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Estos días ha caído en mis manos un interesantísimo, delicioso y valioso libro por su particular forma de contar la intrahistoria musical de la Italia y Francia dieciochesca. Su autor es Charles Burney. En junio de 1770 emprendió un viaje por esos países con el propósito de escribir una historia de la música de su tiempo. Sus vivencias y encuentros con los músicos, artistas y los más eminentes pensadores de ese momento, quedaron minuciosamente anotados en su diario de viaje que publicó en Londres en 1771, bajo el título The Present State of Music in France and Italy or, the Journal of a Tour through Those Countries, Undertaken to Collect Materials for a General History of Music.

Hace unos meses ha llegado a nuestras librerías la edición al castellano de la mano de Ramón de Andrés bajo el título: Viaje musical por Francia e Italia en el s. XVIII. El relato directo, entusiasta y sobretodo en primer persona de Burney aporta al lector de hoy «otra» imagen de tantos episodios de la historia de la música: los dota siempre de un mayor realismo; los tiñe, otras veces, con sorprendentes consideraciones que parecían inventos de nuestro tiempo. Para muestra un botón: mujeres y música, música y mujeres.

Estancia en Venecia. “Sábado, 11 de agosto. (…) A continuación volví a la Pietà, donde apenas había gente. Las jóvenes hacían mil diabluras vocales, sobre todo en los dúos, como queriendo poner a prueba sus gargantas y buen oficio; parecían jugar, desafiarse, medir quién llegaba más alto, quién más bajo, quién mantenía la nota más tiempo, quién hacía los gorjeos más ágiles y rápidos. Terminaron, como de costumbre, con una sinfonía. El pasado miércoles interpretaron una de Sarte, que ya había escuchado en Inglaterra en la representación de L’Olimpiade.

La orquesta de este conservatorio es muy numerosa y tiene mucho oficio, cosa razonable si se recuerda que en dicho orfanato residen más de mil muchachas, de las cuales setenta conforman las voces y los instrumentos. El señor Latilla me comentó que en las otras tres instituciones de esta naturaleza no han destinado a la música más de cuarenta, y se las escoge entre un plantel de 100 huérfanas, tal y como exige el antiguo reglamento. Sin embargo, y en más de una ocasión, se ha dado el caso de que admitieran a una joven dotada de buena voz sin que tuviera la condición de huérfana. (…) El conservatorio de la Pietà siempre ha sido el de mayor renombre gracias a los méritos de su orquesta, mientras que el de los Mendicanti es afamado por sus voces (…)” [páginas 186-187]

A lo largo de estas páginas, Burney, abunda en la descripción del trabajo de estas mujeres que constituyen una parte importantísima de la historia musical italiana. A propósito de la Pietà, Vivaldi. “Il Prete Rosso” –como comúnmente se le conocía-  fue nombrado maestro de violín de la Pietà en 1703, donde ejerció como maestro y director de su orquesta y coro. Para estas jóvenes compuso no pocas obras, como por ejemplo el Oratorio Juditha Triumphans. La relación de Vivaldi con las mujeres de aquella institución es un capítulo poco conocido de un muy conocido compositor. No dejes de realizar el viaje musical que nos propone la BBC en su documental Las mujeres de Vivaldi.  

Enlaces relacionados:

Documental: «Las mujeres de Vivaldi»

Audición: Aria «Nil arma, nil Bella» del Oratorio  Juditha Triumphans RV 644 de Vivaldi:

http://www.youtube.com/watch?v=P7yD1MRtI6Y

Selección de Partituras del Oratorio  Juditha Triumphans RV 644 de Vivaldi:

http://imslp.org/wiki/Juditha_Triumphans,_RV_644_%28Vivaldi,_Antonio%29