticos policíclicos, trazas de metales tóxicos y otros carcinógenos. Los componentes del humo de las cachimbas son prácticamente los mismos, junto al carbón característico de este sistema de consumo.

Sin embargo, según algunos autores, el consumo de tabaco en cachimba supone inhalar 56 veces más humo que en el caso de un cigarrillo; 25 veces más alquitrán; 2,5 veces más nicotina y 10 veces más monóxido de carbono. En términos de equivalencia, para una sola sesión de cachimba se equipararía al consumo de entre 25 y 50 cigarrillos.

La dependencia a la nicotina (o THC si se consume cannabis) sigue estando presente en los usuarios de cachimbas, observándose que entre los fumadores jóvenes de cachimba se desarrolla dependencia antes y con una menor frecuencia de uso en comparación con los cigarrillos convencionales (6 días/mes para cachimba vs. 13.5 días/mes para cigarrillos). Este fenómeno se debe a la mayor duración de la sesión de cachimba (1 hora de media en comparación con 5 minutos para un cigarrillo), y a una mayor exposición a nicotina.

Por otra parte, además del riesgo  de transmisión de enfermedades infecciosas, incluido el COVID-19 por su uso compartido, su uso supone un mayor riesgo y empeoramiento de: enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, infarto agudo de miocardio; enfermedades respiratorias como el asma, y enfermedad pulmonar; y varios tipos de cáncer, incluido el de pulmón.

La mayor amenaza de los cigarrillos electrónicos para la salud pública es que la creciente popularidad del vapeo puede “volver a normalizar” el consumo del tabaco, que ha disminuido durante años. La inversión de los logros que tanto han costado en el esfuerzo global por frenar el tabaquismo sería catastrófica. El tabaquismo sigue siendo la principal causa de muerte evitable y es responsable del fallecimiento de 52.000 personas cada año en España.

¿Cuáles son en tu experiencia las medidas más efectivas para disminuir y prevenir el consumo de tabaco en la población general?

Podemos decir qué funciona, pero si no se tiene experiencia para hacerlo con base en la evidencia científica y las buenas prácticas… La buena voluntad se le presupone a todo el mundo, pero no es suficiente para hacer prevención eficaz. Entre los puntos clave para la prevención del tabaquismo, concretaría:

1-Formación de profesionales, de ahí que desde la Universidad Internacional de Valencia pusiéramos en marcha el primer y único Máster Universitario en Prevención en Drogodependencias y otras Conductas Adictivas.

2-Acreditación de profesionales, de manera que se dignifique la profesión y se evite que cualquiera haga cualquier cosa de cualquier modo y le llame prevención, cuando en realidad es pseudo-prevención, equiparable a una pseudo-ciencia.

3-Acreditación de programas, ya que la proliferación de intervenciones debe discriminar entre aquellas que tienen un diseño basado en la evidencia científica, una planificación de la implementación a través de protocolos, manuales de contenidos, formación de los implementadores, etc; y las que no.

4-Dejar de poner el foco únicamente en los menores y asumir que es un problema social y cultural, promoviendo cambios a estos niveles, con especial énfasis en la regulación del uso del consumo de tabaco en espacios públicos abiertos, así como la publicidad directa e indirecta a través de youtubers, instragramers e influencers.

 5-Apoyo político e institucional claro y decidido, al margen de las presiones de los lobbies creados en torno a las drogas legales y, actualmente, en torno al cannabis.

¿Qué impacto tiene el consumo de tabaco en nuestro sistema de salud?

El impacto económico del tabaquismo se fija en 7.695 millones de euros y deriva de las cinco enfermedades que más frecuentemente se relacionan con el tabaco: enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), asma, enfermedad coronaria, enfermedad cerebrovascular y cáncer de pulmón. Así lo refleja el informe 'Evaluación del control del tabaquismo sobre los costes empresariales y sanitarios', elaborado por el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT). Los resultados ponen de manifiesto que el mayor gasto corresponde a la patología coronaria, con un total de 3.642 millones de euros; seguida de EPOC, 2.912 millones, y en tercer lugar las enfermedades cardiovasculares, 710 millones.

La partida de gasto que genera el tabaquismo a las empresas es "aún más alta", según el documento del CNPT, y alcanza los 8.780 millones de euros como consecuencia del absentismo laboral por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco, la pérdida de productividad por el consumo de tabaco en el lugar de trabajo y los costes adicionales de limpieza y conservación de instalaciones.

La mitad de los fumadores muere por enfermedades causadas por el tabaco. Puesto que la tasa de curación de las enfermedades más frecuentes debidas al tabaco es baja, la mejor opción consiste en evitar el inicio al consumo.

Aprovechando que mencionas al Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo, y que eres el coordinador a nivel nacional del Grupo ÉVICT de expertos en cannabis-tabaco, ¿qué relación tiene el consumo de tabaco con el de cannabis?

Los consumos de cannabis y tabaco se encuentran entrelazados, ya que la forma más común de consumo de cánnabis en Europa y España es mezclándola con tabaco, principalmente en el formato conocido como “porros”. Este consumo dual fomenta el mantenimiento del consumo de ambas sustancias a través de procesos y efectos reforzadores, asociándose a una mayor probabilidad de desarrollar dependencia a ambas sustancias.

Volviendo a los dispositivos electrónicos para la vaporización de nicotina, también sirven para consumir THC (tetrahidrocannabinol) y CBD (cannabidiol), generando la aparición del porro electrónico. El uso de los CE como dispositivos en los que vapear líquidos que contienen nicotina y THC también puede favorecer una doble adicción a ambas sustancias, observándose de este modo el consumo dual cannabis-tabaco y otra vía para el desarrollo de adicción a ambas sustancias.