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Considerar el fracaso escolar exclusivamente en términos de rendimiento de los alumnos supone un enfoque muy limitado y sesgado, y cualquier intervención que se realice únicamente desde esta perspectiva, difícilmente va a ser efectiva para reducir, en un porcentaje significativo, las altas cifras de abandono prematuro y bajo rendimiento en los estudios en España. Un abordaje serio del fracaso escolar implica tener en cuenta múltiples factores, algunos tienen que ver con las capacidades de propio alumno, otros con la organización de cada centro y el nivel profesional de sus docentes. Pero a medida que abrimos el enfoque nos encontramos también con importantes deficiencias en las políticas y el propio funcionamiento del sistema educativo, así como en los criterios de elaboración de los currículos. Cuando hablamos de deficiencias, nos referimos fundamentalmente a la incapacidad del sistema educativo para atender tanto necesidades personales del alumno como aspectos que tienen que ver con el entorno social y cultural en que éste se encuentra inmerso.

La importancia de la integración cultural para el éxito escolar

Una parte importante de los alumnos con fracaso escolar está formado por chicos y chicas de nacionalidades y culturas minoritarias. Los motivos son diversos: desconocimiento del idioma, base formativa deficiente, pertenencia a determinados colectivos que no valoran suficientemente la educación, problemas de marginación real o percibida o exclusión en el aula por motivos culturales. Para evitar los problemas de integración social es necesaria una acción conjunta de la comunidad educativa por un lado y de los servicios sociales por otro, incluyendo trabajadores sociales y mediadores culturales de los ayuntamientos. Estas podrían ser las principales líneas de trabajo:

  • Intensificar la comunicación entre el centro escolar y los padres de los alumnos a través, sobre todo, de la figura del tutor escolar.
  • Potenciar la participación de los alumnos y sus familias en actividades organizadas por el colegio y la asociación de padres.
  • Trabajar la cultura de origen a través de actividades lúdicas y formativas.
  • Ofrecer apoyo escolar en lengua y otras materias a los alumnos que lo precisen.
  • Indagar en los problemas socio económicos de los alumnos y buscar soluciones o ayudas previstas en los programas sociales.
  • Analizar la situación familiar en cada caso intentando ofrecer ayuda en las situaciones de pobreza o de desestructuración.
  • Fomentar desde el aula actividades que ayuden a comprender mejor las características y valores de la cultura de los alumnos inmigrantes y de las minorías autóctonas.
  • Entender la escuela como una encrucijada de culturas, siendo paciente y comprensivo con las dificultades y el choque psicológico que supone para los alumnos procedentes de otras culturas integrarse en un sistema educativo de un país a veces muy distinto al suyo.

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Identificar y dar a conocer todos los factores de riego de fracaso escolar es el primer paso hacia su prevención. A partir de aquí, se debe trabajar en la  formación adecuada del profesorado con la idea de facilitar procesos de reflexión ante situaciones complejas, cuestionando esquemas y flexibilizando metodologías, formas de organización y ciertos aspectos del currículo para adaptarlos a una nueva realidad, marcada por la diversidad cultural. Finalmente, para conseguir mejorar el rendimiento educacional de nuestros jóvenes es importante involucrar al máximo a las entidades y los trabajadores sociales para solucionar las situaciones no relacionadas directamente con las escuelas, pero que influyen directamente en la motivación y rendimiento de los alumnos.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia