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En contraposición a lo falsos mitos que considera a las personas con retraso mental leve (cuya denominación correcta establecida por la OMS es trastorno del desarrollo intelectual) como individuos incapaces de valerse por sí mismo y con una nula o muy limitada capacidad de aprender, lo cierto es que la realidad es muy distinta.

Aunque con ciertas limitaciones en su capacidad intelectual y dificultades para seguir el currículum general, con el apoyo y metodología adecuada las personas un trastorno leve del desarrollo intelectual son perfectamente capaces de: leer, escribir y aprender las nociones de cálculo, alcanzado un respetable conjunto de aprendizajes y conocimientos escolares. Además, su rendimiento en el trabajo, relaciones sociales y comportamiento sexual pueden llegar a ser semejantes a personas de más inteligencia.

 

retraso mental leve

Intervenciones a realizar por el profesorado en el aula ordinaria

La educación inclusiva, donde tienen cabida la gran mayoría de alumnos si se les dota de las necesidades educativas de carácter especial que precisen, es el modelo de enseñanza recomendado por la UNESCO y la mayoría de expertos por varias razones:

  • Es el sistema más justo y favorecedor de la igualdad de oportunidades.
  • Es el método más apropiado para conseguir mejores resultados de aprendizaje y extraer el máximo potencial de los alumnos.
  • Favorece la integración y prepara a los alumnos con alguna discapacidad a adaptarse al entorno social en el que tendrán que convivir en su  vida adulta.
  • Sirve para educar en valores de tolerancia y respeto a la diversidad al conjunto de alumnos y profesores y a la sociedad.

Por lo tanto, la integración en el aula ordinaria de este tipo de alumnos es la primera opción de escolarización a valorar. En este contexto el profesorado, recibiendo los apoyos y refuerzos necesarios y la formación que se precise, tienen ante sí un reto difícil pero estimulante personal y profesionalmente.

Algunas orientaciones sobre la intervención más apropiada con los alumnos con algún tipo de retraso intelectual son:

  • Asegurar la atención inicial del niño o niña con actividades creativas y motivadoras.
  • Las explicaciones deben ser claras y sencillas y en ocasiones precisan de más repeticiones de las habituales.
  • Fragmentar las actividades y tareas de estos chicos en pasos más pequeños para facilitar su consecución completa.
  • Reforzar y premiar los logros obtenidos.
  • Favorecer y extender al aprendizaje a contextos no escolares por medio de actividades y juegos.
  • Potenciar el aprendizaje por imitación.
  • Utilizar muchos recursos visuales: carteles, colores, tecnologías de la información (TICs) de carácter educativo y adaptados a su edad y nivel, etc.
  • Usar juegos clásicos como la oca y el parchís para introducir al niño en el reconocimiento de los números.
  • Animarle a hacer puzzles, desmontables y juegos de construcción.

Los trastornos de la inteligencia no son una enfermedad, sino una condición humana. Esta máxima deber ser aprendida tanto por los niños afectados como los que no, con el objeto de evitar prejuicios y burlas, que no harán otra cosa que minar la confianza de los chicos y crear una clima escolar negativo. Es una cuestión que obviamente no concierne únicamente a los maestros, sino a la padres, alumnos y la sociedad en general, ya que se necesita la concienciación e implicación de todos.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia