Selecciona tu país

El 24 de octubre de 1963, Bob Dylan grababa en estudio la canción “The Times They Are A-Changin`”. Más allá del significado que pretendiera darle Dylan, se trata de una canción protesta escrita en una época de cambios sociales en EEUU. En esa época ya había enviado 9.000 soldados a la guerra de Vietnam, justo un año antes se vivió la crisis de los misiles de Cuba, y alcanzaba el cenit de su carrera armamentística en la “guerra fría” contra la URSS. Ante este planteamiento belicista de EEUU las movilizaciones sociales comenzaban a organizarse, aunque todavía tibiamente. Sería en los siguientes años en los que se desarrollarían en mayor medida. En 1963, el movimiento por los derechos civiles era el que estaba consiguiendo importantes avances a través de movilizaciones sociales y ciudadanas, culminando con la “Marcha sobre Washington” el 28 de agosto, donde Martin Luther King pronunció su famoso discurso “Tengo un sueño”. Al parecer los tiempos estaban cambiando en la década de los ’60 en EEUU.

De hecho, muchas cosas han cambiado en el mundo desde aquella época, aunque aún seguimos preguntándonos si todos los cambios han sido cambios para bien, o si “todo tiempo pasado fue mejor”. Las opiniones son tantas como percepciones y experiencias personales, pero la respuesta sólo puede ser una: hemos alcanzado un mayor reconocimiento de los derechos civiles, aunque otros derechos aún siguen siendo motivo de reivindicación, como la erradicación de la pena de muerte en muchos países del mundo.

Y si bien la guerra de Vietnam y la guerra fría son parte de la Historia (en mayúscula), podríamos contar millones de historias (en minúscula) de personas que sienten en sus vidas como la violencia no ha cejado en su fatal ejercicio. Las tecnologías de la información y las redes sociales nos permiten que algunas de esas historias no sean anónimas. En tiempos pasados no pertenecerían a la Historia, y tal vez sigan sin pertenecer a ella, pero ya no pertenecerán al silencio.

Escuchamos noticias de lugares lejanos donde hay una guerra en curso. Vemos imágenes de personas fallecidas en calles de ciudades que hemos recorrido visualmente sin haberlas visitado. Contemplamos como decenas, cientos, miles de niños y niñas, mujeres y hombres, familias enteras desplazadas buscan refugio a la miseria y a la violencia sufrida en sus países de origen, y cómo en las fronteras cercanas de países democráticos (que han firmado la Carta de Derechos Humanos) se levantan muros, alambradas, ejércitos armados custodian la entrada a la esperanza de millares de seres humanos. El pasado día 17 de noviembre de 2015, Amnistía Internacional publicaba el informe titulado Miedo y vallas: Los planteamientos de Europa para contener a las personas refugiadas, que señalaba cómo el levantamiento de vallas ha supuesto la negación de un derecho a los refugiados como es el acceso a procedimientos de asilo, además de desprotegerles frente a malos tratos e incluso provocar que deban optar por caminos alternativos como es el viaje por mar expuestos a la extorsión y en el peor de los casos a la muerte.

Tenemos la posibilidad de visionar y oír todo ello en streaming, a través de aparatos tecnológicos que han sido construidos en fábricas de países en los que la legislación laboral permite la explotación de la masa trabajadora, incluyendo a menores. Y nos preguntamos si los tiempos han cambiado, y en qué sentido lo han hecho.

Han cambiado muchas cosas desde aquel ’64 en que Dylan publicó la canción “The Times They Are A-Changin`” en su disco homónimo. Ahora tenemos la posibilidad de escucharlo en vinilo (formato original), pero también en cedé, en mp3 y a través de servidores de música en internet. Observamos en directo la violencia que otras personas sienten en cualquier lugar del mundo sin estar en cada uno de esos lugares. Vía satélite vemos como se levantan fronteras ante los sueños de los oprimidos y cómo las víctimas son de nuevo victimizadas. Podemos ver a través de un motor de búsqueda en internet imágenes de la segregación racial en EEUU, de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos, ver y escuchar a Martin Luther King dar su discurso. Podemos vivir aquellos momentos sin haberlos vivido realmente. Incluso nos generan emociones, y sin embargo no forman parte de nuestra biografía. ¿O, tal vez esta tecnología de redes ha permitido que sí formen parte de nuestra biografía emocional?

Millones de personas del mundo sueñan con escapar de la miseria y la violencia en su país, llegar al “mundo civilizado” y poder sobrevivir. No se plantean tener un televisor, ni un ordenador, ni hablar por WhatsApp o por videoconferencia. Les es suficiente con lograr sobrevivir, tener qué comer, dónde dormir y albergar la esperanza de que sus hijos vivirán en un lugar mejor: the promised land. ¿Cuál será su biografía emocional? ¿Formará parte de nuestra biografía emocional a través de las redes sociales?

El viernes 13 de noviembre de 2015, hace once días, nos sorprendió una noticia que ocupó el espacio de emisión de radios y cadenas de televisión, recibimos correos electrónicos, mensajes al móvil, fuimos al ordenador y leímos en un periódico digital lo que estaba aconteciendo en París. No estábamos allí, pero conocemos lo que ocurrió con detalle. Sucedió en el seno de Europa y eso nos hizo sentir vulnerables. ¿Dónde estaba el derecho a la vida? –se preguntaban muchas personas. Sentimos emociones dolorosas, empatizamos con los familiares de las víctimas y con toda una nación. Salimos a las calles, llenamos las plazas y pusimos imágenes de apoyo en nuestros muros de las redes sociales, expresamos en ellas nuestra solidaridad, nos unimos emocionalmente ante una causa común: el rechazo a un acto violento, asesino y terrorista.

Ha sido inevitable recordar los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EEUU y los del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Algunos incluso, para mostrar que no se trata de nacionalidades terroristas sino de personas asesinas, nos han recordado que en la segunda mitad del siglo XX surgieron en países de la misma Europa, como Francia, España, Alemania o Irlanda organizaciones armadas que cometieron actos terroristas. También que en nuestra propia y más reciente Historia, en el siglo XX, hay demasiadas muestras de violencia: las últimas guerras coloniales, la I y II Guerra Mundial, la guerra Civil Española. Muchos expresan que ahora vivíamos tranquilos, sin temor. Parecía que los tiempos habían cambiado y que la violencia estaba lejos de nuestros hogares. Eso creímos. Dolor, Frustración, Ira, y una sin razón que no explica el por qué de tal acto.

El día siguiente a la publicación de este post será 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, por lo que me permitirán que también hable de sus víctimas.

Cuando comencé a escribir este post el día 15 de noviembre pensé en señalar el número de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas, pero no me atreví a hacerlo porque en los últimos días había aumentado en 8 casos. ¿Cuántas veces debería cambiar la cifra hasta la publicación de este post 9 días después? Además, poner un número concreto sería tanto como reconocer a las víctimas asesinadas en este año hasta el presente momento, y no visibilizar a las víctimas posteriores a la publicación de este post, a las de otros años, o incluso no visibilizar a todas las víctimas de violencia de género que todavía no han sido asesinadas y sin embargo están en riesgo de serlo por el hecho de ser mujer. Me limitaré a decirles que si contabilizamos el total de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas en España en lo que llevamos de siglo XXI, el cómputo total de víctimas nos escandalizaría tanto como lo ha hecho en los atentados del 11-S, el 11-M y el 13-N. Todas esas personas, víctimas de la violencia, de la sinrazón, de un terrorismo yihadista unas y otras de un terrorismo machista, nos duelen del mismo modo. Y también nos duele el dolor de sus familiares, de sus hijas e hijos, de sus madres, padres, parejas, amistades, compañías… Ellos también son víctimas de la violencia.

Nuestra Historia está cargada de violencia. Nuestras historias, esas invisibles, íntimas, que se dan dentro de los hogares, en el ámbito laboral, en distintos contextos donde el ejercicio del poder y la dominación están presentes, están cargadas de violencia. Violencia sexual. Violencia psicológica. Violencia física. Violencia a menores. Violencia entre menores. Violencia en la pareja. Violencia de género. Violencia hacia los oprimidos. Violencia hacia las víctimas. Violencia, también, en las redes sociales.

Las redes sociales nos han creado la ilusión de una violencia que se ejerce fuera de nuestras fronteras. Pero también hay violencia en muchos hogares dentro de nuestras fronteras. Y también las mismas redes sociales son utilizadas para promover y ejercer violencia. Sabemos que es a través de ellas que se sirven las organizaciones criminales para tejer planes y coordinarse, que sirven para la captación y adoctrinamiento terrorista. Se aprovechan como medio de difusión de actos violentos que atentan contra los derechos fundamentales de las personas, entre ellos la vida. Son usadas para contactar con menores ejerciendo violencia sobre ellos. Son utilizadas para que unos adolescentes acosen a otros, para controlarse y ejercer sometimiento. Son usadas para colgar imágenes comprometidas, generar falsas verdades, para generar odio, racismo, xenofobia, homofobia y sexismo.

Martin Luther King tenía un sueño que consistía en que todos los ciudadanos de los EEUU tuvieran los mismos derechos sin distinción del lugar en el que hubieran nacido, de la pigmentación de su piel o de su condición social. Muchas personas sueñan con que el mundo cambie, con que los tiempos cambien. Sueñan con que la sociedad cambie entendiéndose a sí misma como garante de una justicia social universal. Y ahí la función de las redes sociales puede ser clave. Porque las redes sociales también permiten que estemos conectados, que nos conozcamos, que expresemos nuestras opiniones y sentimientos, que nos organicemos, que denunciemos injusticias, que debatamos soluciones, que planteemos acciones. Las redes sociales nos permiten educar, soñar, avanzar. Permiten que no olvidemos que detrás de cada injusticia, de cada derecho incumplido, de cada violencia ejercida, hay historias personales de gente que tal vez no conozcamos, o tal vez sí. Para todas ellas permitan que reproduzca los primeros versos de un precioso poema que escribió Mario Benedetti:

“Compañera
usted sabe
que puede contar conmigo,
no hasta dos ni hasta diez
sino contar conmigo”

No sé si los tiempos están cambiando. De hecho, “The Times They Are A-Changin`” no se halla entre mis canciones preferidas de Dylan. Prefiero Hurricane, es mejor musicalmente, más sincera en su intención, y una hermosa metáfora del huracán que habrá de derruir todo aquello que legitima la violencia, todo tipo de violencia. Y ese huracán somos nosotros. Si la vida de las personas cambia, cambiará la inercia violenta de los tiempos.

Víctor J. Villanueva Blasco: Miembro Equipo GIE-VIU para el estudio de la violencia de género de la Universidad Internacional de Valencia. Profesor prácticas Grado de Psicología de la Universidad Internacional de Valencia.

Profesor Asociado Facultad de ciencias sociales y humanas Campus Universitario Teruel (Universidad de Zaragoza)

 

[embed]https://www.youtube.com/watch?v=fq7gGbB-29I[/embed]